
Oriol Trillas, en mi opinión el informador que mejor conoce la Iglesia catalana, ha publicado en El Mundo un artículo en el que retrata al obispo de Solsona, Javier Novell. Un estrafalario nombramiento que he devenido en un inmenso error.
Me parece muy significativo que un medio de comunicación nacional, de los de más tirada, haya recurrido a Trillas para informar a sus lectores de una situación eclesial sobre la que suelen escribir periodistas que desconocen totalmente la materia sobre la que le encargan un artículo. No es el caso del autor del texto que os enlazo, de acreditados saberes y más que notable seny, y me parece un acierto del diario de tirada nacional recurrir a él para dar a sus lectores una información seria sobre esa Iglesia tan desconocida en el resto de España. Como en repetidas ocasiones he manifestado mi admiración por tantos de sus artículos, que siempre me ilustran y tanto comparto, el presente es uno de los más acabados que ha escrito, me alegra muchísimo que pueda informar a toda España de lo que tanto sabe. Creo que, por lo menos, es el segundo artículo suyo que en muy poco tiempo aparece en el periódico citado. Si le hubieran fichado para dar a conocer la situación eclesial de Cataluña los lectores de El Mundo iban a ser sin duda los mejor informados de España al respecto.
Sobre Novell no voy a añadir nada porque todo está dicho en el artículo en cuestión. Eso es Novell. Una vergüenza de obispo. Un inmaduro de libro. De libro de Psiquiatría.
La Iglesia no solía rectificar errores en los nombramientos de obispos salvo casos de enorme escándalo por cuestiones morales. Y digo enorme porque si no llega a esas cotas más bien prefiere el disimulo y mirar para otro lado. Ese obispo no prospera y la diócesis a la que le tocó la desgracia pues a aguantarse hasta que cumpla los 75 años. La situación ha cambiado y la Iglesia tendrá que hacerlo. Antes muchas cosas no pasaban de rumores que apenas conocían pocos enterados y sin salir de los límites diocesanos. Hoy todo es público y no hay fronteras ni siquiera nacionales. Se trate del sexto mandamiento, a pelo o a pluma, o de incapacidad manifiesta del obispo. En este caso todo viene agravado porque a este individuo le nombraron obispo a los 41 años y de seguirse en el dolce far niente seguiría en el cargo hasta 2044 y eso no hay diócesis ni Iglesia que lo aguante. Urge un 155 eclesial y lo tienen muy fácil. Aceptarle la renuncia por motivos de salud. Hay dos evidentes: insuficiencia mitral y debilidad mental. No se necesitan complicadas pruebas. A cualquier médico, por escaso ojo clínico que tenga, le bastaría para el diagnóstico observar su mirada.
http://www.elmundo.es/espana/2017/11/22/5a149556e5fdea91078b46ba.html