El abogado Jorge Español retrata al obispo de Lérida

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Vamos a analizar aquí la auto-complacencia del Sr. Obispo de Lérida Giménez Valls consigo mismo:

1. Justifica el presentar recurso de apelación contra la Sentencia del Juzgado de Barbastro «porque es un derecho que se puede ejercer en cualquier pleito civil», y si de paso este buen pastor de Lérida consigue con ello, que no lo va a conseguir, que un tribunal civil estime ese recurso desautorizando todo lo sentenciado por los tribunales del mismo Papa, pues, mejor que mejor. Así de paso podría tachar de injustos o prevaricadores a los tribunales vaticanos.
2. Le pregunta el periodista en qué momento este asunto dejó de ser un tema inter-diocesano y por qué salió de ese ámbito para pasar al civil? Y el Sr. Obispo de Lérida contesta que siempre ha sido un asunto entre dos diócesis y, después de decir que el Obispo Meseguer «nunca robó nada ni esquilmó a nadie» llevando estos bienes al antiguo Museo Diocesano, contesta que ignora las razones por la cuales este asunto pasó al ámbito civil, añadiendo que, fue «seguramente porque las obras en cuestión están en una institución civil (el Consorcio del Museo de Lérida) y el Obispado tiene allí una mínima participación y no puede disponer de ellas». ¡Hombre! hay que reconocer que aquí el Sr. Obispo ha acertado, aunque lo que le ha faltado reconocer es que, ese Consorcio lo urdió el obispo de Lérida Ramón Malla con el Presidente de la Generalitat de Cataluña Jordi Pujol precisamente para que ese museo civil le sirviese a Malla y a sus sucesores (incluido Giménez Valls por lo tanto) de parapeto y así no pudieran ser acusados por sus superiores de desobediencia a la autoridad canónica superior. También podía haber añadido que el Secretario de Estado vaticano le ha recomendado, léase «ordenado», que salga de ese Consorcio civil, pero él no lo hace y esto es bien indicativo.
3. Le pregunta a continuación el periodista: ¿Y entonces después de la sentencia del Tribunal de la Signatura Apostólica, qué ocurrió, que se politizó el tema? Y contesta Giménez Valls: «Efectivamente, y SIEMPRE los obispos de Lérida han ACATADO las resoluciones vaticanas». Perdonen, pero, se da cuenta este alto prelado de Lérida que si por asomo prosperase el recurso de apelación que va a interponer, dado que ya dice que acatará lo que digan los TRIBUNALES CIVILES, dejará entonces al Vaticano y a sus Tribunales en el más espantoso ridículo mundial y al pie de los caballos. ¿Es que acaso acatará entonces lo que dijeron los tribunales vaticanos? Esto son cosas muy importantes, fundamentales. Esto no se lo deben haber explicado todavía en esos tantos consejos asesores que tiene, y claro, el hombre no se ha percatado de las consecuencias.
4. Le dice el periodista que todo esto ha proyectado una imagen de enfrentamiento entre los dos obispados y le pregunta cómo se llevan los obispos entre sí. Y contesta: «para nosotros tampoco resulta edificante utilizar la justicia civil, es un escándalo relativo, porque en la vida ordinaria es bastante frecuente contemplar la discusión entre hermanos por una herencia o por un título de propiedad». Yo creo que este prelado de Lérida todavía no se ha dado cuenta de que estamos ante una división eclesiástica de una diócesis, donde pasan unas parroquias aragonesas que estaban en el Obispado de Lérida al nuevo Obispado de Barbastro-Monzón en Aragón con sus personas y bienes. El problema para el Obispado de Lérida es que admite que pasen personas y bienes, eso sí, ¡salvo los bienes preciosos!, que aún sabiendo que no son suyos, porque lo saben y así se lo han dicho los tribunales vaticanos, como valen mucho dinero y son muy valiosos y codiciados, entonces no admiten que esos bienes preciosos pasen a la diócesis aragonesa. A esto, ¿cómo se le llama? ¿»Discusión entre hermanos»? ¿»Entre hermanos»? Un buen hermano nunca quitaría nada a otro, digo yo. Aquí, siento constatarlo, hay un buen, buenísimo hermano, y por el contrario, un mal hermano.
5. Y ahora viene la traca final. Le pregunta el periodista qué solución sería la más justa para resolver este litigio -como si no estuviese ya resuelto por la Iglesia-, y el Obispo Giménez Valls, haciendo tabla rasa de las sentencias vaticanas que le obligan, que ya dieron un solución justa y canónica al asunto, sale diciendo que habría que buscar un «acuerdo» entre las dos diócesis, literalmente, «evitando satisfacer las pretensiones de una parte a costa de otra». Como si acaso les tuviésemos que regalar parte de lo que es nuestro o repartir a suertes las ropas de Jesucristo tras ser crucificado. Eso lo dice este gran hermano que tenemos en Lérida. La solución pasa por cumplir y acatar lo que la Santa Sede le ha ordenado a los distintos Obispos de Lérida y esto lo conseguiría muy fácilmente el Sr. Giménez Valls: saliendo del Consorcio del Museo de Lérida y entregando a continuación esas 111 piezas a la diócesis de Barbastro-Monzón.
Quiero imaginar que en Roma le habrán dicho a Giménez Valls que aunque ganase en el ámbito civil este pleito, cosa que no va a ocurrir ni por asomo, que el, como Obispo católico, se debe a las resoluciones eclesiásticas y por lo tanto, deberá renunciar a cualquier derecho que la justicia civil le pudiere otorgar en contradicción con lo ya sentenciado por los más altos tribunales de la Iglesia Católica que le han ordenado devolver esos 111 bienes. No me explico cómo la Iglesia le permite a Giménez Valls recurrir en apelación la sentencia, ni lo logro entender mínimamente.
Creo que el retrato le saca muy como es Giménez Valls
Comentarios
8 comentarios en “El abogado Jorge Español retrata al obispo de Lérida
  1. Este obispo es un sinverguenza con todas las letras. Lo hace para congraciarse con el nacionalismo, por convicción o por comodidad. Lo dicho un sinverguenza.

