PUBLICIDAD

De un sacerdote amigo

|

Sello episcopal de Antonio Gómez Cantero.svg

Dedicado  al penoso obispo coadjutor electo de Almería.

Para cursilada su escudo episcopal, Con pluma y todo. Si es que los hay…

Esto me escribe mi amigo:

Más de una vez, con mucha pena, hemos tenido que escuchar de profesores, sacerdotes e incluso de obispos que hay una conexión real entre el amaneramiento de algunos sacerdotes y revestirse con alba de puntillas. Incluso, más de uno sostiene, con tono burlesco, que revestirse con ese tipo de ornamentos es muy femenino. Por tanto, quienes se revisten de esta manera están reflejando externamente su actitud interior.

A los que sostienen esta tesis me bastaría con mostrarles algunas fotos de San Pío X, Pío XII y Benedicto XVI. No creo que ninguno se atreva a decirle en la cara al Papa emérito lo que afirman en sus clases o charlas, algunas de ellas visibles en internet. Por otro lado, me parece que algunos sacerdotes tenemos un gusto por lo feo. Muchos no somos culpables de ello, pues el gusto se forma, se educa, como se hace en otros ámbitos como la música, el cine, la pintura, etc.

Cuando escuchas a alguien decir que las puntillas son de amanerados, pues, lastimosamente pierde peso lo que dice. Recurrir a la burla para argumentar en contra, quita credibilidad a quien la usa.

En líneas fundamentales, casi todos estamos de acuerdo que la Liturgia es una acción sagrada, memorial del Misterio Pascual de Cristo, donde el sacerdote que preside junto a la asamblea ofrece la víctima, Cristo mismo, agradable al Padre. Junto con tal valiosísima víctima toda la Iglesia se ofrece a sí misma. Sin embargo, hay algunas afirmaciones secundarias que en muchas exposiciones se sostienen y que necesitan aclaración o puntualización.

La reforma pretendió un cambio de mentalidad y no solo un cambio de ritos, se dice. Esta afirmación es interesante, pues en las conferencias o charlas sobre estos temas se suele rechazar la expresión “Misa nueva”. Se dice que es la misma Misa, que nada ha cambiado. Sin embargo, es realmente una misa nueva. No lo digo yo, sino San Pablo VI en dos audiencias de 1969. El Santo Padre habla, en la audiencia del 19 de noviembre, de “un nuevo rito de la Misa”, “un nuevo espíritu”, “nuevas direcciones”, “nuevas reglas”, “lenguaje litúrgico nuevo y más expansivo”, “innovación”. Añade San Pablo VI: “la Misa se celebrará de una manera bastante diferente a la que estamos acostumbrados a celebrar en los últimos cuatro siglos, desde el reinado de San Pío V, después del Concilio de Trento, hasta el presente «.

Siete días después, en la audiencia del 26 de noviembre de 1969, San Pablo VI nos da a conocer que la celebración es una novedad, un cambio: “Una vez más queremos invitar a vuestras almas a volverse hacia la novedad litúrgica del nuevo rito de la Misa, que se establecerá en nuestras celebraciones del Santo Sacrificio, a partir del próximo domingo, primer domingo de Adviento, 30 de noviembre. Nuevo rito de la Misa: es un cambio, que concierne a una venerable tradición secular, y por tanto afecta a nuestra herencia religiosa”.

Estas citas precedentes no pretenden sino mostrar con las mismas palabras del Santo Padre que realmente la reforma litúrgica apuntó no solo a un cambio de mentalidad, sino también de ritos, que constituyeron de hecho una novedad.

No se puede rezar sino en la lengua materna, dicen algunos. Esta afirmación contradice la enseñanza del Concilio Vaticano II, que reconoce el canto gregoriano como el propio de la liturgia romana, y nosotros usamos el misal romano. Por otro lado, contradice la experiencia cristiana de siglos. Ciertamente, había sus defectos en las celebraciones litúrgicas antes del Vaticano II, en las que se notaba una deficiente participación por parte de muchos fieles, así por ejemplo, los hombres salían a fumar durante el sermón del sacerdote. Sin embargo, pienso en los santos, hombres y mujeres de a pie, que iban a Misa todos los días. ¿Alguien se atrevería a decir que ellos no rezaban, porque no “entendían”? ¿Seguro que no entendían? ¿Quién nos asegura que la gente ahora entienda? Basta con darse una vuelta por las parroquias para percatarnos que muchos ni siquiera saben lo que el sacerdote ha dicho apenas pronunciado el prefacio en su lengua materna. Es suficiente con ver las encuestas para darse cuenta que un alto porcentaje de fieles no cree que en la Eucaristía está Dios, y eso, los que van a Misa.

