Evidentemente sobran los signos de interrogación.
Convirtiendo esa aportación dinerraria en una vergüenza.
El artículo de Francisco José Delgado es inobjetable porque lamentablemente refleja la pura realidad.
Quienes rechazamos esas absurdas subvenciones de alimentar al enemigo deberíamos considetar si nuestras aportaciones a la Iglesia no terminarán así.