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Ni la pontificia.
Pero se puede realizar dentro de sus competencias o fuera de ellas.
E independientemente de la bondad o maldad del sujeto actuante. Una misa válida de un pésimo cura tiene tanto infinito valor como la de San Pío X o San Pío de Pietralcina. Y los pecados que perdonara quedan tan perdonados como los que perdonara San Alfonso María de Ligorio.
Pero luego están también las derivadas segundas de un ministerio u otro. Uno atrae, otro repele.
Y obispos los ha habido como el Beato Don Marcelo de Sevilla o Don Marcelo de Toledo o como Setién o Castellanos.
El obispo es el responsable de la Iglesia en su diócesis. De la del Opus Dei, sin duda, también de la de los jesuitas y los diocesanos que van por libre. Que los hay.
Aunque resultaría extraño, por no decir puñetero, que el obispo de San Sebastián nombrara rector de Loyola a un diocesano; y el de Pamplona o el de Asís, de Javier o de la casa por excelencia de los franciscanos, alguno no religioso de sus respectivas órdenes. Aunque en Javier igual ya no va a quedar otro remedio. O de Montserrat a un no benedictino.
Pues, más o menos. Es que ni en Loyola, Javier, Asís o Montserrat interviene para nada el obispo respectivo Como no intervenía en Torreciudad.
¿Por qué ahora?