
No soy yo quien tenga que salir en defensa de Escrivá. Ellos sabrán y verán.
Tal vez lo mejor con un zascandil como Aradillas sea no hacerle eco. Es posible.
Uno, que desde sus días del «Pueblo» de Emilio Romero puso a escurrir a semejante clérigo, que también le caía fatal a Tarancón, no va a darse por sorprendido de sus últimas chorrada más que nonagenarias. El individuo no consiguió mejorar lo más mínimo con los años. Sigue igual en la mentecatez.
Y repito que no soy yo quien tenga que salir en defensa de Escrivá.
Me limitaré a no enlazar la última deposición del clérigo en cuestión.