UN GRAN FILÓSOFO Y UN GRAN SACERDOTE

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IMPERDIBLE DOCUMENTO: La histórica y profética homilía de Monseñor Podestá que le costó ser "misericordiado" por Bergoglio - Infovaticana Blogs

UN GRAN FILÓSOFO Y UN GRAN SACERDOTE
El primero, es Heráclito de Éfeso; el segundo, monseñor Gustavo Podestá. Dos casos
similares en su reacción ante la ignominia: el primero renunció a su título de rey-sacerdote,
para retirarse al templo de Artemisa; el segundo renunció a la vida porteña, para retirarse a un
aislado campo bonaerense.
Comencemos con la noble figura del filósofo presocrático; uno de los grandes griegos
preocupados por el problema del arjé, del fundamento del orden cósmico. Siempre
recordaremos nuestra visita a Éfeso, esa ciudad griega, cuyas ruinas custodian los turcos
ladrones, con dos objetivos: escuchar misa en la casa de la Virgen María y visitar el templo de
Artemisa, del cual queda una sola columna.
Allí se retiró Heráclito harto de la inconducta de quienes gobernaban su ciudad
quienes se habían vuelto inesenciales, eran mentiras encarnadas, contra quienes protesta. Un
día, los acusados lo visitaron para proponerle redactar la constitución de la ciudad. Su negativa
fue ejemplar con el gesto de seguir jugando con los chicos que lo rodeaban: juego a un
verdadero juego con verdaderos niños; en cambio ustedes carecen de verdad y por eso
redactar una constitución es inútil cuando las costumbres están corrompidas.
No podemos dejar de mencionar algunos fragmentos inolvidables: “todos los nomos
humanos se nutren de un único Logos divino”: o sea todos los nomos, o sea las leyes, las
sentencias, las costumbres particulares se alimentan del Logos divino, anticipo de la Ley eterna
de estoicos y cristianos.
“El pueblo debe luchar por el nomos y por las murallas”, porque a todo pueblo acechan
dos enemigos: el extranjero que adormece a los centinelas mientras penetra en el territorio y
otro más peligroso y menos visible, el que Maurras llamaba “extranjero del interior”, el traidor,
el cipayo, que busca destruir su tradición, su nomos.
“No existiría el nombre de la justicia, si no existiesen estas cosas” (las injusticias),
porque el filósofo busca a la justicia a partir de las injusticias, al derecho a partir del entuerto.
De esto tenemos gran experiencia los argentinos cuando con frecuencia protestamos y
decimos: ¡No hay derecho!»
“Para Dios todas las cosas son buenas y justas, pero los hombres estiman que algunas
cosas son justas y otras injustas”, fragmento coincidente con las Sagradas Escrituras que
apuntan a distinguir la mirada de Dios que ve desde el todo y la nuestra, parcial y fragmentaria
que ve o hasta a veces ojea, desde la parte.
Y algún fragmento revolucionario como “Todos los efesios maduros deberían colgarse
y dejar el gobierno a los niños, porque son los únicos a los que la diosa ama” (cito de
memoria). Y la razón está en que esos niños siguen siendo esenciales, son verdaderos niños, en
cambio los adultos, las “personas mayores”, como dirá mucho tiempo después “El Principito”,
clausurados en sus vanidades y sus negocios, en su politiquería y en sus idolatrías, han perdido
lo más humano, en el lenguaje de Gabriel Marcel.
Reivindicamos así, al verdadero Heráclito, al “filosofo que llora” ante las ruinas de su
Patria que le duelen, al buscador del principio del orden y no al falso Heráclito que inventaron
esos reduccionistas al encerrarlo en la frase de Cratilo, su discípulo: “todo fluye”.
Y ahora vamos a la segunda figura, monseñor Gustavo Podestá, admirable párroco de
“Mater Admirabilis”, misericordiado por un inferior con poder.. A él lo conozco desde
