
Don Carlos es persona con muchas cualidades humanas y también con defectos como hombre que es. Y algunos de estos posiblemente fruto de sus cualidades. Es persona extrovertida, de muy notable simpatía y mucho más amigo de puentes que de muros. Y posiblemente de esos puentes vengan no pocos de los recelos que algunos, también desde el Blog, le manifiestan.
Los puentes son necesarios y utilísimos pero siempre que nos lleven a algún sitio. En Avignon está el puente más inútil del mundo. Sólo lleva a la mistad del río. Creo que debe ser el Ródano pero no me apetece ahora confirmarlo. Y a algún sitio al que convenga ir. Porque un puente a una orilla en la que no haya nada o sólo víboras no vale la pena ni construirlo ni transitarlo.
Aunque en ello hay que tener en cuenta también que lo que uno puede opinar de la otra orilla, y para no pisarla, el arzobispo puede pensar, y hasta es posible que con razón, que es bueno para la Iglesia y para algunas almas cruzarlo. En lo que se puede equivocar o no. Yo no me atrevo a juzgarlo desde una total seguridad.
Y menos cuando también atraviesa otros puentes, con su proverbial sonrisa y sus múltiples abrazos, a lugares óptimos. Como el que hoy os traigo. Caben, por supuesto, las críticas pero también deberían caber las felicitaciones. Creo que a mi arzobispo le trato bien cosa que en principio y salvo pruebas muy claras en contrario estimo que debería ser la actitud de todos los fieles para con el sucesor de los Apóstoles que les ha tocado. Sin la menor obispolatría que me parece impropia de los católicos. Y en la que creo no incurrir. Pero tampoco estoy con la escopeta cargada para disparar a la primera que salte y que no pocas veces merece una actitud benévola aun sin compartir la posición episcopal. Que puede estar equivocada.
Don Carlos es objeto de numerosas críticas que no niego puedan tener algún fundamento. Pero es posible que en no pocas ocasiones tal vez no tanto. Sus errores, graves o menos graves, que los ha tenido, como todos, numerosas veces han venido al Blog los del gran Papa que fue Benedicto XVI en nombramientos, los está pagando con sangre y lágrimas. Y en él, que busca y desearía ser amado por todos, posiblemente con heridas más dolorosas. ¿Le han enseñado las sufridas? Yo no lo sé aunque me gustaría que sí. Triste pontificado para él, que necesariamente tiene que ser breve, ya tiene 72 años largos, si concluyera con un desamor de no pocos de sus hermanos obispos, de parte importante de su clero y de bastantes fieles que no son precisamente la mayoría de los mismos que no se enteran de nada y que tampoco aman nada. O casi nada.
Don Carlos acaba de estar presente, cruzando un puente que llevaba a un muy buen destino, en el inicio de un colegio sólo de chicos en una conjunción feliz de dos carismas de vida religiosa que me parecen extraordinarios. El Mater y los Discípulos. Estuvo y estuvo muy bien. Y debió sentirse también feliz con tanta acogida rebosante de agradecimiento al pastor. No soy un especialista en Osoro pero por lo que creo conocer, y algo conozco, pienso que fue un momento gratísimo para el cardenal. Aunque es cierto que lo tenía fácil. Sólo con hacerse presente.
No soy nadie para recomendar nada a mi cardenal arzobispo. Pero desde mi nadedad me permitiría aconsejarle que se prodigara todavía más con los suyos, que ya ve como le acogen, y algo menos con los que no lo son. Porque esa es la impresión que los medios de comunicación transmiten aunque algunos sabemos que es falsa e interesada. El arzobispo está muchísimo más con su Iglesia que con los aledaños y extraaledaños. Pero es malo para usted que los fieles y hasta su clero piensen que no. Habría que contrarrestar eso de algún modo. Tiene cualidades más que sobradas para meterse a su clero en el bolsillo y además ellos están deseando meterse. Eso es de absoluta necesidad. En homilías y en conversaciones particulares con los fieles que suelen ser mucho más efectivas que aquellas. Desde Alfa y Omega, medio privilegiado que yo he dejado de leer por parecerme de absoluta inanidad. Y a mí lo inane, en personas o medios, me parece que carece del más mínimo interés. Y sabe, a nada que me conozca, que tal vez algo me conoce, que no le tengo ni mínimamente por inane.
En el Blog no voy a ser ni su turiferario ni un francotirador al acecho para dispararle alevosamente. Me encantará recoger actuaciones como la de ayer porque me parecen importantes. Por ella y por su persona. Que es usted mi arzobispo y hasta es posible que algo más.
Que hay Stellas y Stellas. Hoy han venido dos al Blog. Ambas cardenalicias.