
Me creí que en mi adolescencia y juventud había leído y disfrutado la totalidad de las novelas de Verne pero de esta ni sabía que existía. El artículo que os enlazo da cuenta de la misma.
Y me alegra mucho la memoria actual de aquella gloriosísima gesta católica y monárquica que fue sofocada con uno de los genocidios más crueles de los que ideó la barbarie humana.
La Vendée prestó su nombre a un excelente programa que un grupo de sacerdotes llevó a notabilísimas cotas de éxito que desquiciaron a la recua de eclesiásticos imbéciles a los que todo lo bueno de la Iglesia les mueve a erigirse en sus perseguidores. Consiguiendo así lo que muchos malvados serían incapaces de lograr. El daño que a la Iglesia hacen esos imbéciles que ocupan altos cargos en la misma prestando un extraordinario auxilio a los declarados adversarios de la Esposa de Cristo creo que solo pueden atenuarse retratándoles en su cretinidad.
Federico Jiménez Losantos lleva ya un tiempo refiriéndose con entusiasmo a cristeros y vendeanos, dos epopeyas gloriosas con notables semejanzas como también las tuvo la España de 1936.
Y en esa línea el artículo que os enlazo.
A lo que también quiero sumarme desde mi humildad.