MIL MUERTOS EN UNA GRAN PIRATERÍA
San Agustín, en la Ciudad de Dios,se refiere a los Estados en los cuales
se encuentra ausente la justicia y los compara con una banda de piratas,
porque como escribe, si se la destierra: “¿qué son los reinos sino grandes
piraterías?” (IV, d); porque incluso una banda de piratas puede subyugar
pueblos y llamarse reino. Habrá logrado la impunidad, sin perder la injusticia
En la Argentina hace tiempo que vivimos en una gran piratería, sean quienes
gobiernan Kirchner, Fernández, Macri o Milei y esto es denunciado en el diario
“La Prensa” de ayer, en el artículo de Agustínde Beitía titulado: “Suman ya un
millar los militares que murieron procesados por los años 70” y que comienza
así: “Un millar de integrantes de las Fuerzas Armadas, de seguridad, y
funcionarios civiles del último gobierno militar, fallecieron ya privados de su
libertad o bajo algunos de los procesos judiciales que se instruyen por la guerra
revolucionaria que ensangrentó al país en los años setenta, mientras que no hay
un solo combatiente de las organizaciones terroristas procesado o privado de su
libertad”.
El artículo aclara que “los integrantes de los grupos insurgentes que fueron
investigados, procesados o condenados en la década del 70 por la Cámara Federal,
y los juzgados durante el gobierno de Alfonsín, siguen amparados por leyes de
amnistía e indultos nunca anulados, a diferencia de lo que ocurrió con las Fuerzas
Armadas”.
Por el mismo escrito, nos enteramos de que “actualmente hay 519 militares, policías
y civiles privados de su libertad y que más de un centenar no fueron condenados y
que se los mantiene presos en una prisión preventiva que excede el límite permitido
por la ley, “peroel tiempo pasa y eso no se corrige”.
Y también de que “cuando se trata de militares, las prisiones preventivas pueden
extenderse sin que nadie reaccione. Según el último relevamiento de la Unión de
Promociones, hay 105 personas que llevan entre 3 y 6 años de detención; 128 que
permanecen privados de libertad desde hace 6 a 10 años; 176 entre 11 y 15 años
y otros 33 que llevan más de 16 años confinados”.
Muchos gozan de arresto domiciliario, pero casi ochenta se
encuentran detenidos en distintas instituciones penitenciarias y eso a
pesar de que muchos tienen más de 70 años y graves afecciones
físicas. Un hábeas corpus presentado por la Asociación de Abogados
por la Justicia y la Concordia, expuso el estado de abandono y
crueldad de los jueces, que retienen en prisión a personas con cáncer,
incontinencia, demencia senil, bolsas de colostomía y recién operados
de tumores… y este tipo de recursos luego de pasar de un tribunal a
otro, acaban en la Corte Suprema de Justicia a la espera de una
resolución mientras los presos siguen muriendo. Es difícil no
considerar que hay una intención deliberada de dejarlos morir en
prisión.
Crueldad, sevicia, propósito deliberado de hacer sufrir, mientras
los presos esperan la única liberación posible, la de la muerte.
Pero las quejas por la ausencia de justicia llegaron al Vaticano y
representantes de Justicia y Concordia llagaron hasta el papa
argentino, quien al saludarlos les dijo “nos estamos ocupando” y se
los sacó de encima remitiéndolos a monseñor Dominique Mamberti.
Murió Francisco años después, pero nada cambió en la gran piratería.
Si se ocupó del tema su intervención fue totalmente ineficaz.
Hace años, el Instituto de Filosofía Práctica, se hizo presente en
el asunto con una declaración titulada: “Acerca de la destrucción de
las Fuerzas Armadas, víctimas de un odio sin límites y de una desidia
inigualable”, que tiene el capitel de un gran militar argentino, Enrique
Mosconi: “Las instituciones armadas valen según cuál sea la fuerza
moral de la Nación y esa fuerza moral es la resultante de la cohesión
del pueblo”.
Hoy, ese pueblo es una masa informe, desintegrada, sin fuerza
moral alguna. En la misma denunciamos los juicios mendaces que se
llevan a cabo contra nuestros soldados y los sistemas vejatorios de
las cárceles que los alojan (Doce años de declaraciones que no
necesitan aclaraciones, Infip. Buenos Aires, 2017).
Todo convalidado por la Corte Suprema hasta ahora. Y como
concluye Agustín de Beitía en su artículo: “A esto se lo quiere llamar
memoria, verdad y justicia”.
Buenos Aires, agosto 24 de 2026
Bernardino Montejano