No es un título oficial pero merecería serlo. No hay obispo que se le aproxime, y muy de lejos, en la memoria de la infinidad de los mártires de España en los años treinta del siglo pasado, especialísimamente en 1936.
Pues aunque no sea oficial es gloriosísimo y justificadísimo.
Y bien poco se le reconoce tantísima dedicación. Por mi parte no quiere que le falte mi reconocimiento agradecido.
También tiene el de José Fancisco Serrano Oceja.