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Ni SÍ ni NO sino todo lo contrario.

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Es lo que tiene el mucho hablar: que uno no se acuerda de todo lo que ha dicho, y acaba diciendo, más pronto o más tarde, lo contrario de lo que ya había declarado. Y, como es lógico, la confusión está servida. Por no calificar la cosa de otra manera.

De esta forma, el hablar del susodicho se convierte, fácil y necesariamente, en cháchara, facundia, labia, garrulería, parloteo, locuacidad…, términos que solo denuncian la propia incontinencia verbal y manifiestan una superfluidad de libro. Bueno: de Enciclopedia o, ya que estamos, de Wikipedia.

Y lo siento de corazón por ser la persona que es.

Me refiero a casi lo último -de momento, hasta este mismo momento- que ha dicho: “Vemos tantas veces a gente que va a la Iglesia todos los días, y luego vive odiando a los otros y hablando mal de otros: son un escándalo. Mejor que no vaya a la Iglesia, que vivan como ya lo hacen: como ateos”.

Como andanada no está nada mal, la verdad. Otra cosa es que tal “andanada” case bien con el oficio eclesial -Supremo Pastor, Vicecristo en la tierra- del que así habla. Cosa a la que, por otro lado, nos tiene acostumbrados prácticamente desde el primer día que llegó.

El problema no está sólo en lo que dice -que ya lo genera-, ni a quién se dirige -con lo que lo agrava, en mi opinión-, sino en que dice exactamente lo contrario a otras situaciones de miembros de la Iglesia que hacen cosas mucho peores o, como mínimo, más fácilmente evaluables. Por no preguntarle -inútilmente, ya lo sabemos- que a cuántos conoce en esa situación: gentes que van todos los días a la Iglesia y viven odiando a los otros y hablando mal de ellos. ¿Conoce realmente a alguno?

Pero a lo que iba. Hace ya un tiempo más que apreciable, nos hablaba de que la Eucaristía, por ejemplo, no es para los “puros”, los “limpios”, los “perfectos”, los “santos”, sino para los pecadores… EN la Iglesia, DE la Iglesia. Se ve que no se refería a los más arriba citados: es más, les dice -y no como consejo pastoral, sino como “ordeno y mando”, descalificando su actuar- “que no vayan a la Iglesia”, y “que vivan como lo que son: como ateos”. O sea: el pecador con este tipo de pecados se convierte en “ateo latae sententiae”.

¡Pero si hasta a los excomulgados se les puede levantar la pena de excomunión, si están arrepentidos o en peligro de muerte, por ejemplo, y ser admitidos nuevamente a los Sacramentos!

Para más “inri” -ya que estamos en la Iglesia-, ha animado públicamente a que se permita la Sagrada Comunión -sin pasar previamente por la preceptiva Confesión: para mayor “confusión” del personal, empezando por sus propios obispos-, a los “católicos” divorciados y arrejuntados en nueva coyunda. Que de estos los hay más que a montones; y ya digo que su situación es muy fácilmente reconocible por todos, porque muchos hacen alarde público de ello y, por tanto, no es ningún secreto de conciencia; mientras que lo de “odiar” no sé cómo se evalúa desde fuera, sinceramente.

También públicamente ha dicho que dijo expresamente por teléfono a una señora en esta situación -divorciada, etc- que fuese a comulgar sin ningún problema: que tenía todo su permiso. A la vez que, a otra señora, protestante, casada legítimamente con católico que le preguntó públicamente si podía comulgar cuando acompañaba a Misa a su marido, le contestó que NO, o que SÍ, o que hiciese lo que quisiese (más o menos).

Pero los que “odian” y “hablan mal” de otros: ¡fuera! ¡Que ni aparezcan por la Iglesia! ¡Que qué se han creído que es la Iglesia! ¡Qué desfachatez, por no decir qué inmoralidad! No tienen derecho, a pesar de ser católicos, ni a confesarse y volver a empezar, ni a comulgar para fortalecerse en su lucha moral. ¡Nada! ¡Ni pisar! ¡Que ni se les ocurra! ¡A la calle, que lo digo yo, y punto!