hace muchos años y quiero compartir un par de recuerdos: elprimero, cuando un gran sacerdote
el Padre Antonio González, nos convocó para hablar en un ciclo “Cristianismo y civilización
moderna” junto a Podestá, en el que también intervinieron el P. Meinvielle y Sacheri.
Otro recuerdo el P. González era un aristócrata, pero tenía buenas
relaciones con su arzobispo, un plebeyo, según el P. Alfredo Sáenz, aunque casi un santo si lo
comparamos con sus sucesores hasta hoy, quien lo consultó acerca de la designación de un par
de auxiliares, González no dudó: Aguer, Podestá. Como todos sabemos, el primero fue
nombrado, el segundo, ignorado.
Comenzaremos esta parte de la nota con el sermón del 28 de agosto de 2005, con
motivo del escándalo del obispo Juan Carlos Maccarone, quien fue profesor emérito de la UCA.
En esa ocasión dijo Podestá: “Aunque dolidos en nuestro más profundo ser de
católicos, avergonzados ante el mundo, sacudidos en nuestras convicciones humanas,
perplejos por la lenidad con la cual se trata a uno de los más graves y dolorosos escándalos de
la historia de la Iglesia Argentina, no podemos tampoco extrañarnos de los extremos
pavorosos de la indignidad del hombre. En estos tiempos ya hemos visto de todo… Como decía
Nicolás Gómez Dávila: lo que aleja de Dios no es el pecado, sino el empeño en disimularlo”.
El arzobispo lo citó intimándolo a rectificarse. Ante la sin razón, Podestá ratificó lo
dicho y renunció.
Simultáneamente, en nuestra cátedra de dicha universidad, examinamos la gravedad
diversa de los distintos pecados sexuales y su aumento con el sacrilegio cometido por algún
consagrado. Lo aplicamos al mismo caso y fuimos poco después jubilados por cometer un
nuevo pecado: cumplir 65 años y no morirnos. Pero la clase fue publicada en Verbo, n° 449-50,
Madrid, 2006.
Podestá, con quien colaboró María Rosón publicó un excelente Catecismo Madre
Admirable. Del mismo nos limitados a limitar una lección, la n° 11, del Tomo II, titulada
“Domingo”. Allí después de mostrar la división del tiempo de egipcios, romanos y babilonios,
enseña que “el pueblo judío inventó la semana, en el siglo VI a. C. y la impuso con el hermoso
poema de la creación, que leemos en el Génesis, que no es un relato científico, sino una
hermosa presentación de la relación de Dios con el universo y con el hombre. Y entre los días
de la semana sobresale el Domingo, el día del Sol, nuestro día, porque Cristo resucita, porque
es un “anticipo” del cielo.
También nosotros defendemos ese día y lo consideramos el último bastión de la
cristiandad, como se titula un artículo publicado en Verbo, n° 435-436, Madrid, 2005. En él
sostenemos la importancia festiva del día del Señor, más importante que el calendario, porque
al hablar del año 2024 pocos piensan que es contado desde el nacimiento de Cristo.
Y así como una ciudad necesita del templo, de un lugar donde Dios tenga su casa y no
por necesidad de Dios, que se encuentra en todas partes, sino del hombre y de la ciudad,
porque sin templo ella es inhumana, también el tiempo y sus días necesitan del Domingo, día
sagrado, día del Señor, no por necesidad de Dios, que está fuera del tiempo, sino por
necesidad del hombre y de la ciudad, porque sin Domingo, ese tiempo es inhumano.
Buenos Aires, junio 30 de 2024. Bernardino Montejano

 

Comentarios
2 comentarios en “UN GRAN FILÓSOFO Y UN GRAN SACERDOTE
    1. Era un plebeyo y así lo demostró cuando lo nombró monseñor a el padre Antonio González Silvano al presentarlo y dejarlo en ridículo; y al presentar los primeros ejemplares de las Aproximaciones de la UCA; todo eso lo viví, no son dichos ejenos. Lo de plebeyo lo ratifico, no está de más.

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