
Se va la nada sin sifón. Que parecía encantar a Francisco. No porque fueran similares. El de Valladolid tenía más conocimientos pero como su presencia y hasta sus saberes, que los tenía, eran ocultísimos, solo pasaba por un pobre hombre. En dos ocasiones fue presidente de la Conferencia Episcopal Española y penoso. Como lo fue en Santiago, Palencia, Bilbao y Valladolid. No por malo, que a tanto ni llegaba, por inútil con balcones a la calle.
Le sustituye su auxiliar. Pienso que una lotería para Valladolid y una decepción para el resto de España.