Las clarisas de Soria

|

Profesión religiosa de una de las hermanas del convento soriano

Cuando tantos institutos religiosos agonizan algunos, aunque desgraciadamente muy contados, crecen y hasta en casos, espectacularmente: Iesu Communio, el Mater, la Enseñanza de Talavera, las dominicas de Lerma, las clarisas de Belorado y Cantalapiedra, las religiosas de Santa María del Sagrado Corazón, la Siervas de la Virgen de Matará, las dominicas de Lerma…

Y las clarisas de Soria,

<

Os enlazo un artículo que habla de ellas:

https://www.religionenlibertad.com/nueva_evangelizacion/47486/pedacito-cielo-las-clarisas-soria-vergel-vocacional.html

No todo está perdido. Algunas gracias a Dios se salvarán y mantendrán la vida religiosa en la Iglesia.

Incluso al que asó la manteca se le ocurriría lo de copiar y pegar. A Braz de Anís, Chámame Pepe y a las superioras de las agonizantes, no. Pues a seguir cerrando hasta que le toque al último.

Otras, como las clarisas de Soria, abriendo.

Comentarios
13 comentarios en “Las clarisas de Soria
  1. Un tipo diferente de canción de verano

    Fray Damian Day OP
    07 de Septiembre de 2020

    El verano siempre nos brinda nuevos y cálidos éxitos musicales. Si bien la mayoría de estas canciones están llenas de ritmos divertidos y frívolos, e incluso de coplas sobre temas banales, a modo de ameno pasatiempo, este verano, con motivo del Covid19, se ha dado un cambio sorpresivo, retrocediendo a la baja Edad Media en la popularidad de algunas piezas, retomándose algunos de los éxitos que hicieron su agosto durante la peste negra de 1317.

    Me refiero al Stella caeli exstirpavit, un canto medieval, que pide protección a la Santísima Virgen contra la peste. Desde el brote del Covid-19, este canto se ha hecho familiar entre los católicos.
    Muchas casas religiosas, como el Estudiantado dominicano de Washington, las Monjas Dominicas de Linden, y los Monjes Benedictinos de Mount Angel Abbey, en Oregón, han comenzado a cantar el con regularidad esa antífona mariana.

    A través de este cántico del siglo XIV, nos es posible acceder a la memoria de la Iglesia y encontrar una guía sobre cómo responder existencialmente, no sólo de manera procedimental, a las incertidumbres y desafíos de la pandemia actual.

    Cuando estalló la plaga en 1317, un terror, ahora familiar, se adueñó de toda la Cristiandad, incluido el miedo al contacto con otra gente, que pudieran ser portadores ocultos, de la enfermedad.
    En una ciudad, punto de referencia entre tantos, del contagio de la peste, las monjas del monasterio local, salieron despavoridas de la clausura y corrieron a buscar refugio en las montañas.
    De repente, apareció un extraño mendigo y les pasó un papel. Desdoblándolo encontraron una oración a la Santísima Virgen, con la indicación de que debían rezarla a diario para obtener Su protección.

    Ese canto, Stella caeli exstirpavit, se convirtió en el clamor de los creyentes en las muchas ocasiones en las que el flagelo de la peste hizo su aparición:

    Stélla caéli exstirpávit
    quae lactávit Dóminum:
    Mórtis péstem quam plantávit
    prímus párens hóminum.
    Ipsa stélla nunc dignétur sídera compéscere,
    Quórum bélla plébem caédunt dírae mórtis úlcere.
    O piíssima stélla máris a péste succúre nóbis:
    Audi nos, nam fílius tuus níhil négans te honórat.
    Sálva nos, Iésu, pro quíbus Vírgo Máter Te órat.

    La Estrella del cielo, la que alimentó al Señor, ha extirpado la plaga de la muerte, que plantó el primer padre de los hombres.
    Que esa misma Estrella se digne ahora detener la constelación de las estrellas, cuyas contiendas hieren a los pueblos con el cruel dolor de la temida muerte.
    Oh Estrella del mar piadosísima, líbranos de la peste.
    Escúchanos, porque tu Hijo Te honra al no negarte nada.
    ¡Sálvanos, Jesús, a los que la Virgen Madre arropa bajo el manto de Sus ruegos!

