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Estropicios a un soneto cuasi litúrgico

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Se recita en solemnes actos militares. Antes con presencia de un sacerdote rigurosamente vestido de sotana y manteo. Ahora en presencia  en ocasiones incluso del arzobispo castrense. Nada que criticar a las presencias. Mucho a las correcciones al soneto que manifiestan una absoluta indigencia en el arte de la poesía de sus correctores. El soneto inicial, de un carlista, Martín Garrido, era hermoso y entiendo perfectamente que el Ejército español  se lo haya querido apropiar para sus actos más emblemáticos. Las correcciones posteriores han destruido el soneto que ya no es soneto ni nada que se le parezca. Un auténtico bodrio en la rima. Sin embargo sigue conmoviendo a quienes lo escuchan aunque hubiera sido muy fácil lograr lo mismo sin ese atentado a la métrica. Ocurre igual con esa hermosa canción de la muerte no es el final que sigue poniendo los pelos de punta y que supongo que si llega Podemos al poder desaparecerá de los actos castrenses. Y hasta es posible que con Sánchez y Ciudadanos. No puedo daros la fuente de donde transcribo lo que a continuación os pongo pues mi remitente y queridísimo amigo  no me la ha indicado Pero lo que dice es absoluta verdad sobre rima y métrica. Y ha resultado algo deplorable. Aunque mejor eso que nada:

“Soneto a los Caídos 

(verdadero título: “Mártires de la Tradición”, 1943)

Modificaciones  Desde su publicación en 1943, ha tenido varias, desde el momento en que el Ejército lo adoptó como oración, y siempre sirviendo a las conveniencias políticas de cada momento. La trayectoria de modificaciones que ha sufrido el soneto original podría ampliarse, pero, de momento, éstas son las dos últimas.

Al ver el texto de este soneto, he querido completar la información de este bellísimo soneto, que no es de autor desconocido, como algunos pretenden. Este soneto, que se ha convertido en la oración a los caídos en nuestros ejércitos, que precede al canto de “La muerte no es el final”, tiene su historia, triste en su última etapa. Surgió tras la Cruzada de Liberación de 1936-39. Su autor, Martín Garrido Hernando, un olvidado poeta burgalés, tradicionalista y combatiente del requeté en la Cruzada. Se hizo público el 10 de Marzo de 1943, día de los Mártires de la Tradición, celebración de la Comunidad tradicionalista en que se recuerda la muerte del primer rey carlista, don Carlos V. Martín Garrido se alistó voluntario en el Tercio «Burgos-Sangüesa», con 40 años de edad, estaba casado desde hacía tiempo. Su texto original era el siguiente: Lo demandó el Honor y obedecieron; lo requirió el Deber y lo acataron; con su sangre la empresa rubricaron; con su esfuerzo, la Patria redimieron.  Fueron grandes y fuertes, porque fueron fieles al juramento que empeñaron. Por eso, como púgiles lucharon, por eso como mártires murieron. Inmolarse por Dios fue su destino; salvar a España, su pasión entera; servir al Rey, su vocación y sino. ¡No supieron querer otra Bandera!, ¡no supieron andar otro camino!; ¡no supieron morir de otra manera! Fuente: “Lo demandó el honor y obedecieron”, en ABC, 29 de marzo de 2006. Autor: Antonio Burgos. Versión vigente hasta 12-10-2004  En 2003, y hasta su última modificación, la versión vigente decía: Lo demandó el Honor y obedecieron. Lo requirió el Deber y lo acataron. Con su sangre la empresa rubricaron. con su esfuerzo la Patria engrandecieron.  Fueron grandes y fuertes, porque fueron fieles al Juramento que empeñaron. Por eso como valientes lucharon y como Héroes murieron. Por la Patria morir fue su destino; querer a España, su pasión eterna; servir en los Ejércitos, su vocación y sino. No quisieron servir a otra Bandera. No quisieron andar otro camino. No supieron morir de otra manera. Como puede verse, ya habían dado unos cuantos golpes bajos a la rima, de forma que había versos que no daban las once sílabas (los sonetos son ENDECASÍLABOS, por definición). Versión vigente desde 12-10-2004  El crimen final que se ha perpetrado contra este “sufrido” soneto es el ya citado del gobierno socialista. Se produjo a iniciativa de Bono, en su paso por el Ministerio de Defensa, en un claro desprecio a su autor (luego dicen que defienden los derechos de los autores). Él, personalmente, se metió a poeta (y es que su afán totalitario les lleva a meter las narices en todo). Los cambios fueron: Suprimir la alusión a la bandera, para que (según las propias palabras de Bono) “no haya guerras de banderas, ni la constitucional, ni la modificada ni las de otras épocas”. Sustituir el verso “no supieron morir de otra manera” ya que, según Bono, “alguien podía incomodarse” (en alusión al siniestro del Yak 42, en el que murieron varias decenas de militares españoles que regresaban de la guerra de Afganistán). Cambiar la mención al juramento. Así, según Bono, se hace mención a “todos los que sirvieron a sus ideales con honor”, fueran los que fueran (no sé si se refiere a los ideales, o a los que los sirvieron), y tanto si juraron, como si prometieron, como si no hicieron ni lo uno ni lo otro. Por último, remató su argumentación saliendo al paso de aquellos que “puedan encontrar en las modificaciones intenciones distintas” (en labios de un político, prueba evidente de que las había). Después de estos trasquilones, el soneto quedó, a partir de 2004, de la siguiente guisa:  Lo demandó el honor y obedecieron, lo requirió el deber y lo acataron. Con su sangre la empresa rubricaron, con su esfuerzo la Patria engrandecieron. Fueron grandes y fuertes porque fueron fieles a los ideales que abrazaron. Por eso, como valientes lucharon y como héroes murieron. Por la patria, morir fue su destino; querer a España su pasión eterna. Servir en los Ejércitos, su vocación y sino. No pudieron servir con más grandeza.  No quisieron andar otro camino. No supieron vivir de otra manera. (Nótese que en el primer verso del segundo terceto se cambia la terminación inicial consonante, por una nueva terminación asonante. Lo que indica la pobrísima sensibilidad intelectual, y la nula capacidad como poeta, del autor de este desaguisado). Muchas frases, poesías, hechos etc., fueron apropiadas indebidamente, ocultando su procedencia, es obligado sacarlas a la luz pública y darlas a conocer. En el franquismo quitaron lo relativo al Rey y continuo con la monarquía cuando podían haber recuperado la original. Lo que también está claro que cuando la creo Martin Garrido Hernando, el Rey y Monarquía a que se refería no era ni esta monarquía ni la dinastía del actual rey. Lo que está claro es que cada vez que se recita la original o la plagiada modificada al mejor estilo Larry, pone los pelos de punta a quien la escucha. Al final es una oración a los Caídos aunque fueran carlistas y me parece muy bien que sea extensiva a todos, pero a cada uno lo suyo”.

