La primera gitana que llega a los altares por su martirio

La primera gitana que llega a los altares por su martirio

Va a subir a los altares, como El Pelé de Barbastro, una joven gitana de Almería que será una más entre los 115 beatos mártires de aquella diócesis de los que el Papa ya reconoció el martirio. Creo recordar que un gitano, me parece que de Murcia, podría ser también reconocido mártir próximamente.

Dios quiera que estos beato de raza gitana consigan de Dios que sus hermanos pasados a sectas evangélicas, tantos, vuelvan a la Iglesia católica que tal vez no supo atenderles en España como ellos necesitaban.

Las historias de El Pelé y de esta joven almeriense son de una hermosa sencillez. Eran simplemente buenos. Sin nada extraordinario en sus vidas. El de Barbastro reprochó a unos asesinos que fueran a matar a uno o varios sacerdotes.

Si los defiendes te matamos a ti. Y con ellos se lo llevaron y con ellos se fue al cielo. Lo fácil que le hubiera sido callar o retractarse de aquella defensa. Pero su buen corazón y su fe se lo impidieron y hoy es el beato Pelé.

La joven de Almería es una mártir del Santo Rosario. Analfabeta, pobrísima, embarazada de su primer hijo, su marido estaba también en la cárcel, aprendió en ella el rezo del Rosario a petición propia viendo que otras presas lo rezaban. No llegó ni a aprender la letanías de las que sólo sabía el Ora pro nobis. Y lo rezaba constantemente con otras o ella sola. Pienso que pocas veces la Virgen se sentiría más dichosa que cuando esa gitanilla que ni sabía ni entendía el Sancta Dei Genitix, Virgo Clemens o el Consolatrix aflictorum le decía ora pro nobis, ora pro nobis, ora pro nobis. Y respondió a sus ora llevándola a los altares.

Acabo de saber de esta gitanilla. De su existencia, de su amor a Ella y a su Rosario. Cuánto tenemos que aprender de amor los que pensamos que sabemos muchas cosas y en cambio seamos muy ignorantes de la principal asignatura. La del amor. En la que esta chiquilla fue maestra pese a tanta ignorancia. La directora de la cárcel, menudo bicho de la memoria histórica, quiso arrancarle el nombre de la que le había enseñado a rezar el rosario. Y ella prefirió el martirio a revelarlo. Quisieron arrancárselo con celdas de castigo y otros malos tratos de los que murió. Acababa de alumbrar a su primer hijo. Pues ni eso la hizo delatora. Y así debió morir. Con el Rosario en sus labios.

Tengo para mí que Cristo recibe a sus mártires en las puertas del Cielo con un abrazo de amor. La gitanilla debió recibir dos. El de Cristo y el de su Santísima Madre. Que recordaría con la más hermosa de las sonrisas aquellos ora pro nobis que hasta es posible que la gitanilla ni supiera traducir. Pero que sabía que a la Virgen le gustaban. Y claro que rogó por ella en la hora de su muerte. Llevándola al Cielo y a los altares de la tierra.

Me pareció una hermosísima historia y por eso os la traigo.

http://www.elmundo.es/cronica/2016/06/22/57652a4922601d414d8b465d.html

 

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