Lo he dicho cuarenta veces. Ni Zornoza es mi amigo ni lo quiero como amigo.
Le están dando no ya en el carnet de identidad sino hasta en los mismísimos cataplines. No me duelen nada las coces que le dan. Que se defienda él o lo hagan sus amigos si los tiene.
Pero yo escribo de Iglesia. Y por lo que veo, ese inmenso clamor contra el obispo, que inunda Cádiz y hasta la mar océana, es una mierda pinchada en un palo y exagerando mucho. Porque no llega ni a cagarruta y sin palo.
Conviene que se sepa. No tanto por Zornoza sino para que se vea lo que es esa inmensa manifestación de rechazo. Nadie.
Tampoco tienes, Zorni, que darme las gracias, cosa que igual no has hecho nunca a lo largo de tu ya larga vida con nadie, no las quiero para nada. Y lo que manifiesto no es por la menor simpatía hacia ti sino por parecerme más impresentables los otros. Que triste debe ser para ti que sea yo quien salga en tu defensa. En esto, contigo. Aunque es muy posible que nos encontremos incómodos los dos, España y yo somos así, señora