Hablar de la naturaleza de la Liturgia debería tener un carácter propositivo. Sin embargo, estamos habituados a escuchar críticas muy severas, y a veces injustas, a la misa que celebraba antes del Concilio Vaticano II. Cargar sobre una forma de celebración antigua todos los defectos que notamos, debería, siendo honestos, llevarnos a cargar también sobre la misa nueva todos los defectos y abusos que actualmente se realizan. A esto último, más de uno podrá decir que no son defectos de la celebración en sí misma, sino de los celebrantes. ¿Acaso no podemos decir lo mismo de los abusos antiguos en la misa tradicional? También son culpa del celebrante y de los fieles, y no de la misa tradicional en sí misma.

Los abuelos tenían a veces un modo no aceptable de evitar ciertos comportamientos. Cuando el pequeño estaba a punto de llorar, si sus abuelos eran mal hablados, les decían: “No llores que eso es de…”. Algo parecido sucede con el acercamiento de algunos sacerdotes jóvenes a lo tradicional. Se les dice: “No se te ocurra revestirte de alba de puntillas que eso es de amanerados”. Con ello muchas veces consiguen, a través de etiquetas, que los jóvenes no se acerquen a todo lo que “huela” a tradicional, y no necesariamente a la misa en forma extraordinaria.

Me parece que la atracción a lo tradicional es una consecuencia de los abusos que los obispos aún no logran corregir. Es interesante, pues todos los jóvenes no han sido formados en la misa tradicional. Ni siquiera se les ha hablado de ella en los seminarios, menos en las clases; sin embargo, les atrae. Es algo que quizás a los curas que no son tan jóvenes cuesta aceptar. En la carta a los obispos que acompaña al motu proprio Summorum Pontificum sobre el uso de la liturgia romana anterior a la reforma efectuada en 1970, Benedicto XVI reconoce esa proximidad de los jóvenes a la misa tradicional: “Enseguida después del Concilio Vaticano II se podía suponer que la petición del uso del Misal de 1962 se limitaría a la generación más anciana que había crecido con él, pero desde entonces se ha visto claramente que también personas jóvenes descubren esta forma litúrgica, se sienten atraídos por ella y encuentran en la misma una forma, particularmente adecuada para ellos, de encuentro con el Misterio de la Santísima Eucaristía”. Es interesante el verbo descubrir, pues refleja que es algo que los jóvenes no han visto, pero que han encontrado. Es decir, hay un grupo (coetus en latín) que no necesariamente ha pervivido décadas después de la reforma, sino que ha descubierto y se ha sentido atraído por esta forma de celebración.

Decía un profesor de liturgia: “En clases puedo tener mis opiniones, pero cuando me revisto con una casulla hago lo que hace la Iglesia”. Si la Iglesia afirma que hay dos formas de celebrar la Eucaristía en el rito romano, ¿Quiénes somos nosotros para negarlo? Un fiel cristiano o un sacerdote reconocen que las dos formas de celebración, la ordinaria y la extraordinaria, son válidas. Si hay alguna persona que niega la validez de la misa nueva de San Pablo VI, considérese fuera de la Iglesia. Ambas formas, insistimos, son válidas y sagradas.

Una vez en clases me dijo un profesor: “No necesito conocer la misa tradicional para amar la misa nueva”. A lo que respondí: “Yo tampoco. Pero tiene que reconocer que yo sé más que usted. Pues celebrar la misa tradicional es tener una experiencia de la que usted carece y que se aprende no solo en los libros”. Criticar en mal tono la misa en forma extraordinaria y todo lo que suene a tradicional parece una falta de sensibilidad al pasado, a lo que ha sido y es sagrado. Pero, la sensibilidad, como el gusto, también se educa, se forma, y eso lo facilita la experiencia.

