
De Meridiano Católico, Noviembre-Diciembre 2023
Y el texto, de mi muy querido y admirado amigo el gran historiador jesuita Manuel Revuelta:
P. MANUEL GARCÍA NIETO S.J.
Biografía
García Nieto, Manuel. Macotera (Salamanca), 5.IV.1894 –Comillas (Cantabria), 13.IV.1974.
Jesuita (SI), formador de sacerdotes.
Inició la carrera sacerdotal a los catorce años, que concluyó en el seminario de Salamanca en
1920. Trabajó seis años al servicio de su diócesis, los dos primeros con el cargo de coadjutor en
Cantalapiedra, y los otros cuatro como teniente cura en la parroquia de Santa María de Sando y
su anejo El Valejo. Desde el principio fue un modelo de sacerdote, “tras las huellas del Cura de
Ars”, como dice su biógrafo Benigno Hernández. Uno de los frutos de su acción sacerdotal fue
la abundancia de vocaciones que suscitó entre los jóvenes de su parroquia.
El 30 de julio de 1926 ingresó en la Compañía de Jesús. Hizo su noviciado en Carrión de los
Condes (Palencia) y Salamanca (1926-1928) y pasó un curso en Oña (Burgos) repasando la
Teología (1928-29). Después fue destinado al seminario de Comillas (Cantabria) con el cargo de
director espiritual de los seminaristas. Puede decirse que ése fue el único destino de su vida.
Primero fue padre espiritual de los seminaristas pequeños (1929-1930) y, desde el curso
siguiente, de los seminaristas mayores, a los que durante algunos años dio clases de Teología
Pastoral y Teología Ascética y Mística.
Cuando estalló la Guerra Civil estaba dando el mes de Ejercicios Espirituales a un grupo de
sacerdotes. El 12 de agosto de 1936 fue detenido con toda la comunidad y conducido por un
piquete de milicianos a Santander. Allí vivió disperso cinco meses, animando a los seminaristas
y realizando actividades pastorales en la clandestinidad, en medio de no pocos peligros, pues en
ese tiempo fueron asesinados veinticinco de los detenidos en Comilas (ocho jesuitas, once
sacerdotes y seis seminaristas). En enero de 1937 logró un salvoconducto para trasladarse a
Vizcaya, donde permaneció refugiado hasta el mes de junio. En agosto las tropas de Franco
ocuparon Comillas, donde se reanudaron los estudios. El padre Nieto volvió a ejercer su cargo
de padre espiritual de filósofos y teólogos desde 1937 hasta 1951, año en que se encargará
exclusivamente de la dirección espiritual de los teólogos y de la Congregación Mariana.
Los años de mayor influencia del padre Nieto coinciden con los años de plenitud de la
Universidad de Comillas, cuando la formación académica era inseparable de la espiritual. Nieto
dejó una huella profunda en los sacerdotes de aquella generación. Su aspecto exterior era
singular: rostro deforme, andar renqueante y voz enronquecida. Pero su capacidad de
persuasión era enorme, y ello se debía no a las cosas que decía, sino al ardor con que
comunicaba sus convicciones.
Todos coincidían en que era un santo que vivía intensamente lo que predicaba. Dormía poco,
oraba mucho y dedicaba el resto del tiempo a la dirección personal de los seminaristas y a la
animación de las secciones o equipos de la Congregación Mariana (caridad, acción social,
apostolado del mar, misiones, catecismos, etc.). Era un hombre muy caritativo con todos los
necesitados. En los años de escasez de la posguerra su cuarto parecía una tienda de
ultramarinos, donde se acumulaban ropas y víveres para los pobres.
Dedicaba los veranos a dar Ejercicios Espirituales a sacerdotes o religiosos por toda España.
Dirigió al menos veinte veces el mes completo de Ejercicios, que causaba un impacto especial.
La crisis conciliar de los años sesenta llegó también al seminario de Comillas. No se ponía en
duda la santidad del padre espiritual, pero se empezaron a cuestionar sus métodos. Nieto sufrió
con los cambios, pero mantuvo siempre su confianza en la Iglesia.
El traslado de la Universidad a Madrid en 1968 consumó su desplazamiento definitivo. En
Comillas vivió sus últimos años como un ejemplo viviente de entrega a Dios. Cuando murió era
voz común que había muerto un santo. Sus restos fueron trasladados a Salamanca, y está abierta
su causa de beatificación.
Manuel Revuelta González S.J.
No deja de ser curioso el que, hasta el Concilio, era frecuente el caso de sacerdotes seculares que ingresaban en la Compañía de Jesus. Como también el Santo Padre Rubio. Hoy eso ha desaparecido. Solo se da el caso contrario, jesuitas que se pasan al clero secular.
En el fenómeno preconciliar solían ser los mejores. ¿También en el posconciliar?