SAN CIPRIANO

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SAN CIPRIANO

La Liturgia de las horas de ayer nos regala una lectura del Tratado de San Cipriano, obispo y mártir, Sobre la oración del Señor. 

Dos palabras de presentación acerca de este obispo, tan distinto de nuestros obispos argentinos de hoy, a muchos de los cuales les vendría bien una transfusión de sangre del obispo-mártir.

Nacido en el año 210 es uno de los primeros Padres de la Iglesia en Occidente; prudente, enérgico, un modelo de buen pastor.

En el marco de la persecución de Valeriano fue detenido y juzgado. El interrogatorio fue breve y es bueno conocerlo en su versión auténtica que se encuentra en “Actas de los mártires”, texto bilingüe, versión española de Daniel Ruiz Bueno, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1951, debiendo evitarse la versión mal resumida y equívoca de la Gran Enciclopedia Rialp (GER), en la cual colaboramos, siendo únicamente responsables de nuestros artículos: Justicia, Ley y Prudencia.

“Habiéndole sido presentado, el procónsul Galerio Máximo dijo al obispo Cipriano.

¿Eres tú Tascio Cipriano? -Yo lo soy.

¿Tú te has hecho padre de los hombres sacrílegos? -Si.

-Los sacratísimos emperadores han mandado que sacrifiques. -No sacrifico.

-Reflexiona y mira por ti. -Haz lo que te han mandado. En cosa tan justa no hace falta reflexión alguna.

Sentencia: -Durante mucho tiempo has vivido sacrílegamente juntando contigo en criminal conspiración a muchísima gente constituyéndote enemigo de los dioses romanos y de sus sacros ritos, sin que los piadosos príncipes… hayan logrado hacerte volver a su religión. Por tanto, convicto de haber sido cabeza y abanderado de hombres reos de los más abominables crímenes, tú servirás de escarmiento a quienes juntaste para tu maldad y con tu sangre quedará sancionada la ley. Mandamos que Tascio Cipriano sea pasado a filo de espada.

El obispo Cipriano digo: -Gracias a Dios (ob. cit. págs. 759/760). Aclarado el texto, el lunes donaremos al Instituto de Filosofía Práctica el libro de las actas para que lo puedan consultar y liberar del engaño a los lectores de la GER.

Ahora, ante los sucesos acaecidos en la Argentina y vergüenza de sus obispos, recurrimos a unos textos de San Cipriano para evaluarlos. En ellos evoca al justo Abel, quien “con su sacrificio irreprochable, enseñó a los demás que, cuando se acerquen al altar para hacer su ofrenda, deben hacerlo con temor de Dios, con rectitud de corazón, con sinceridad, con paz y concordia. En efecto, el justo Abel, cuyo sacrificio había reunido estas cualidades, se convirtió más tarde él mismo en sacrificio y así, con su sangre gloriosa, por haber obtenido la justicia y la paz del Señor, fue el primero en mostrar lo que había de ser el martirio, que culminaría en la pasión del Señor. Aquellos que lo imitan son los que serán coronados por el Señor, los que serán reivindicados el día del juicio”.

“Por lo demás, los discordes, los disidentes, los que no están en paz con sus hermanos no se librarán del pecado de la discordia, aunque sufran la muerte por el nombre de Cristo, como atestiguan el Apóstol y otros lugares de la sagrada Escritura, pues está escrito: Quien aborrece a su hermano es un homicida, y el homicida no puede alcanzar el reino de los cielos y vivir con Dios. No puede vivir con Cristo el que prefiere imitar a Judas y no a Cristo”.

Queremos destacar y repetir lo que dice el obispo mártir: cuando se acerquen al altar para hacer su ofrenda, deben hacerlo con temor de Dios, con rectitud de corazón, con sinceridad, con paz y concordia.

¿Esta es la disposición de quienes asistieron a las misas en las parroquias de la Santa Cruz y del Inmaculado Corazón de María hace pocos días y de los celebrantes que consintieron los agravios a Cristo presente en el Santísimo Sacramento del Altar? ¿A quién buscan imitar, a Cristo o a Judas? ¿Son amadores o son odiadores?

La Liturgia de las horas de hoy continúa con el texto de ayer y nos dice que “cuando vino aquél que es la Palabra de Dios en persona, nuestro Señor Jesucristo, para reunir a todos, sabios e ignorantes, y para enseñar a todos, sin distinción de sexo o edad, el camino de la salvación”. Aquí San Cipriano refuta por adelantado s los seguidores porteños del pedófilo que inventó “Pescador de hombres” y marginó de la enseñanza divina a “sabios y ricos”; estos irresponsables siguen su camino herético y conducen a masas que no disciernen.

Cristo nos enseña: esta es la vida eterna, que conozcan a ti, único Dios verdadero y a tu enviado Jesucristo; y también la práctica del principio de reciprocidad: “Todo cuanto queráis que os hagan los demás, hacédselo igualmente vosotros”, la regla de oro positiva que exige más que su versión negativa: “No hagas a los otros lo que no quieras que te hagan a ti”.

San Cipriano nos recuerda que Cristo ruega al Padre por todos y comenta: “Gran benignidad y bondad la de Dios para nuestra salvación: no contento con redimirnos con su sangre, ruega también por nosotros. Pero atendamos cuál es el deseo de Cristo expresado en su oración: así como el Padre y el Hijo son una misma cosa, así también nosotros imitemos esta unidad”.

San Cipriano, obispo y mártir, ruega por nosotros, especialmente por nuestros obispos.

Buenos Aires, junio 23 de 2024.                               Bernardino Montejano    

  

 

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