Un seguidor

Dedicado al penoso obispo coadjutor de Almería.

Más de una vez, con mucha pena, hemos tenido que escuchar de profesores, sacerdotes e incluso de obispos que hay una conexión real entre el amaneramiento de algunos sacerdotes y revestirse con alba de puntillas. Incluso, más de uno sostiene, con tono burlesco, que revestirse con ese tipo de ornamentos es muy femenino. Por tanto, quienes se revisten de esta manera están reflejando externamente su actitud interior.

A los que sostienen esta tesis me bastaría con mostrarles algunas fotos de San Pío X, Pío XII y Benedicto XVI. No creo que ninguno se atreva a decirle en la cara al Papa emérito lo que afirman en sus clases o charlas, algunas de ellas visibles en internet. Por otro lado, me parece que algunos sacerdotes tenemos un gusto por lo feo. Muchos no somos culpables de ello, pues el gusto se forma, se educa, como se hace en otros ámbitos como la música, el cine, la pintura, etc.

Cuando escuchas a alguien decir que las puntillas son de amanerados, pues, lastimosamente pierde peso lo que dice. Recurrir a la burla para argumentar en contra, quita credibilidad a quien la usa.

En líneas fundamentales, casi todos estamos de acuerdo que la Liturgia es una acción sagrada, memorial del Misterio Pascual de Cristo, donde el sacerdote que preside junto a la asamblea ofrece la víctima, Cristo mismo, agradable al Padre. Junto con tal valiosísima víctima toda la Iglesia se ofrece a sí misma. Sin embargo, hay algunas afirmaciones secundarias que en muchas exposiciones se sostienen y que necesitan aclaración o puntualización.

La reforma pretendió un cambio de mentalidad y no solo un cambio de ritos, se dice. Esta afirmación es interesante, pues en las conferencias o charlas sobre estos temas se suele rechazar la expresión “Misa nueva”. Se dice que es la misma Misa, que nada ha cambiado. Sin embargo, es realmente una misa nueva. No lo digo yo, sino San Pablo VI en dos audiencias de 1969. El Santo Padre habla, en la audiencia del 19 de noviembre, de “un nuevo rito de la Misa”, “un nuevo espíritu”, “nuevas direcciones”, “nuevas reglas”, “lenguaje litúrgico nuevo y más expansivo”, “innovación”. Añade San Pablo VI: “la Misa se celebrará de una manera bastante diferente a la que estamos acostumbrados a celebrar en los últimos cuatro siglos, desde el reinado de San Pío V, después del Concilio de Trento, hasta el presente «.

Siete días después, en la audiencia del 26 de noviembre de 1969, San Pablo VI nos da a conocer que la celebración es una novedad, un cambio: “Una vez más queremos invitar a vuestras almas a volverse hacia la novedad litúrgica del nuevo rito de la Misa, que se establecerá en nuestras celebraciones del Santo Sacrificio, a partir del próximo domingo, primer domingo de Adviento, 30 de noviembre. Nuevo rito de la Misa: es un cambio, que concierne a una venerable tradición secular, y por tanto afecta a nuestra herencia religiosa”.

Estas citas precedentes no pretenden sino mostrar con las mismas palabras del Santo Padre que realmente la reforma litúrgica apuntó no solo a un cambio de mentalidad, sino también de ritos, que constituyeron de hecho una novedad.

No se puede rezar sino en la lengua materna, dicen algunos. Esta afirmación contradice la enseñanza del Concilio Vaticano II, que reconoce el canto gregoriano como el propio de la liturgia romana, y nosotros usamos el misal romano. Por otro lado, contradice la experiencia cristiana de siglos. Ciertamente, había sus defectos en las celebraciones litúrgicas antes del Vaticano II, en las que se notaba una deficiente participación por parte de muchos fieles, así por ejemplo, los hombres salían a fumar durante el sermón del sacerdote. Sin embargo, pienso en los santos, hombres y mujeres de a pie, que iban a Misa todos los días. ¿Alguien se atrevería a decir que ellos no rezaban, porque no “entendían”? ¿Seguro que no entendían? ¿Quién nos asegura que la gente ahora entienda? Basta con darse una vuelta por las parroquias para percatarnos que muchos ni siquiera saben lo que el sacerdote ha dicho apenas pronunciado el prefacio en su lengua materna. Es suficiente con ver las encuestas para darse cuenta que un alto porcentaje de fieles no cree que en la Eucaristía está Dios, y eso, los que van a Misa.

Hablar de la naturaleza de la Liturgia debería tener un carácter propositivo. Sin embargo, estamos habituados a escuchar críticas muy severas, y a veces injustas, a la misa que celebraba antes del Concilio Vaticano II. Cargar sobre una forma de celebración antigua todos los defectos que notamos, debería, siendo honestos, llevarnos a cargar también sobre la misa nueva todos los defectos y abusos que actualmente se realizan. A esto último, más de uno podrá decir que no son defectos de la celebración en sí misma, sino de los celebrantes. ¿Acaso no podemos decir lo mismo de los abusos antiguos en la misa tradicional? También son culpa del celebrante y de los fieles, y no de la misa tradicional en sí misma.

Los abuelos tenían a veces un modo no aceptable de evitar ciertos comportamientos. Cuando el pequeño estaba a punto de llorar, si sus abuelos eran mal hablados, les decían: “No llores que eso es de…”. Algo parecido sucede con el acercamiento de algunos sacerdotes jóvenes a lo tradicional. Se les dice: “No se te ocurra revestirte de alba de puntillas que eso es de amanerados”. Con ello muchas veces consiguen, a través de etiquetas, que los jóvenes no se acerquen a todo lo que “huela” a tradicional, y no necesariamente a la misa en forma extraordinaria.

Me parece que la atracción a lo tradicional es una consecuencia de los abusos que los obispos aún no logran corregir. Es interesante, pues todos los jóvenes no han sido formados en la misa tradicional. Ni siquiera se les ha hablado de ella en los seminarios, menos en las clases; sin embargo, les atrae. Es algo que quizás a los curas que no son tan jóvenes cuesta aceptar. En la carta a los obispos que acompaña al motu proprio Summorum Pontificum sobre el uso de la liturgia romana anterior a la reforma efectuada en 1970, Benedicto XVI reconoce esa proximidad de los jóvenes a la misa tradicional: “Enseguida después del Concilio Vaticano II se podía suponer que la petición del uso del Misal de 1962 se limitaría a la generación más anciana que había crecido con él, pero desde entonces se ha visto claramente que también personas jóvenes descubren esta forma litúrgica, se sienten atraídos por ella y encuentran en la misma una forma, particularmente adecuada para ellos, de encuentro con el Misterio de la Santísima Eucaristía”. Es interesante el verbo descubrir, pues refleja que es algo que los jóvenes no han visto, pero que han encontrado. Es decir, hay un grupo (coetus en latín) que no necesariamente ha pervivido décadas después de la reforma, sino que ha descubierto y se ha sentido atraído por esta forma de celebración.

Decía un profesor de liturgia: “En clases puedo tener mis opiniones, pero cuando me revisto con una casulla hago lo que hace la Iglesia”. Si la Iglesia afirma que hay dos formas de celebrar la Eucaristía en el rito romano, ¿Quiénes somos nosotros para negarlo? Un fiel cristiano o un sacerdote reconocen que las dos formas de celebración, la ordinaria y la extraordinaria, son válidas. Si hay alguna persona que niega la validez de la misa nueva de San Pablo VI, considérese fuera de la Iglesia. Ambas formas, insistimos, son válidas y sagradas.

Una vez en clases me dijo un profesor: “No necesito conocer la misa tradicional para amar la misa nueva”. A lo que respondí: “Yo tampoco. Pero tiene que reconocer que yo sé más que usted. Pues celebrar la misa tradicional es tener una experiencia de la que usted carece y que se aprende no solo en los libros”. Criticar en mal tono la misa en forma extraordinaria y todo lo que suene a tradicional parece una falta de sensibilidad al pasado, a lo que ha sido y es sagrado. Pero, la sensibilidad, como el gusto, también se educa, se forma, y eso lo facilita la experiencia.

Un seguidor

Comentarios
26 comentarios en “De un sacerdote amigo
  1. Este imbecil con balcones a la calle no se ha percatado de los encajes y puntillas de las puñetas de jueves y magistrados? No se ha percatado de las chorreras y jaretas de las camisas de los toreros? Estarán ambos colectivos llenos de afeminados?? Pienso que esta situación era ya lo último que podríamos ver y pensar en la Iglesia. Ojalá no pasara de obispo auxiliar y ojalá que el siguiente Papa intentará enmendar esta situación de unos mendrugos con pectorales y muchos prejuicios. Un Personaje que tiene arrasada su antigua Diócesis, y tiene unos movimientos y gestos corporales bastsnte rarillos todo su afán sea acabar con el boato… Dice muy poco de él
    https://youtu.be/Yx4zppsdrHI

  2. Con puntilla y sin puntilla,
    quien cojea cual palomo,
    denota ser hombre «romo»,
    y con maneras se hombría.
    Pues si lo malo,señores,
    es lo que sale de dentro,
    no hagamos del traje centro
    alrededores.
    Vista la mona de seda,
    de franela o de percal,
    mona sigue hasta el final;
    pues que en su esencia se queda…

    1. Y hablando de hombría y trajes, pues, ¿qué dirán esos cínicos cuando ven los cuadros de los mosqueteros? O ¿viendo los retratos del mujeriego Enrique VIII y sus trajes? ¿Me van a decir que son del otro bando?

  3. Este tipo es bastante sectario. He tenido la oportunidad que no el gusto de hablar dos veces con él. Es muy prepotente y orgulloso, cree que está por encima del bien y del mal y te juzga según tu manera de pensar. Me dio la sensación de que era bastante maniqueo e ideológico. Un peligro para la diócesis donde lo dejen. Pobres sacerdotes que no sean de su cuerda…

  4. aunque pablo vi nunca hubiese promulgado la reforma liturgica de 1969, y por ende, hubiese mantenido el misal y la misa de san pio v, la devastacion eclesial que trajo el postconcilio y el abandono masivo de fieles alrededor del mundo habrian ocurrido de igual forma. aunque osoro, omella, y todas las parroquias diocesanas de madrid y barcelona, por poner un ejemplo, celebrasen la misa con el misal de san pio v, los seminarios diocesanos de madrid y barcelona seguirian sin llenarse y las parroquias de dichas diocesis vaciandose de fieles cada dia como hasta ahora. por ende no creamos la fantasia eclesial de que con la misa preconciliar estariamos muchisimo mejor, porque eso es asi. es mas, aunque viniese un papa hipertradicionalista despues de bergoglio, o del sucesor de bergoglio, que aboliese el misal de pablo vi y reimpusiera el misal de san pio v, la iglesia seguiria en picada. o es que acaso james martin s.j. celebrando misa con el misal de san pio v dejaria de ser promotor de la ideologia lgbt dentro de la iglesia? y que conste que no soy detractor de la misa de san pio v ni del tradicionalismo catolico, es mas soy defensor de que dentro de la iglesia exista un espacio eclesial lo suficientemente grande para acoger tanto a la misa de san pio v y al tradicionalismo catolico.

    1. Eso es un futurible. Sólo sabemos que las comunidades que se han mantenido más cerca de la Tradición han sufrido menos la debacle.

      1. no es ningun futurible, son hechos puros y duros. y efectivamente, las comunidades que se han mantenido mas cerca de la tradicion han sufrido menos la debacle, pero son bastante minoritarias dentro del contexto eclesial.

    2. Misa de hoy, Sábado de Témporas en la Abadía de Sainte Madeleine du Barroux en Francia.

      https://www.youtube.com/watch?v=VTH-0gmoFqY

      Tienen la liturgia de San Pío V, con las modificaciones que hizo Pablo VI antes de acabar el Concilio, con la llamada Misa Normativa, Pero,la dignidad y sentido religioso salta a la vista. La Abadía de Le Barroux se ha visto obligada a fundar en Sainte Marie de La Garde, donde hay una Comunidad muy fervorosa, con su Prior Dom Marc. Son un buen ejemplo y muy apreciados por ewl Obispo y el clero local. La liturgia de Le Barroux atrae vocaciones.

    3. Se ha puesto una condición imposible de verificar. Por tanto no sabremos jamás, si de haber seguido la misa tradicional, hubieran habido o no cambios. No hay forma.

