¡Vaya panda de inútiles!
Un anciano de ochenta y cuatro años, apenas sin ingresos, hace inexistentes a los que están en la cresta de la ola. Y puede sobornar, además con escasísimos euros, a todo quisque en la Iglesia. Vamos, que los obispos los sigue nombrado Rouco.
Y hay quien lo sigue diciendo, otras páginas reproduciéndolo y cardenales y congregaciones religiosas pagándolo. Porque yo no niego que existan sobres, solo creo que son otros los receptores.
No voy a defender a Ouellet de ser un corrupto de libro. ¡Cobrar por nombrar obispos u obstaculizar nombramientos! Eso se llamaba simonía. Se necesitaba una cierta grandeza para ello. Hoy no pasamos de la mugre y el resentimiento mugriento, que tiene todos los ingredientes de la basura,
¡Tarancón! Ni a la suela del zapato,
Tampoco los de hoy son Martín Patino, Martín Descalzo ni Fernando Sebastián. Volvemos a la cochambre de los Aradillas, los Arias y los otros. Y de sus escasísimos monaguillos actuales.
Pues, repito: basura