
Y con creciente malestar en el mayoritariamente clero heterodoxo de la diócesis. Los curas locales, considerados entre los más progresistas de Argentina, querían un obispo de su cuerda, como Mestre (ahora arzobispo de La Plata); o al menos de la ciudad, como el «conservador» Luis Albóniga, hasta hoy administrador diocesano.
Es así como tuvieron varias reuniones, para expresar su malestar. Y advertir sobre las eventuales consecuencias (escándalo de polleras?), que tendría la toma de posesión de Larrazábal. Seguramente habrá tomado debida nota de ello el papa Francisco; y, por eso, les mandó a un jesuita de su riñón, a quien recibió en el Noviciado siendo él Provincial. Una clara advertencia: si lo rechazan desafiarán directamente la autoridad pontificia.
Mar del Plata, desde los tiempos del hoy beato Pironio, es una de las diócesis más problemáticas del país; con un clero mayoritariamente progresista, y con exacerbado localismo, que no oculta su rechazo ante los nombramientos episcopales venidos «de afuera». Tuvo en los progresistas moderados Rómulo García, y José María Arancedo, dos obispos bastante aceptados por ese curerío «de avanzada». No ocurrió lo mismo con Juan Puiggari, y Antonio Marino; quienes, pese a tener buena doctrina, carecieron de capacidad de gobierno para enderezar la deriva izquierdista.