No le insulto. Simplemente le describo. Como si llamo bajo a quien mide 1,50, cojo al que le falta una pierna, blanco al blanco o negro al negro. Y además confirmando aquello de que es infinito el número de los necios.
Esto me dice un lector:
«Buenos días Sr. De la Cigoña:
No tengo el honor de conocerle personalmente aunque le sigo desde hace bastantes años, en P´alante, el blog, etc.
Le escribo porque esta mañana me ha sucedido un desagradable incidente en el convento de las clarisas de Murcia, en Misa de 11. He pensado denunciar los hechos en el Obispado pero he pensado que para qué, pues si estos hechos son desatendidos en el resto del año, mucho más en pleno agosto.
Esta mañana voy a Misa, al convento referido. El sacerdote, un tipejo, así con todas las letras, llega vestido como un seglar, sin ninguna ropa clerical. Viene deprisa y corriendo. Ya ese hecho me ha causado mala impresión. Sale a celebrar. Atropelladamente, de forma acelerada. Mi impresión inicial se iba reforzando. Cuando voy a comulgar, me pongo de los últimos: saco mi pañuelo blanco y limpio que uso a modo de corporal. Me niega chulescamente la comunión,y me obliga a comulgar en la mano. Me niego, alego que tengo derecho a comulgar en la boca, y en todo caso, podría comulgar usando el pañuelo. Insiste. Me doy media vuelta y me voy; no he querido montar una escena por respeto al lugar y a los asistentes. De haber estado en la vía pública lo hubiera mandado a la m… y me hubiese quedado tan a gusto. No soy santo.
Y la traca final: cuando ha terminado el rito de dar la comunión, habla de «los soberbios espirituales que se creen dueños de las cosas espirituales; hemos oído en el Evangeliio de hoy la frase de Jesucristo: Hasta cuando tendré que soportaros, etc.». No he oído más porque me he ido del convento. Ignoro como se llama este chulo de discoteca, que sí se cree dueño de las cosas espirituales -como todos los de su calaña-.
¿Qué me aconseja que haga? ¿que me entere de su nombre y en septiembre denuncie los hechos en el Obispado? Al respecto mis esperanzas de que haya una amonestación al chulo son casi nulas.
Reciba un cordial saludo en el Señor».
Pues agradecerle la confianza en mi persona y hasta que me pida consejo aunque no me lo merezca.
Empezaré, y no me lo tome a mal pues lo hago desde el afecto, con una crítica a su proceder. La Iglesia le permite comulgar en la boca o en la mano según su devoción. No al uso de corporales privados por muy piadosos que le parezcan. Un cura normal no debería depositar la Sagrada Forma en un paño que le ofrezca el comulgante. Son exageraciones piadosas sin sentido. Aunque tenga muchísimo su actitud adoradora a Dios presente en el Santísimo Sacramento. Pero hagámoslo de la forma que prescribe la Iglesia
y no inventándonos, en Murcia o en San Rafael de la Argentina, piadosidades extralitúrgicas.
Luego está lo de un cura chulo, uno más, que va por el mundo de dictador bananero y además dándoselas de evangélico. A esos imbéciles hay que desenmascararles poniéndoles en su lugar. Con su iglesia y su nombre y apellidos. Claro que hay que decírselo a su obispo. Incluso en agosto. Con constancia de la protesta. Y con la publicidad que se pueda. Del imbécil y del silente en el caso de que el obispo calle. Les aterra salir en los medios. Pues démosles por el disgusto.
Personalmente pienso que el obispo de Cartagena saldrá en defensa del derecho de un fiel a comulgar en la boca. Pero si estuviera equivocado pues a protestar de ese obispo. Que somos los que pagamos. Y ya va siendo hora de que se enteren.