ARGUMENTO A FORTIORI

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El joven rico representa a todo ser humano sediento de verdad

ARGUMENTO A FORTIORI

Cristo es el Maestro y como tal, usa todos los medios para convencernos y persuadirnos, incluso los argumentos de la dialéctica y la retórica clásica: hoy le toca al conocido como “a fortiori”, que en criollo podríamos llamar “con mayor razón”.

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Este argumento, muy usado en el campo jurídico, tiene dos formas: a minori ad maius y a maiore ad minus; ejemplo del primero: si está prohibido herir, está prohibido matar; del segundo, que se manifiesta en el brocardo, “quien puede lo más, puede lo menos”, ejemplo: si puedo adquirir un inmueble por usucapión, también puedo adquirir cualquier otro derecho real, como el usufructo. 

En tiempos de Cristo era habitual que los sabios fueran elegidos como mediadores y un hombre le pide al Maestro “di a mi hermano que reparta la herencia conmigo, pero la negativa es terminante: “¡Hombre! ¿Quién me ha constituido juez o partidor entre vosotros?” (Lucas, 12, 13/14). Él no había venido al mundo para hacer de árbitro o juez civil, sino para redimir a los hombres, para predicarles el Reino de Dios y su justicia,

Como el pedido a los sabios era razonable, pondremos otro ejemplo que aparece en el libro: “Beremiz, el hombre que calculaba”. Un padre tenía tres hijos y 35 camellos. En su testamento le dejaba la mitad al mayor, la tercera parte al segundo y la sexta al menor. Los herederos discutían, maldecían al difunto y estaban por serruchar a uno de los animales, porque la mitad era 17 y medio. 

Beremiz fue llamado para solucionar el asunto y como montaba el camello de un amigo, aceptó, pero incluyendo en el acervo el camello de su compañero, al cual tranquilizó: no te preocupes, conozco matemáticas. Al mayor le ofreció 18, al segundo 12 y al menor 4. Todos contentos y como sobraban dos, devolvió el suyo a su amigo y el otro fueron sus honorarios. Como comprobamos el derecho y la justicia, no son realidades cuantificables, pero saber matemáticas sirve a veces para resolver cuestiones jurídicas. Por algo Platón escribió a la entrada de la Academia: no ingrese aquí quien no sabe matemáticas.

Volvamos al Evangelio, según el cual, el Maestro dijo a sus discípulos: “No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis: porque la vida vale más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido; fijaos en los cuervos, no siembran, ni cosechan; no tienen bodega ni granero, y Dios los alimenta. ¡Cuánto más valéis vosotros que las aves!… Fijaos en los lirios del campo, como ni hilan ni tejen. Pero yo os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba que hoy está en el campo y mañana se echa al horno, Dios así la viste ¡cuánto más a vosotros, hombres de poca fe! Así pues, vosotros no andéis buscando que comer y que beber, y no estéis inquietos. Que por todas esas cosas se afanan los gentiles del mundo; y ya sabe vuestro Padre que tenéis necesidad de eso. Buscad más bien su Reino, y esas cosas se os darán por añadidura” (Lucas, 12,22/31).

Como bien comenta los Chaim Perelman, el argumento a fortiori no es en sí mismo específicamente jurídico… y no es un razonamiento puramente formal, pues Jesús “está presuponiendo que los hombres merecen mayor atención que los pájaros” (La lógica jurídica y la Nueva Retórica, Civitas, Madrid, 1959, p. 18).

Para finalizar esta nota, volvamos al consejo -no mandato- evangélico: “Vended vuestros bienes y dad limosna. Haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro inagotable en los cielos, donde no llega el ladrón, ni la polilla: porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Lucas, 12, 33/4).

Cristo distingue con claridad los mandatos de los consejos y aquí el texto clave es el pasaje del joven rico: “Se le acercó uno y le dijo: Maestro ¿qué debo hacer de bueno para conseguir la vida eterna? Él le dijo: ¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el Bueno. Mas si quieres en la vida, guarda los mandamientos. ¿Cuáles? Y Jesús dijo: ‘No matarás, no cometerás adulterio, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre y amarás al prójimo como a ti mismo”. Dícele el joven: Todo eso lo he guardado”. El joven rico había cumplido los mandatos de la ley divina y era una buena persona.

Pero, inquieto, pregunta: ¿Qué más me falta? Jesús le dijo: “Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres… y sígueme”.

Al oír estas palabras el joven se marchó entristecido porque tenía muchos bienes (Mateo, 19,14/22). Rechazó la convocatoria de Jesús, que lo había buscado en vano; no siguió el consejo. Esto para los herejes que entonan el canto del pedófilo: “no has buscado a sabios ni a ricos”.    

En estos tiempos tan confusos y oscuros que nos toca vivir, pidamos a Dios todopoderoso, fuente de luz y de sabiduría y Principio de todas las cosas, que ilumine nuestro entendimiento con un rayo de su claridad y que aparte de él las tinieblas del pecado y de la ignorancia en las cuales nacimos, que nos de acierto al empezar, dirección al progresar y perfección al acabar (Oración de Santo Tomás de Aquino)  nuestra tarea en este valle de lágrimas. 

Buenos Aires, junio 23 de 2024                                Bernardino Montejano   

 

  

Comentarios
1 comentarios en “ARGUMENTO A FORTIORI
  1. 35 + 1 = 36
    La mitad son 18, la tercera parte son 12, y la sexta parte son 6.
    En total, 36, no 34.
    creo que no me equivoco en los números.
    El sentido del cuento es claro y no hay nada que objetar, ni quero quitarle mérito, pero el enunciado sería perfecto si, en lugar de dar al tercero la sexta parte, se le diera la novena parte (4), con lo que la suma de lo entregado en herencia serían 34.
    Quizá es que algunos somos un poco maniáticos con los números.

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