    Se trata de una oración breve, pero que narra una rica historia, nuestra historia: Dios plantó un jardín y puso allí a nuestros primeros padres.
    También adornó su alma, plantando en ellos gracias especiales que los protegían de la enfermedad y de la muerte.
    «Dios no hizo la muerte ni tuvo la intención de que su jardín fuera un lugar donde ésta acechase.» (cf. Sab 1, 13-15).

    Sin embargo, al rechazar a Dios, nuestros primeros padres arrancaron la semilla de la inmortalidad y plantaron en su lugar “la llaga de la muerte,” el pecado original, dejando herida nuestra naturaleza, lo que nos abrió a la enfermedad y a la muerte.
    Nuestros primeros padres plantaron esta semilla enfermiza y hasta el día de hoy hemos cosechado su fruto podrido, incluido Covid-19. (Para obtener más información sobre la relación entre el pecado original y las enfermedades, ver “¿Es el coronavirus un castigo de Dios?” Del P. Dominic Legge y “Plagas: Lo que podemos aprender de la Biblia,” del P. Anthony Giambrone).

    Al vivir en un mundo corroído por la enfermedad y la muerte, es posible que deseemos maldecir nuestras estrellas.
    De hecho, la gente a menudo ha mirado las constelaciones celestiales con el temor a lo que pudiesen presagiar.
    Si bien no se circunscriben a una perspectiva astrológica fatalista, las Escrituras describen a Satanás, liderando la rebelión de los ángeles caídos, recurriendo a la imagen de las estrellas: La cola de Satanás «arrastró un tercio de las estrellas del cielo y las arrojó a la tierra.» (Apocalipsis 12, 4).

    Estos ángeles caídos, que ya no son «estrellas del cielo,» siembran la violencia sobre la tierra, formando «una constelación, cuyos enfrentamientos destruyen al pueblo con la cruel llaga de la temida muerte.»
    En nuestro mundo caído lidiamos con los efectos del mal implantado en nuestra naturaleza, pero también con el daño proveniente de los agentes del mal.

    Pero Dios nunca abandona su jardín para que sea asfixiado por las malezas.
    En la Santísima Virgen María, Dios comienza la historia de nuestra regeneración, desarraigando el Pecado Original de la naturaleza humana, preservándola de toda mancha de pecado. Del verde jardín de la humanidad de María surgió el antídoto curativo contra la enfermedad y la muerte.

    A diferencia de las constelaciones demoníacas del enemigo, que son arrojadas del cielo, María es la Estrella mañanera, Que se yergue para frustrar las maquinaciones del diablo. En Su Persona y a través del fruto de Su vientre, Dios reordena la creación, cambiando el equilibrio cósmico en favor nuestro.

    A veces olvidamos cuán roto y susceptible a la descomposición es nuestro mundo. La pandemia actual puede refrescar nuestra memoria y señalarnos dónde acudir en busca de ayuda.
    María no es sólo el comienzo de Dios sanando nuestra naturaleza, o un signo cósmico frío e impersonal. Ella es Nuestra “Estrella amorosa del mar,» una protección materna continua.
    La Que cuidó del Señor, nos ampare también a nosotros.

    https://www.youtube.com/watch?v=MPCVIhaisFU

  2. pues si entran muchas chicas de determinada realidad tengan por seguro que cambiarán antes o después y «necesitarán» abrirse para dar testimonio y demás…… espero que sigan fieles al carisma de santa clara y a la exposición abierta para todos

  3. Mire, yo he vivido en una comunidad de 70 monjes y la vida estaba bien reglada y no había problema. Déjese ya de ser tan tiquismiquis y preguntar a los que vivimos la vida religiosa, para conocer desde dentro.