23 comentarios en “Ni SÍ ni NO sino todo lo contrario.
  1. No se dan cuenta que esto lo dice por lo que hay en su propia «casa» iglesia catalana que promueve el odio a los colonizadores del resto de España.

  2. Las palabras del Papa son normales. Es lo habitual. Cuando generaliza de ese modo no se refiere, por ejemplo, a quienes injurian, difaman o critican y mienten sobre quien esto escribe inventando lo primero que les pueda ocurrir. El Papa, al generalizar, está «condenando» a quienes, de un modo u otro, critican algunas de sus decisiones, posturas o palabras. Pongamos el caso de Viganó. Supongamos que no tiene ninguna razón el Ex-nuncio. La cosa es sencilla: se llama al nuncio, aunque no sea el propio Papa sino el Secretario de Estado o el Sustituto, se habla con él, se le dan las explicaciones pertinentes y aquí paz y después gloria y si se le demuestra y prueba que no tiene razón, se le advierte debidamente y con toda justicia (la caridad no es otra cosa que la plenitud de la justicia) y, si persistiera en la mentira, el derecho de la Iglesia ofrece cauces para «ponerlo en su sitio»… y punto: las homilías, discursos y catequesis son para otra cosa. Cuando escucho a Su Santidad hacer esa clase de afirmaciones y «pseudo-denuncias», me recuerda a aquellas curas de hace años que se desgañitaban en sus sermones predicando contra los que no iban a Misa. Hay sacerdotes, bien intencionados, que cuando les hago ver estas «pseudodenuncias» insultantes del Papa me suelen decir que «hombre… ya se sabe por quien lo dice»… y yo suelo responderles que no sé, que eso va dirigido contra todos, según las palabras del Papa. En Italia, cuando un adulto sigue dependiendo de su madre a la hora de tomar las decisiones más nimias suele denominársele «mammone»; creo que todo esa legión de forofos papistas que han surgido últimamente entre los que prácticamente «odiaban» a los anteriores no merecen el calificativo que algunos les dan de papólatras sino que no pasan de simples «pappones».

  3. cosmicom:
    La verdad, no le entiendo ¿No le parece suficientemente claro la obligación de santificar la fiestas, en el Éxodo y en el Nuevo Testamento y como elemento esencial en el catolicismo participar en la Misa?
    En cambio no aparece por ninguna parte el evitar la crítica, ni en Antiguo ni en el Nuevo Testamento. En cambio si recomienda la corrección fraterna y la expulsión del que no hace caso.
    Eso no es incompatible con que hay que procurar evitar la crítica, pues es de sentido común. Ahora bien, hacer un revuelto con del asesinato, la mentira y el engaño, el robo, el odio, el daño a los padres, la envidia, la lujuria, el escándalo y la corrupción con los niños etc., con la crítica , como si todo fuera igual y con afán de justificar lo injustificable, resulta ridículo, dicho suavemente. Ello tampoco es incompatible con que todos necesitamos la Misericordia Divina y que a todos alcanza si existe un arrepentimiento profundo y sincero. Es más, en algunos casos, la crítica y el aviso a los fieles es una obligación ineludible. ¿Qué se diría de una persona que sabe que hay un peligro inminente de avalancha o de una víbora en el camino, no avisara?

    1. La obligación de santificar las fiestas es un precepto ceremonial, no moral. Jesucristo cargó las tintas, no contra los nuevos modelitos de baño femenino que venían de Grecia, ni contra los publicanos ni las prostitutas, sino cargó las tintas contra quienes consideraban los preceptos ceremoniales y el orden eclesiástico como más importante que las leyes morales, «os acordáis del comino, pero os olvidáis de la misericordia y de la justicia», y que incluso quebrantaban las leyes morales por ceremonialismo «dais lo que podría ayudar a vuestro padre al Templo», o que incluso realizaban «apostolado» siguiendo esas ideas «recorréis cielo y tierra para captar un prosélito, y cuando lo conseguís, lo hacéis hijo de la Gehenna, el doble de vosotros».

