EPIFANÍA DEL SEÑOR.

Epifanía - Giotto - Historia Arte (HA!)
EPIFANÍA DEL SEÑOR.
Asistí a Misa de Epifanía en un pequeño monasterio benedictino habitado por tres
monjas de riguroso hábito, que tiene una capilla muy acogedora, con paredes blancas en las
cuales se destacan contadas imágenes. Hoy, quiero compartir con los lectores del blog parte
de la homilía del P. Pedro O.S.B. que no tiene desperdicio.
Al comenzar recordó que es una fiesta de origen muy antiguo, que comenzó a
celebrarse en la Iglesia Oriental hacia el siglo III y luego, un siglo después, pasó a la Iglesia
Latina. Luego, el celebrante se refirió al origen griego del término epifanía, el cual significa:
mostrarse, aparecer, manifestar. En nuestro caso, dijo que nos referimos a la manifestación
gloriosa del Señor.
En ambos Testamentos existen varias manifestaciones de Dios. Entonces ¿Por qué
recibe el nombre de Epifanía este hecho puntual y no también los otros? El anuncio a los
pastores fue también una epifanía. ¿En qué se diferencia de esta otra? Según la tradición,
lo que hoy celebramos es la llegada de los tres reyes magos venidos de tierras lejanas para
adorar al Señor. La Biblia nos dice que llegaron unos magos, venidos de Oriente.
¿Qué significa el término “magos” en las Sagradas Escrituras? Esta palabra viene de
Persia de donde pasó al griego y al latín y significa en Persia antigua: sacerdotes persas. ¿De
qué religión? Del mazdeísmo zoroastriano. Y este dato es importante porque ellos esperaban
la llegada de un mesías, que sería anunciado por una estrella. En ese tiempo, la observación de
los astros era considerada una ciencia.
Es así que estos sacerdotes se ponen en camino, siguiendo la estrella, para encontrar al
Mesías. La tradición nos habla y nos trasmite la llegada de estos tres sabios que son de edades
distintas, de razas distintas y son “reyes” de pueblos distintos. El mensaje que quiere trasmitir
la tradición es que Jesús se manifiesta a todas las naciones de la tierra. Sin excepción.
Ya no habrá raza, ni nación, ni grupos. El mensaje de Cristo es universal. Por eso San
Pablo en la carta a los Gálatas dice: “Ya no hay judío ni griego, no hay esclavo ni libre, no hay
varón ni mujer, porque todos somos uno en Cristo Jesús”.
Así finaliza la homilía, breve y clara que es para mí un gusto trasmitir. Es el testimonio
luminoso de la presencia benedictina en esta noche de nuestro país.
Buenos Aires, Reyes de 2024.
Bernardino Montejano

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