
Ahora es el arzobispo emérito de La Serena, Bernardino Piñera, tío del presidente de la República y el obispo más anciano de la Iglesia católica con sus 103 años.
Curiosa la endogamia de aquel país en el que un reducido número de familias, y apellidos, están en todo lo importante: religión, política, negocios… Larraín, Errázuriz, Piñera, Santa María…
A la Iglesia la engañaron, o se engañó sola, con eso de la tolerancia cero. Que está muy bien, y soy el primero en reclamarla, para sucesos actuales. A la calle y a la cárcel con ellos. ¿Pero con hechos ocurridos hace cincuenta años? ¿Y por la acusación de una persona a la que hay que creer sin otra prueba que su testimonio?
¿Es que es cuestión tan gravísima que no tiene perdón ni prescripción? Aunque fuera cierto el hecho, si no tuvo continuidad, me parece absurdo prestarle el menor crédito hoy.
La Iglesia tiene que cerrar ese capítulo de una vez porque en otro caso la que puede terminar cerrando es ella. Mañana puede aparecer una persona de sesenta años, sin el menor motivo de credibilidad personal, que asegure que en 1960 Bergoglio. maestrillo en un colegio de jesuitas le tocó el trasera repetidas veces y que desde entonces arrastra un tremendo drama existencial. ¿Y qué hacemos? ¿Una investigación para intentar esclarecer los hechos? ¿Un careo entre el denunciante y el papa? ¿Obligación de Francisco de comparecer ante el tribunal argentino que instruye los hechos? ¿Y mientras tanto se le suspende preventivamente de su ministerio?
Pues cualquier día puede ocurrir.