
Un querido amigo me envía este diagnóstico del cardenal Danielou de hace casi medio siglo
Estaba acertadísimo y no le hicieron ni puñetero caso. Pues ahí tienen el resultado. Se mueren. Se están muriendo ya.
«LA FUENTE ESENCIAL DE ESTA CRISIS…»
Entrevista al cardenal Jean Daniélou en la Radio Vaticana, 23 de octubre de 1972
P. – Eminencia, ¿existe realmente una crisis de la vida religiosa y puede dimensionarla?
R. – Pienso que hay actualmente una crisis muy grave de la vida religiosa y que no se debe hablar de renovación, sino más bien de decadencia. Pienso que esta crisis golpea sobre todo al área atlántica. Europa del Este y los países de África y de Asia presentan respecto a esto una mejor salud espiritual. Esta crisis se manifiesta en todos los ámbitos. Los consejos evangélicos no son considerados ya como consagración a Dios, sino que son vistos en una perspectiva sociológica y psicológica. Nos preocupamos por no presentar una fachada burguesa, pero en el plano individual no se practica la pobreza. La dinámica de grupo sustituye a la obediencia religiosa; con el pretexto de reaccionar contra el formalismo, se abandona toda reglamentación de la vida de oración y las consecuencias de este estado de confusión son ante todo la desaparición de las vocaciones, porque los jóvenes reclaman una formación seria. Por otra parte, hay numerosos y escandalosos abandonos de religiosos que reniegan del pacto que los ligaba al pueblo cristiano.
P. – ¿Puede decirnos cuáles son, a su parecer, las causas de esta crisis?
R. – La fuente esencial de esta crisis es una falsa interpretación del Vaticano II. Las directivas del Concilio eran clarísimas: una más grande fidelidad de los religiosos y de las religiosas a las exigencias del Evangelio expresadas en las Constituciones de cada instituto y al mismo tiempo una adaptación de las modalidades de estas Constituciones a las condiciones de la vida moderna. Los institutos que son fieles a estas directivas conocen una verdadera renovación y tienen vocaciones. Pero en muchos casos se sustituyen las directivas del Vaticano II con ideologías erróneas puestas en circulación por revistas, por congresos y por teólogos. Entre estos errores se pueden mencionar:
– La secularización. El Vaticano II ha declarado que los valores humanos deben ser tomados en serio. Jamás ha dicho que nosotros ingresemos en un mundo secularizado, en el sentido que la dimensión religiosa ya no ha de estar presente en la civilización, y es en el nombre de una falsa secularización que religiosos y religiosas renuncian a sus hábitos, abandonan sus obras para insertarse en las instituciones seculares, sustituyendo la adoración a Dios por las actividades sociales y políticas. Entre otras cosas, esto va a contramano en lo que se refiere a la necesidad de espiritualidad que se manifiesta en el mundo de hoy.
– Una falsa concepción de la libertad que lleva consigo la desvalorización de las Constituciones y de las Reglas y exalta la espontaneidad y la improvisación. Esto es tanto más absurdo en cuanto la sociedad occidental sufre actualmente por la ausencia de una disciplina de la libertad. La restauración de reglas firmes es una de las necesidades de la vida religiosa.
– Una concepción errónea de la mutación del hombre y de la Iglesia. Aún cuando los contextos cambian, los elementos constitutivos del hombre y de la Iglesia son permanentes, por eso es un error tremendo cuestionar los elementos constitutivos de las Constituciones de las órdenes religiosas.
P. – ¿Pero usted ve que hay remedios para superar esta crisis?
R. – Pienso que la solución única y urgente es la de detener las falsas orientaciones que se difunden en un cierto número de institutos. Para esto es necesario detener todas las experimentaciones y todas las decisiones contrarias a las directivas del Concilio; poner en guardia contra los libros, las revistas y los congresos en los cuales son puestas en circulación estas concepciones erróneas; restaurar íntegramente la práctica de las Constituciones con las adaptaciones pedidas por el Concilio. Allí donde esto parece imposible, me parece que no se puede rechazar a los religiosos que quieren ser fieles a las Constituciones de sus órdenes y a las instrucciones del Vaticano II de constituir comunidades distintas. Los superiores religiosos están obligados a respetar este deseo conciliar.
Estas comunidades deben estar autorizadas y deben tener casas de formación. La experiencia mostrará si las vocaciones son más numerosas en las casas de estricta observancia o en las casas de observancia mitigada. En caso que los superiores se opongan a estos pedidos legítimos, está ciertamente autorizado recurrir al Sumo Pontífice.
La vida religiosa está llamada a un grandioso futuro en la civilización técnica: cuanto más se desarrolle ésta, más se hará sentir la necesidad de la manifestación de Dios. Este es precisamente el propósito de la vida religiosa, pero para cumplir con su misión es necesario que ella reencuentre su auténtico significado y rompa radicalmente con una secularización que la destruye en su esencia y le impide atraer vocaciones.