Creo que conviene leerla. Es esta:
Querido amigo:
Te escribo, por un lado, en tu condición sacerdotal y en el otro en la mía de coordinador de geriátricos, que se encuentra inmerso en medio de esta ola que ya tenemos encima y que nos amenaza con llevarse por delante a muchos de los nuestros, sobre todo a los más mayores y enfermos.
La situación, sin intentar ser alarmista, es muy desesperada y, especialmente lo es para los ancianos. Fundamentalmente por el riesgo cierto e inminente de colapso del sistema sanitario (particularmente de las unidades intensivistas) donde, de seguir creciendo los casos positivos de Covid-19, va a ser imposible dar respuesta y dotar de instalaciones medicalizadas de UVI, intubaciones etc a todos los casos.
Esto conlleva que, llegado el caso extremo de no poder atender a todos, al igual que tras una batalla, se priorice la atención a los que tienen más posibilidades de supervivencia y/o más esperanza de vida, teniendo que dar por desahuciados a aquellos que tuvieran menos posibilidades de salir adelante, es decir, polipatológicos y/o agudos, añosos etc
Así pues es clave que la curva de propagación del virus sea lo más achatada posible, es decir, que los casos se distancien en el tiempo todo lo posible para poder llegar a atender a todos y con más medios. Es decir, sanitariamente se consiguen salvar muchas más vidas con 1000 contagios en un mes que con los mismos 1000 en una semana. En conseguir ralentizar esto, está en juego la vida de muchos ancianos de nuestro país.
Ancianos, muchos de ellos, que tienen miedo (uno me decía hoy que por favor lo protegiera de que “eso no llegue aquí, porque si llega yo voy el primero”). Lo único que está en nuestra mano para frenar la propagación es, mantener una higiene escrupulosa y evitar el contacto con las demás personas para evitar incrementar los contagios.
Es por ello que me atrevo a pedirte, bajo mi estricta conciencia y en nombre de esos ancianos enfermos que son los que tienen más difícil salvar esta ola, que dispongas -si es de tu competencia hacerlo- y si no pidas que se disponga a quien tenga la competencia canónica, la supresión del precepto dominical en tu jurisdicción, y la prohibición explícita del agrupamiento de personas en los templos y actos de devoción, sea en culto público o privado, durante al menos el resto de esta Cuaresma.
Creo que, al igual que ha hecho en otros muchos momentos históricos de manera admirable, la Iglesia de hoy está llamada prioritariamente a la atención y cuidado, corporal y espiritual, de sus hijos más indefensos, aunque ello pudiera conllevar buenas dosis de sacrificio de todos nosotros en dicha atención y cuidado, incluida la posibilidad de la experiencia martirial por medio del contagio.
Nuestro sitio hoy está junto a aquellos que están en observación, cuarentena domiciliaria, en confinamiento, en las UVIs o en el aislamiento de residencias de ancianos enteras. Acompañándoles, rezando por y con ellos, consolando su preocupación y la de sus familias (a los que muchos tienen incluso prohibido ver), y ayudándoles a encontrar el rostro de Dios tras todo esto.
Por favor que no nos avergüence nadie más diciendo la medida estrella de que se retire el agua bendita de las pilas (¡¡¡para ese tipo de obviedades no necesitamos pastores!!!), sino que salga la Iglesia sufriente, orante y expectante.
Que salga la Iglesia dispuesta a meter la mano en la herida del costado mismo de Cristo ¡hoy la herida del contagio!, para anunciar a los que hoy están (estamos) tan desesperados que Él ha resucitado y vencido a la muerte y que además nos ofrece la salvación por medio de su Iglesia y de los Sacramentos.
No hemos vivido en España una situación socio-sanitaria como esta desde la Guerra Civil, situación que tristemente parece no ha hecho sino empezar. Ojalá hoy, como entonces, sepamos estar a la altura de lo que Nuestro Señor, y el momento histórico, demandan de nosotros.
Y, por favor, la tecnología hoy nos permite rezar, acudir a la Santa Misa, a actos de culto y, por cierto, a buenísimos sermones y catequesis por internet y/por radio y tv como para tener que (re)llenar alguna Misa aún a costa de posibles contagios.
¡Multipliquemos nuestros esfuerzos para llegar a todos por separado!
Te pido perdón si he sido demasiado atrevido, pero he pretendido ser voz de tantos mayores, hijos de la Iglesia, a los que en este momento pongo cara, que están en riesgo cierto de morir si no conseguimos paliar entre todos la velocidad de esta pandemia.
Que Santa María, Madre de la Iglesia, nos ilumine y ayude en este difícil trance.
Un abrazo
Francisco Sigüenza
Coordinador de geriátricos
Mensajeros de la Paz