Otras religiosas excelentes: las Oblatas de Cristo Sacerdote

|

Fundadas por el siervo de Dios José María García Lahiguera

Fallece la que fue Superiora general.

<

R.I.P.

https://oblatasdecristosacerdote.com/fallecimiento-de-madre-ma-pilar/

 

Comentarios
11 comentarios en “Otras religiosas excelentes: las Oblatas de Cristo Sacerdote
  1. La paz de cristo

    Fray Ambrose Arralde OP
    29 de Abril de 2020

    “La Paz os dejo; mi paz os doy. No la doy como la da el mundo.” (Juan 14,27). Para disfrutar la paz de Cristo debemos desprendernos de nuestro modo mundano de pensar en la paz.
    Muy a menudo evocamos la paz como una ausencia: la ausencia de conflictos, la ausencia de responsabilidad, etc.
    Ciertamente hay algo que decir cuando se trata de buscar la resolución de conflictos y la libertad respecto a cargas onerosas. Sin embargo, cuando hablamos de la paz que ofrece el Señor Jesús no nos referimos a ninguna ausencia, sino a una presencia.

    Además de explicar lo que Su paz implica, Jesús dice:
    «Mirad que llega la hora (y ha llegado ya) en que os dispersaréis cada uno por vuestro lado y me dejaréis solo. Pero no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo! Yo he vencido al mundo.» (Juan 16, 32-33).

    No habrá ausencia de conflictos en el futuro de los apóstoles, y mucho menos de responsabilidades. Sorprendentemente, la única ausencia que Jesús predice es la referente al más básico de los consuelos humanos: Los amigos.
    Su paz no depende de ninguno de estos factores terrenales.
    La paz de Cristo consiste fundamentalmente en la presencia del Padre, el Cual nunca está sin Su Hijo o Su Espíritu.

    Ciertamente, hay muchas cosas buenas en el mundo, que podemos y debemos perseguir. Sin embargo, incluso si careciéramos de todo lo demás, poseyendo al mismo Dios, disfrutando de la morada del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo en nuestro corazón, poseemos todo lo que necesitamos para gozar de una paz profunda.
    Este hecho es el fundamento de la vida consagrada: “Los votos, el desapego de todo lo que no es Dios, para entregarse totalmente y sin medida a Él, anuncian y demuestran al mundo que sólo Dios basta, que Su amor y Su servicio pueden llenar una vida e infundir la verdadera alegría.” (JMR Tillard, El misterio de la vida religiosa, 18).

    A lo largo de la historia de la Iglesia, una pléyade de hombres y mujeres han buscado los monasterios, es decir, lugares de soledad, precisamente para vivir con mayor profundidad la certeza de que nunca estamos solos.
    Por supuesto, ésta no es la vocación de todos. Sin embargo, en estos tiempos difíciles todos hemos sido llamados a una soledad similar.
    En el claustro de la cuarentena, Jesús nos está llamando a encontrar una paz profunda en Su presencia, a pesar de la ausencia de tantas cosas buenas, y a vivir más profundamente la verdad de que Él está con nosotros todos los días hasta la consumación de los siglos.» ( cf. Mateo 28, 20).

  2. LECCIONES DE AMOR

    PADRE ATHANASIUS MURPHY OP
    El éxtasis de Santa Catalina de Siena.
    «El amor no permanece inactivo.»
    Santa Catalina de Siena, Carta, 82