    1. Santa Teresa de Jesús, que algo sabía de la vida religiosa, puso un límite de veintiún miembros para sus comunidades de carmelitas descalzas.

      Por cierto, ¿la reglada vida monástica que usted lleva incluye tiempo también para polemizar en internet?

          1. «En una etapa posterior, Internet también puede facilitar el tipo de seguimiento que requiere la evangelización. Especialmente en una cultura que carece de bases firmes, la vida cristiana requiere una instrucción y una catequesis continuas, y esta es tal vez el área en que Internet puede brindar una excelente ayuda. Ya existen en la red innumerables fuentes de información, documentación y educación sobre la Iglesia, su historia y su tradición, su doctrina y su compromiso en todos los campos en todas las partes del mundo. Por tanto, es evidente que aunque Internet no puede suplir nunca la profunda experiencia de Dios que sólo puede brindar la vida litúrgica y sacramental de la Iglesia, sí puede proporcionar un suplemento y un apoyo únicos para preparar el encuentro con Cristo en la comunidad y sostener a los nuevos creyentes en el camino de fe que comienza entonces.»

            Juan Pablo II en 2002.

  4. Sigo teniendo mis dudas: ¿se puede vivir una auténtica vida de comunidad en un monasterio con más de sesenta religiosas? ¿Se pueden llegar a conocer todas? ¿Por qué no se reparten unas cuantas para reforzar los conventos de clarisas que se ven obligados a cerrar por falta de vocaciones?

    1. Coincido totalmente con usted. Lo de las vocaciones, por otra parte, es siempre algo «misterioso». El convento de Soria, al que no conozco, pues es sorprendente con tantas vocaciones, como otros. Pero, hay otros muchos monasterios de santas monjas y plenamente observantes que languidecen, por ejemplo las magníficas oblatas de Cristo Sacerdote.
      Conozco un convento de clarisas, magníficas monjas, incluso con alguna joven que han pedido ayuda a Soria, les ha sido negada, algo incomprensible… pero en fin, Dios dirá.

    2. La Abadía de Cluny llegó a tener 700 monjes. La objeción del comentarista queda resuelta en la misma Regla de San Benito. Estableció después del Prior claustral y otros oficios, a los decanos, cada uno de ellos encargados de diez Monjes. Recuerdo aún en el año 2002 en que pasé las vacaciones en Santa Otilia, en Alemania -contaba entonces la Archiabadía, con casi doscientos monjes- y un monje me comentó que el archiabad, Padre Notker Wolf, que acababa de ser elegido Abad Primado, cuando algún monje acudía a él, le decía: Hable con su decano.
      La Abadía de Cluny llegó a tener 800 monasterios dependientes, formando la Orden cluniacense, con dependencia directa del Abad de Cluny. Tan malo para la vida espiritual no sería su sistema cuando además de Berno y en la época de San Bernardo, Pedro el Venerable, se concatenaron cuatro abades santos y longevos: San Odón, San Odilón, San Mayolo, San Hugo…

  5. Personalmente doy gracias a Dios por estas realidades. Cuando uno ve una comunidad así, se puede decir que Dios no nos ha abandonado.
    Cuando en las comunidades religiosas hemos dejado de hablar de santidad, sacrificio, donación, consagración…para hablar de solidaridad, inculturación, opción por los pobres, interreligiosidad, ecología…el resultado es el mismo: sequía vocacional y los poquísimos que llegan, o es porque siguen la línea de los que ya están dentro, o porque desean aprovechar para hacer lo que les da la gana, o -los menos- para intentar vivir la vocación en cuestión según la tradición y fieles al carisma.
    Lo peor de todo esto es que a la mayoría les da totalmente igual, y prefieren ver una comunidad suprimida a ver nuevos brotes que retoman lo que ellos han abandonado o despreciado.

  6. y la grandísima mayoría de jóvenes novicias provienen de las nuevas realidades eclesiales, tan denostadas por algunos: neocatecumenales, Opus Dei, CyL… ¿porque será?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *