
«Este año va a ser difícil para Omella, que acaba de perder a su madre a los 100 años, que él mismo será octogenario, que dejará la sede de San Paciano, y que verá como su inmensa influencia en la Iglesia quedará reducida prácticamente a la nada. Siempre le quedará contar «batallitas» con sus colegas generacionales ya jubilados en la residencia de sacerdotes ancianos del Seminario de Zaragoza».
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Parece dar por seguo que se retirará a Zaragoza. Parece lo previsible ya que en Barcelona no le quiere nadie. De quedarse allí iba a estar más solo que la una.
En Zaragoza, donde tiene relaciones, este enredador permanente será un problema para su arzobispo pues será incapaz de estar en Zaragoza sin intrigar.