    ¿Realmente podemos imitar a una santa del siglo XIV, cuya vida fue de gran austeridad, y que ayunó tan severamente? ¿Qué lección podemos aprender de una Doctora de la Iglesia, cuya dieta era a base verduras crudas, que no dormía, y cuya comunidad se llamó las «Hermanas de la Penitencia»?
    Es cierto que Santa Catalina de Siena fue en su vida una penitente. El Beato Raymundo de Capua, Maestro General de la Orden Dominicana y Confesor suyo, en la biografía que escribió de la Santa, lo deja muy claro. Pero creo que es difícil ver la vida de penitencia de Santa Catalina, si previamente no se considera como una ofrenda de amor.
    Veamos algunas enseñanzas breves de Santa Catalina sobre el amor:
    El amor nos impulsa al deseo. Si el amor es la razón por la que deseamos, entonces el amor es la razón por la que vivimos. No podemos vivir sin amor, porque siempre queremos amar algo. El amor nos mueve y nos une a lo que amamos con el fin de descansar en ello. Cuando amamos algo, no sólo queremos su comprensión superficial sino lo que es realmente, y nada nos alejará de ello.
    Santa Catalina supo ayunar porque sabía amar. La Penitencia formaba parte, ciertamente, de su vida, al igual que las letras, pero su literatura está saturada de descripciones amorosas. El amor es quizás la palabra más común en sus cartas. Hay muchas cosas que deseamos en esta vida, pero el bien supremo – Dios, que nos da la vida divina, la bienaventuranza, la felicidad última – es el fin último por el que que nos esforzamos en el amor.
    Santa Catalina era consciente de su necesidad de amor. Con frecuencia terminaba sus cartas con el saludo «Amor, amor, amor, dulce Jesús, Jesús, Amor.»
    Cuando el amor habita en nosotros, nos olvidamos de nosotros mismos y habilitamos un espacio para el Otro. Cuando ayunamos, preparamos un espacio al amor perfecto que emana del Amor.
    Al hacer esto, podemos discernir los falsos amores:
    -cuando nos amamos a nosotros mismos o a otros de una manera que no refleja la realidad. Extrayendo nuestro falso autoamor, Dios deja espacio dentro de nosotros para Sí mismo. Pero nosotros amamos a Dios a medias hasta que nos convertimos. Mientras tanto nuestro yo está muy presente en cada acto de amor. Dios se prepara un lugar en el templo de nuestra alma, hasta mientras nos conduce al templo incorruptible de Sí mismo.
    Sólo desde la gracia de este amor divino, podía Santa Catalina cuidar a los enfermos y a los pobres y las víctimas de la plaga de la peste, del modo en que lo hizo. El amor, no la penitencia, era el fundamento de su vida:
    «Si, fundáramos nuestra vida espiritual, sobre la penitencia, sería una construcción, que podría llegar a nada y ser tan imperfecta que nos parecería que está privada de Dios, de modo que pronto [nosotros] caeríamos en el cansancio y la amargura. Por esto, debemos esforzarnos en ofrecer a Dios, tan sólo una obra acabada, pues Él es el amor infinito que nos exige sólo deseo infinito.»
    Cfr. Carta a Daniella de Orvieto
    Este amor divino era la fuente de su propio amor hacia aquéllos que le importaban, porque: «Dios nos ha amado sin ser amado, pero nosotros que lo amamos porque somos amados … no podemos sacar provecho, ni amarlo con este primer amor … ¿De qué manera podemos hacer esto, entonces, ya que así lo exige y no podemos pagarle según merece? Será de utilidad hacerlo, no a Él, lo cual es imposible, pero sí a nuestro prójimo … el amor se gana con amor, elevando la mirada de nuestra mente para contemplar cuánto somos amados por Dios. Al ver a nosotros mismos como seres queridos, no podemos responder no de otro modo sino con el amor. «- Carta al hermano Bartolomeo Dominici
    El amor transforma: Santa Catalina dice que «el amor transforma a uno en lo que se ama» (Diálogo 60). Al amar a Dios, llegamos a ser como la persona que amamos. Cuando dos cosas se unen entre sí, no puede haber nada entre ellos, de lo contrario no habría una unión completa entre los dos. Así es como Dios quiere que estemos con Él en el amor. Una vez que se elimina el amor egoísta, podemos amar a Dios con el amor con que nos amó primero. Santa Catalina considera este amor transformador al más alto nivel:
    «El eterno Padre me dijo: «Si tú me preguntas lo que es el alma, yo diría: Es otro yo, realizado hasta la unión por el amor «(Diálogo 96)
    Por el amor de Dios llegamos a ser modelados por el Creador y configurados a imagen de nuestro Creador que a su vez nos redime y nos hace partícipes de su Amor divino.
    En última instancia, el amor de Santa Catalina la llevó a una vida de penitencia y de servicio al prójimo. Ni decir tiene que su vida fue dura – murió a los 33 años – pero sin duda fue una vida vivida en el amor. Vio todas sus acciones y penitencias unidas a la cruz de Cristo: un árbol, no de tortura innecesaria y de castigo, sino un árbol de amor. Santa Catalina quiso injertarse en ese árbol y así unirse al amor ardiente que viene de Cristo.
    Santa Catalina, sin duda tuvo su parte de penitencia, pero creo que las principales lecciones que enseña, nos dejan prendados de amor. Si queremos encontrar una razón para la vida de penitencia de Santa Catalina, miremos cómo Cristo la amaba, con un amor infinito. Aférrémonos a Cristo como Aquél que vive y que quiere morar en nosotros.

  3. Chorus Angelorum te suscipiat et cum Lazaro quondam paupere aeternam habeas requiem.

    Santa Catalina de Siena, San Pablo de la Cruz y San Pedro Mártir, acompañados por Don José María Lahiguera, habrán salido a su encuentro.

  4. En cuanto al Cardenal Montenegro, cumple 74 años dentro de un mes, aunque sería raro que, siendo tan francisquista, se le aceptara la renuncia de forma inmediata.

  5. Y dos obispos auxiliares para la Diócesis de Milán, epicentro de la pandemia. Luego el coronavirus no puede ser el motivo de que no se estén nombrando obispos para España.

  6. Qué trato tan delicado y de caridad para aquellos qué nos acercaba mostrar al protomonasterio de Madrid y nos trataba como si Jesucristo se acercara a las puertas, como una virgen con la lámpara encendida al encuentro del Esposo, Descansa en el Señor, M. Pilar

    1. Y dos obispos auxiliares para la Diócesis de Milán, epicentro de la pandemia. Luego el coronavirus no puede ser el motivo de que no se estén nombrando obispos para España.

  7. Son maravillosas siguiendo la estela marcada por el Siervo de Dios José María García Lahiguera (¡¡un obispo santo!!). Consagradas por los sacerdotes, viven con una observancia ejemplar y fiel, sumamente mortificadas. Dios las bendiga y las sostenga con muchas y santas vocaciones. Y acoja a esta Hermana que ha fallecido, coronándola de gloria.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *