
Eso, como las Romaxes, es una pura nostalgia de días mejores. Para ellos.
Muchos años nos dieron la matraca de los mil. Esos. Ni uno más ni uno menos. Pasaban los años y siempre eran mil. Hasta que el nada sospechoso El País tuvo el desliz de publicar una fotografía de los asistentes. Y los mil, más falsos que Judas, y que tampoco eran una cifra extraordinaria, se hundieron para siempre.
Ahora parece que quieren vendernos la también milonga de los seiscientos. Pue ni de coña tampoco. Ni la mitad. La fotografía tampoco es sospechosa por el medio que la publica. Eso se ha hundido y ya no es nada. Los intervinientes son cada vez más desconocidos y nada tienen que ver con los días áureos en los que participaban todas las figuras del progresismo español y algunas del extranjero. Eso hoy parece simplemente una mierda. Y que a Tamayo ya no le secunda nadie. Unos se han muerto. a otros el dodotis les impide la presencia pública y bastantes han abandonado, ¿cómo ratas?, ese barco que ya no lleva a parte alguna. Salvo al desguace.
¿Qué unos jóvenes de la JOC y de la JEC han llevado velas arcoíris al altar? ¿Pero es que eso supone algo en el descrédito absoluto de JOC y JEC? ¿Son algo? ¿A alguien les importa algo?
La XXIIII y aledaños no existen en la realidad. En días que teóricamente les sonríen ni se atreven a decir, por si acaso, los nombres de los concelebrantes de la misa LGTB. Y los Romaxes, si hubo misa o simulacro, tampoco. Muestra clara de lo que son y de lo que pesan. Nada.
Pues ahí os dejo el enlace de una crónica y del comentario, que comparto totalmente de González Guadalix.
Una vez más el algodón no engaña. Y menos si son ellos quienes lo pasan.
Este es el enlace, sensatísimo y brillante como todos los suyos de González Guadalix:
http://www.infocatolica.com/blog/cura.php/1809090900-lo-de-la-juan-xxiii-una-urgen
Que viene a demostrar la indigencia moral y pecuniaria de los asistentes. Los «seiscientos» asistentes no dejaron en la colecta para apoyar proyectos solidarios en el mundo ni 6.000 euros. O seiscientos rácanos, tan comprometidos con la Juan XXIII que ni diez euros dieron por persona o unos doscientos que casi llegaron a los treinta. Fuere lo que fuere, nada de nada. Para ayudar a algún proyectillo et rien de plus.
Pues eso eso lo que parece haber dado de sí el Congreso anual de la Juan XXIII. Y el año que viene todavía menos.