
Un lector, sorprendido por mi silencio, me la anuncia. Por si no me hubiera enterado.
Pues claro que me enteré. Lo que pasó es que me la refanfinfló.
Ni deseé su muerte ni me causó la menor pena. Ni le odiaba ni le quería, me la refanfinflaba.
Pues, adiós, muy buenas.
Y, eso sí, qué el Señor tenga misericordia de su alma. Eso se lo deseo a todos. Aunque me la refanfinflen. Es decir, que me traiga sin cuidado el que se mueran o no.
Ah, y lo de arzobispo para quien lo fuera, para mí. no. Esa no era mi Iglesia.