  2. Existe un característico complejo de inferioridad en determinados sectores del clero del resto de España con respecto a lo que sucede en la Iglesia de acá, de Cataluña. Poco a poco lo han ido perdiendo sectores de la sociedad civil, en concreto de la universitaria, muy palpable en los últimos años del franquismo y principios de la democracia. Recuerde, querido Paco Pepe, aquella frase de Pujol acuciado por los fiscales Mena y Villarejo, «ahora la moral la ponemos nosotros». En Madrid, en Valencia, en Sevilla, en Santiago estaban convencidos de que la vida en Barcelona era europea, avanzada, moderna en una palabra. Se habían creído lo de mesetarios como despectivamente los llamaban desde aquí. Ese sentimiento ha ido diluyéndose, aunque aún mantiene rescoldos.

    En lo eclesial hemos visto cómo grupos de sacerdotes valencianos, por ejemplo, o madrileños, remedaban los grupos perturbadores del Principado, que en cada diócesis tenían su anclaje y denominación peculiar. El grupo Alsina en Gerona, el de Solsona, los varios de Barcelona, etcétera. Germinans ha ido exponiendo sus desventuras a menudo en su web. Llegados aquí, los obispos han mentido ese complejo de inferioridad, reforzado con un síndrome de Estocolmo vergonzoso. Se refleja incluso en pequeñeces como en la catalanización del nombre. ¿Por que un obispo que se llama Agustín, que su familia le llama Agustín, tiene que firmar Agustí? Dígase lo propio si se llama Juan José. No era así don Ricardo, cardenal Carles, quien, sin embargo, fui testigo presencial, tuvo que tragarse el sapo de presentar a un tal Joan Rigol, separatista tenaz y promotor del aborto como los democristianos secesionistas de estos lares con la argucia del mal menor, en una reunión de intelectuales católicos. Peor fue con el papa. A Benedicto XVI le impuso la presencia de ese sujeto el cardenal Martínez Sistach, de militancia nacionalista que ya ni esconde. Ocurrió esto con motivo de la presentación al pontífice de la Fundación Sagrada Familia, en cuya presidencia puso este purpurado a dicho individuo.

    Los obispos llegan aquí y quedan enredados voluntariamente en la madeja separatista. A veces incluso cayendo en fallos garrafales. Como en el caso doctrinal. O en el canónico. Siempre en el pastoral. Lo de Gimenez es continuación de Piris. Sólo la enfermedad es eximente, como acontece con el obispo de Sant Feliu. Jamás piensan en la mayoría de fieles, siempre se quedan en el sanedrín de separatistas, políticos, que les imponen nombramientos, declaraciones y medidas a tomar.

    Lisa y llanamente es un problema psicológico. Se sienten inferiores y usurpadores de algo que les pertenece a los otros. Así andamos por estos pagos. Ya puede hablar Roma, ya puede insinuar nada la Conferencia Episcopal. Como dicen «I què fot aquest aqui?» expresión obscena de «I que fà aquest aqui? «Y éste qué hace aquí?» «Qué ens ha de dir a nosaltres?» «¿Qué nos tiene que decir a nosotros?

  3. «No me explico cómo la Iglesia le permite a Giménez Valls recurrir en apelación la sentencia, ni lo logro entender mínimamente.»

    Más bien no me explico cómo la Iglesia no lo ha excomulgado ya por ir en contra activamente de una sentencia firme de la Signatura Apostólica. Ya no cuela que lo impide la Generalitat, etc. Aquí está el Decreto definitivo de la Signatura Apostólica (2007):

    https://sijenasi.files.wordpress.com/2018/07/barbastro-monzc3b3n-contra-lc3a9rida-decreto-definitivo-signatura-apostc3b3lica-28-4-2007.pdf

  4. Y escándalo. Debería de haber consecuencias canónicas. ¿De qué sirve una sentencia de la Signatura si no es avalada por consecuencias canónicas como su destitución del Obispado de Lérida y si no acata, pues excomunión. Como obispo, no debería de poder acudir a tribunales civiles y malgastar dinero de los fieles, además de crear escándalo. De esa manera ningún otro obispos se atrevería a hacer lo que hace este sujeto nefasto.

  5. Apropiación indebida y retención injusta. Es un simple robo y, además, con recochineo y escándalo.
    Y ventilando la cosa con malicia en «tribunales paganos» (1 Co 6,1)
    Vaya obispo y vaya pastoral…

  6. Aquí lo que importa es llevarse bien con las fuerzas vivas, las que tienen la sartén por el mango; ni Dios, ni el Vaticano, ni el escándalo generado, ni siquiera esos bienes religiosos tienen apenas importancia. Si por avatares de la historia esas fuerzas vivas quedaran desacreditadas hasta dar paso a otras contrarias a la independencia, ese obispo y muchos como él no tardarían en reconvertirse a la nueva situación, y se apresurarían a devolver esos bienes con toda solemnidad y despliegue de medios. Dan asco.

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