
MASSA NO ES EL ÚNICO DERROTADO
En la puja del balotaje, Milei ganó y Massa perdió; pero el actual ministro, no es el único derrotado. También perdieron el Papa Francisco y sus designados, Zaffaroni, Grabois, el juez Gallardo y otros que ganaron la calle, unos con las teorías del abolicionismo penal y su puesta en práctica, otros usurpando campos y residencias; pero como escribe Miguel Ángel Iribarne “a la corta o a la larga, el voto corrige a la calle. Lo que es obra de minorías intensas, fuertemente ideologizadas y lejanas del sentido común, fracasa o es desplazado cada vez que la población encuentra cauces adecuados para afrontarlas y decir su palabra genuina”; aquí el “hacer lío” de Francisco y su Movimiento “Unión de Trabajadores de la Economía Popular” fracasó.
Y fracasó porque “muchos millones de compatriotas rechazan todo lo que deriva del abolicionismo penal, defienden la vida desde la concepción, están persuadidos de que los niños necesitan un padre y una madre, saben que la identidad sexual está inscripta en nuestras propias células, demandan que se acaben las usurpaciones de tierras, se esfuerzan por alcanzar la propiedad privada de su vivienda, prefieren trabajar a ser subsidiados, etc.”, citado por Guillermo Belcore, “Cuando el voto corrige a la calle”, “La Prensa”, 20/11/2023.
Insistimos: Massa no es el único derrotado, también el triunfo de Milei, además de hacer hocicar al papa argentino y a sus secuaces, barrió al oficialismo y a sus socios radicales y de la izquierda, esos “zurdos de mierda” según el novel presidente, a la dirigencia empresaria, sindical, cultural, eclesiástica, piquetera, mediática, que hizo campaña para Massa.
En un artículo, “Lo más difícil está por venir”, Santiago González, quien, junto con Iris Speroni, habló hace poco en el Instituto de Filosofía Práctica, se refiere a “la furiosa indignación contra los responsables de la miseria argentina y a una decisión de transitar caminos nuevos… referenciados en las ideas que hicieron de la Argentina un país grande y opuestos a las prácticas que lo arrojaron a la decadencia”.
Ayer nació una nueva esperanza ya que la Providencia puso en manos de nuestro pueblo “la palanca necesaria para remover los agobios y restricciones que lo abrumaron y asfixiaron desde el restablecimiento de la democracia”.
Lo más difícil está por venir” y como señala el articulista “el estado de la nación es desastroso, su curación será dolorosa y los que ven amenazados sus privilegios, querrán hacer pie en las dificultades y dolores para sabotearlo”.
“Hasta que esa recuperada Argentina del esfuerzo, el mérito, la decencia y la libertad prenda, habrá que sostenerla a fuerza de trabajo y convicción. Una vez puesta en marcha, y con la ayuda de Dios, que tal vez inmerecidamente nos llega siempre en los momentos críticos, se defenderá sola” (La Prensa, 20/11/2023).
Los años de desgobierno de los Fernández (el presidente turista y su vice Cristina), fueron años de ausencia y silencio de Dios, quien, en su divina discreción, no aparece sino cuando es llamado a través de la oración, de la mente de la criatura que se dirige a su Creador con la debida reverencia.
Dios ha vuelto y tenemos la esperanza que no sea una mera invocación retórica, sino que la presencia divina se traduzca en una renovación de las leyes, en una mejora en las costumbres, en un mayor respeto al prójimo, en la vigencia efectiva de la justicia, camino de la paz y de la concordia. Que Él nos ayude.
Bernardino Montejano