¿La archidiócesis de Madrid enloquecida?

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Me dicen que el cardenal arzobispo repitió muy pocos días después ante los seminaristas el discurso que hizo a los sacerdotes jóvenes. Dando la impresión de que estaba obsesionado por el tema, digamos el rechazo si se prefiere, de muchísimo de su clero. No duerme, no come, o lo que come le sienta mal, y hasta parece anunciar  que está deseando le lleguen los 75 años para que se le termine ese calvario. No me lo creo porque casi todos esos afanes de retiro se dicen con la boca chica. Y sabiendo que pasados a eméritos, la inmensísima mayoría de los mismos se sumergen en el agujero negro de la nada. Dejan de existir.

¿Quiénes son hoy la casi totalidad de nuestros eméritos? Nada, absolutamente nada. Tal vez porque cuando no eran eméritos también fueran nada. Algunos aceptabilitos obispos de diócesis cuasi inexistentes y después, nada. Pobres hombres a los que elevaron a puestos que eran incapaces de llenar. De algunos lo más que se pudo decir es que no eran malas personas, Y de otros, ni eso.

Algunos tuvieron notable papel pero desaparecieron con la jubilación: Gabino, Montero, Sánchez, Sistach, Cirarda… De otros no se acuerda ya nadie. ¿Quienes fueron Oliver, Noguer, Soler…? Tarancón y Don Marcelo, genio y figura, y de los vivos apenas nadie. Don Damián Iguacén hasta que los años le hicieron imposible, hoy tiene ya 103, los cardenales Amigo y Rouco y el repugnante Uriarte a quien obispos necios se empeñan en pasear por sus diócesis con indignación de muchos fieles y sin aplauso de nadie.

¿Alguien cree que Cañizares, Blázquez, Osoro y Omella van a representar algo una vez pasados a eméritos.

Pues esas figuras de hojalata que si hoy son algo sólo se lo deben al cargo, entran en cólera y depresión si alguien se permite poner de manifiesto notables meteduras de pata de esos que se creen genios. Como si lo grave fuera el contarlo y no haber metido la pata. Pues, como dijo el clásico, arrojar la cara importa, que el espejo no hay por qué.

Dicen que en el arzobispado de Madrid los ¿sicarios?, ¿esbirros?, ¿simplemente pelotas? del cardenal han desatado una caza de brujas para intentar descubrir quienes pasan información a lo medios de los esperpentos diocesanos.  Que hacen perder hasta las formas, y hasta dicen que el sueño y la salud, al cardenal arzobispo.

Don Carlos: el problema está en usted y en los colaboradores, algunos impresentables, de los que quiso rodearse. Y que le crean situaciones que sobre todo le descreditan a usted. De esas no se sale con el enfado ni con la caza de brujas. Sobre todo porque entre su clero tiene usted cientos de brujas que no se puede imaginar lo que largan de usted y de sus esbirros.

No supo usted hacerse con su presbiterio y ahora, con 74 años cumplidos por usted parece tarea imposible. Me temo que hoy no pueda hacer otra cosa que llorarlo. Porque eso no lo levanta nadie en tan poco tiempo.

Y menos si abundan actuaciones estúpidas o incomprensibles, nombramientos pésimos, operaciones sospechosas, broncas a sus sacerdotes… San Jorge, el absurdo baile de la misa de los salesianos, Tamayo anunciado desde una página del arzobispado, la verdaderamente grotesca y de burda pelotilla al francisquismo encuesta ecológica al clero, las intervenciones del cardenal con los sacerdotes recientes y los seminaristas, la entrega a Arana, el estado preocupante del seminario…

Esperemos que el cardenal se dé cuenta de que esta vorágine de sinsentidos no puede mantenerla sin descrédito de su persona. Y de que hoy todo se hace público en minutos. No hay quien lo pare.

Que se desate una caza de brujas en el arzobispado para averiguar quienes filtran noticias es absurdo. Lo sencillo y eficaz es no producir esas noticias y entonces no habría filtraciones. Ni delatores. Que los hay. A los sacerdotes, sobre todo a los jóvenes, y a los seminaristas, recomendarles paciencia, porque esto ya no puede durar mucho, y prudencia. Porque pueden estar hablando con alguien que vaya a contarlo con esperanza de beneficio.

 

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