  5. La carta es muy sensata y hace un diagnóstico muy certero de lo venimos viviendo desde hace medio siglo. No obstante, sigo pensando que el obispo coadjutor de Almería es un IMPRESENTABLE que roza y abraza el cretinismo.

  6. Este obispillo mediocre ya quisiera tener la mitad de los cojones que tuvieron muchos de aquellos que él llama «amanerados» cuando la persecución del 1936/1939.
    Por cierto yo uso puntillas y lo más femenino que tengo son los pendientes que me cuelgan en la entrepierna.

  7. Yo le diría a ese confesor que, efectivamente, tiene razón. No necesita conocer la Misa tradicional para amar la misa nueva. La única manera que tiene de seguir amando la misa nueva es exactamente negándose a conocer la tradicional. En el momento en que la conozca y se permita a sí mismo abrir los ojos, ese pequeño espejo nuevo se le romperá en pedazos.

  8. He conocido unos cuantos sacerdotes, progres en mayor o menor grado, que sí que eran amanerados. No me extrañaría que fuesen unos … Ya saben. Después del sacrosanto concilio, entraron muchos … Ya saben. En vez de expulsarlos, como ocurría en los buenos tiempos, los dejaban dentro. Más tarde vendría la ola de pederastia.
    En cambio, de todos los sacerdotes tradicionales que he conocido, ninguno tenía ramalazos ‘ locos’. Buen fin de semana.

  9. supongo que la tradición de las puntillas viene de los siglos XV y aledaños, cuando los nobles las llevaban, como signo de poder, pues hasta que se inventaron las máquinas, los encajes eran carísimos y los hechos a mano, ahora mismo están al alcance de muy pocos.

    Y como se entendía que para Dios lo mejor de lo mejor, pues eso.

    Lo que tienen que pensar estos tan ‘machos’ es que haya un mínimo de dignidad y no se pongan esos ‘ponchos’ que parecen comprados en un todo a cien. Sin darse cuenta que a Dios hay que ofrecerle lo mejor.

    En fin, que la incultura y la imbecilidad humana son muy atrevidas.

  10. Y, en fin, me sorprende la ignorancia de Pablo VI al creer que el Concilio de Trento impuso una determinada forma de celebrar la Misa. Esta forma venía de muy atrás.

  11. «Me parece que la atracción a lo tradicional es una consecuencia de los abusos que los obispos aún no logran corregir».

    No creo que sea así. Muchos fieles preferimos la liturgia tradicional porque expresa mejor la teología católica sobre la Misa, no por los abusos del Novus Ordo.

    En cuanto a las puntillas, también las usaban Luis XIV y todos los señores de su época y no por eso eran unos afeminados. Tampoco la sotana y el alba son prendas femeninas por ser talares.

  12. «…así por ejemplo, los hombres salían a fumar durante el sermón del sacerdote».

    Eso era una costumbre popular que practicaban algunos hombres, no todos, que la Iglesia no aprobaba ni alentaba. Y, aunque no fuera un comportamiento edificante, hay que recordar que la homilía no forma parte de la Misa. Por eso el sacerdote solía desprenderse de la casulla para subir al púlpito a predicar.

  13. A tales imbecilidades,como hasta en el gender,nada mejor que tapar bocas a golpes de Biología(con su carga científica,naturalista y hasta ecológica, que hoy tanto gusta):¿Es amanerado el león,mucho más pomposo que la leona?¿o el el pavo real frente a la pava?¿o el humilde gallo de corral comparado con la prosaica gallina?
    Claro,que a la luz de la suprema ignorancia que denota pensar que las aves hembra ovan a consecuencia de las violaciones de sus machos,se entiende todo.Por circunstancias de la vida,hace un año y medio que hube de salvar a un pichón de paloma, herido y medio muerto.Salió del trance,y creció;mas,como quedó con deficiencias físicas,no he podido soltarle,ya que ello sería condenarle a una muerte segura.Bien:Resulta que es hembra,y no para de poner huevos.Y juro por lo más sagrado que «no conoce varón»;ni palomo…

    1. Ni hace falta jurar, el huevo que comemos, es el óvulo no fecundado de la gallina, es ignorancia, como tantas otras, con poca ciencia se generan esas tonterías. Si dedicarán más tiempo a leer tratados científicos en lugar de a Derriba y Adorno.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *