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Ha fallecido Utrera Molina

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No es evidentemente una noticia eclesial pero él siempre se confesó católico sin restricción alguna.

Ayer leí en ABC dos necrológicas, firmada una por su yerno, Ruiz Gallardón y otra por un hijo, que me parecieron muy dignas. Y que me convencieron de que era un católico normal, como yo, y que procuró vivir de acuerdo con sus sentimientos religiosos. Además de que con los políticos.

Jamás intercambié un saludo con él y sus convicciones políticas nunca fueron las mías. Pero todas las informaciones que me llegaron de su persona fueron de que fue un hombre cabal, honesto, preocupado desde sus cargos, que los tuvo muy altos, de los más necesitados, sencillo, buen padre de familia y lealísimo a sus fidelidades cuando estas no reportaban más que sinsabores. Lo traigo pues al Blog como un católico de filas pensando que no es malo que estos que han vivido tantos años como simples fieles de una Iglesia, de la que nunca renegaron, puedan aparecer por aquí. Y eso os lo dice quien nunca en su vida se puso una camisa azul. Entendedme, azules, muchas, nunca una de Falange.

Pues, en su muerte, y pensando que fue siempre hombre honesto, leal y católico, más allá de las convicciones de cada uno, y de las propias mías, os ruego una oración por el eterno descanso de su alma.  Que además, en lo poco que yo sé, creo que fue un alma buena.

Descanse en paz.

Hubo un momento en que pensé, y perdonadme esta digresión, que era el último ministro de Franco que vivía. Y hasta es posible que no de Franco si no de Arias. Luego esforcé ya mi débil memoria y pienso, que aunque Utrera fuese posiblemente el más joven de todos, tal vez sobrevivan López de Letona, Carro, Fernando Suárez y posiblemente alguno más. ¿Sánchez Ventura? Lo que sería una muestra más de mis nulas vinculaciones con el Régimen en lo que fuera oficial. A ninguno de ellos saludé nunca en mi vida salvo a Fernando Suárez, una o dos veces, y ya mucho después de la muerte del Generalísimo. Por cierto que siempre muy amable por su parte.

11 comentarios en “Ha fallecido Utrera Molina
  1. Sus convicciones políticas no fueron las de Utrera Molina, Paco Pepe? Pues eran bien cercanas, ¿acaso no escribia usted en el semanario Fuerza Nueva?

  2. Con todos mis respetos para Nova y Miguel AC, muy probablemente pertenecemos a generaciones distintas. El catecismo que me inculcaron a mí rechazaba rotundamente la pena de muerte. De hecho a Nuestro Señor Jesucristo le mataron con tal infame pena. Mi formación cristiana es incompatible con la pena de muerte, pero como digo antes será por una cuestión generacional. Y con eso, ni mucho menos, me considero más cristiano ni mejor que ustedes dos, pero son los principios que me inculcaron a mí.

  3. Bompensiero, leáse el Catecismo; sobre todo, el de la época de esas condenas. La Iglesia Católica nunca ha rechazado del todo la pena de muerte. Utrera Molina fue un hombre verdaderamente formidable: Un gran cristiano, patriota de una pieza, hombre de palabra y honor, a las duras y a las maduras y de una coherencia a prueba de todo. O sea, de los que apenas quedan ya en España, por desgracia. Dios lo acoja consigo, se lo ruego con toda mi alma.

  4. Descanse en paz. Me uno a la oración por su salvación eterna. Su vida tiene la grandeza de quien permanece fiel a sus principios, leal contra viento y marea, aun cuando esa lealtad suponía el ostracismo en este tiempo de medianías y envidias que nos toca vivir. «Sin cambiar de bandera» es el significativo título de sus memorias.
    Magnífica también la necrológica que le dedicó Juan Manuel de Prada en ABC.
    Mención aparte merece el comentario de Bompensiero. Al parecer piensa que los gobernadores civiles firmaban sentencias de muerte. Y parece participar de esa creencia hoy tan extendida de que la pena de muerte no es conforme con la doctrina católica. Estudie esa doctrina en un buen catecismo y espero que sepa comprender que no es así.

  5. El mejor homenaje será defender la verdad de nuestra historia, habrá que enfrentarse al himalaya de mentiras que compromete el presente de España y perturba irremediablemente el porvenir. Un deber moral.

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