Dios ha desaparecido.  Y otras cosas. La rima deplorable. Literariamente, un espanto. Aquí no cabe  aquello de esas estrofas magnánimas son dignas del estro vuestro.  Porque sólo cabe atribuirlas a uno poéticamente analfabeto.Pero eso es lo que hay.  Y mejor eso que un mañana peor. Aunque los Caídos, también hay que decirlo, para la Iglesia no existen. Y Supongo que tampoco para el carlista Martín Hernando.  Para la Iglesia, como dijo el cardenal Segura, en la Iglesia no hay caídos. Sólo fieles difuntos. Cada uno  puede llamar a sus muertos como le dé la gana. Eso es cosa suya. Pero yo en eso con el cardenal de Sevilla. Mis muertos, Irurita, Polanco… no son Caídos, son mártires. O asesinados. ¿De dónde se cayeron? Más bien se elevaron. Al cielo.

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0 comentarios en “Estropicios a un soneto cuasi litúrgico
  1. En numerosas ocasiones formando parte de la Fuerza en formación y en muchas siendo el narrador, he tenido la ocasión de escuchar y recitar, respectivamente, este soneto, y les garantizo que, al menos hasta 2004 y en las Unidades que yo lo he escuchado/recitado, se utilizaba la versión original, por decirlo de alguna manera. Si es cierto que en 2004 se modificó el último verso, pero fue el único. Es falso que se haya modificado el verso que hace referencia a la Bandera y que se hable de ideales y no se cuantas historias tártaras.
    Ni se de dónde se han sacado las “propias declaraciones de Bono”. Y si existieron, salvo el último verso, repito, no le se llevaron a cabo esas modificaciones.

  2. El símbolo que ofrece este espantajo de adaptación es muy elocuente. Comparar la versión original y la tullida que la sustituye permite en unos cuantos versos ver la diferencia entre los ideales de los militares españoles de 1943 y los de los bovinos funcionarios uniformados de 2016.

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