
Pienso que fue un montaje a mayor gloria de Francisco con el pretexto de una realidad grave como lo es la situación de esos pequeños grupos de personas, sin duda hermanos nuestros, rescatados todos, como cualquiera de los demás hombres, por la Sangre de Cristo y en peligro cierto de extinción.
Algunos centenares de personas, que no llenaron el Coliseo, la mayoría, supongo, blancos de Puerto Maldonado.
Esas etnias son reducidísimas y dispersas. Reunir a los que viven en Puerto Maldonado o sus cercanías, atendidos espiritualmente por la Iglesia, el vicariato tiene 40 sacerdotes diocesanos y 18 sacerdotes religiosos para una población de más de 300.000 habitantes de los que pienso que serán indígenas muy escasos miles. Ya traer al encuentro con el Papa a los que viven a cientos o miles de kilómetros sería costosísimo y además imposible.
El vicario apostólico es un dominico español a quien vimos hace unos días en el programa Pueblo de Dios de TVE2. Me pareció persona sensata, entregadísima, inteligente y que supimos que era obispo porque así se dijo. En el acto de ayer naturalmente iba de obispo.
La Amazonía tiene dos problemas muy graves: la conservación de la selva y la de las minoría étnicas que en ella viven. Una inmensa riqueza que países pobres quieren explotar y desgraciadamente sobreexplotar con riesgo cierto de herir gravísimamente a la selva, reserva vital de la naturaleza. Creo que esto se puede resolver, o atenuar, con una explotación racional y conservadora que es de desear que se imponga.
La supervivencia de esas minorías en peligro cierto de extinción me parece mucho más difícil. Porque viven a trasmano de eso que llaman civilización actual aunque algunos la encontremos muy incivilizada. Y que invade todo. Hasta la selva.
En el programa mencionado de TVE2 hemos visto ya el notabilísimo cambio de los indígenas, o parte de ellos, de Puerto Maldonado. Los barcos que utilizan el río como medio de comunicación tienen motor, una avioneta permite llevar a un enfermo grave a ser atendido en el hospital que necesite, la radio está siendo superada por internet, tienen escuelas, asisten a misa, los niños juegan al fútbol, las viviendas son pobres pero dignas, van vestidos… Todo ello hace que su nivel de vida, por precario que sea, supere con mucho al de no hace muchos años. Pero todo ello va sin duda en merma de lo que ayer se llamó su cultura y que yo pienso que más bien eran sus costumbres ancestrales. Si se trasladaran a una ciudad iban a ser lo más pobre y explotado de la misma. Con lo que no parece una solución. Vivir selváticamente tampoco. Su «maravillosa» vida era antes morirse en edades juveniles de cualquier enfermedad, pasar hambre, ser expulsados cuando no muertos por los «civilizados» y extinguirse lentamente o aceleradamente.
Posiblemente la solución sea la que se está intentando, la Iglesia está haciendo una importantísima labor, de integrarles poco a poco en lo que inexorablemente ha llegado. Con el máximo respeto a sus personas y con el inevitable declinar de sus costumbres. En ello es necesaria la colaboración de los Gobiernos, que parece se van implicando algo en ello, y hasta la del mundo. No digamos ya la de los católicos. Sin caer en utopías. Creo haber oído ayer la existencia o propósito de una Universidad en la que se utilizarían sólo lenguas indígenas. Que además son muchas y distintas. Pues vaya profesores y pobres alumnos que obtendrían un título mediocrísimo que no les iba a servir para nada.
El discurso del Papa estuvo en mi opinión muy bien, nada revolucionario y cercanísimo, aunque de escaso contenido religioso. No parecía que les estuviera hablando el Papa. Pero todos contentos. Fue un acto en mi opinión más folklórico que religioso pero sin duda muy importante para atraer la atención mundial sobre el grave problema de la Amazonía.
Así como he recogido las enormes ausencias de gente en los actos papales también he de reconocer que los discursos del Papa, al menos de los que me he enterado, han estado bien. Lo de la boda en el avión creo que no tiene mayor importancia. Fue una anécdota pintoresca y hasta simpática. El Papa lo podía hacer y lo hizo. No creo que ello suponga nada de desprecio a lo que la Iglesia dispone para las bodas católicas.
Os enlazo el discurso del papa en Puerto Maldonado:
http://press.vatican.va/content/salastampa/it/bollettino/pubblico/2018/01/19/0044/00062.html