      Dicho eso, ir a misa los domingos es un precepto ceremonial; las personas malvadas pueden intentar calafatearse cumpliendo estos preceptos o siguiendo algunos rituales de oración, pero siguen siendo malvados, la salvación está en los preceptos morales.

      1. La palabra de Dios, que es la Cristo, es contraria a tu opinión. En Hb 10, 25, amonesta con severidad a participar en las asambleas – la eucarística, sobre todo- dando a entender la manifiesta, repetida y culpable ausencia de algunos de la vida comunitaria, por razones que no dice, pero que insinúa más adelante: miedo, tensiones dentro de la comunidad o simplemente desaliento y desánimo de la fe en la presencia del Señor.

  4. Comiscon el Papa dijo en una ocasión que la iglesia era un hospital de campaña, y que era para los heridos y no para los perfectos. Imperfectos somos todos, unos más otros menos, unos intentan mejorar y otros ponen todo el empeño en empeorar. Comiscón Jeuscristo no mandó ir a misa el domingo, pero en el antiguo testamento se pedía un día de dedicación al Señor que se llamó sábado. Comiscón David pecó muchas veces a parte del asesinato de Urías, pero siempre se arrepintió, y por eso Dios se dirigió a él como mi siervo David. Si nos atenemos a lo que dice el papa, tampoco podría celebrar misa el 99,9 de los sacerdotes, porque habiéndolos muy santos, algo tienen por ahí. Pecadores somos todos, para librarnos del pecado hay una gran solución, que Dios ate al demonio con gruesas cadenas y no le deje deambular por el mundo, porque el pecado nos vienen de la tentación, Eva y Adán no pecaron por sí mismos sino por la envidia y la tentación del demonio. Así que si sólo fueran los perfectos a misa, las iglesias permanecerían más vacías de lo que ya están, y no habría sacerdotes para consagrar el pan y el vino. Y si yendo a misa somos malos fíjate si no fuéramos.

    1. Se puede estar en pecado más o menos grave (lujuria, avaricia, orgullo, gula, avaricia, ira, envidia), y en eso todos pecados o en nada caemos, y para sanar nuestras almas están los sacramentos y la palabra de Dios.

      Otra cosa es la voluntad fría de dañar al prójimo, el disfrutar del mal ajeno, el añadir sufrimientos a los demás por gusto; cuando son católicos de misa de guardar los que son así, son como el perro del hortelano; ni se salvan ellos, ni dejan que se salven los demás. Muchos no van a la Iglesia precisamente por el escándalo que producen. Por eso el papa les enseña la puerta de salida.

      1. De hecho, están las parábolas evangélicas; Dios con el misericordioso, es misericordioso, y castiga a los malvados. Un malvado se puede «calafatear» yendo a misa y rezando mil rosarios, pero eso a Dios le importa un pepino. Está por ejemplo la profecía del Juicio Final, en que Cristo echa en cara a los perversos que obraron con crueldad, y por esos actos perversos serán condenados, no por no ir a misa.

  5. El precepto de ir los domingos a misa, o de ayunar determinados días, es del tipo ceremonial, en cambio el precepto de amar al prójimo, no engañar, no tender trampas, etc, es un precepto moral. Jesucristo en el evangelio trata con desdén los preceptos ceremoniales (como el de descansar en Sábado), o la misma ordenación jerárquica de la Sinagoga, mostrando claramente que los preceptos prioritarios son los morales, que se resumen en hacer el bien al prójimo y obedecer a Dios.

    Si lo que quieres decir es que es tan malo faltar a misa como tender una trampa al prójimo, entonces estás gravemente equivocado, son preceptos diversos en naturaleza.

    Por cierto ¿de dónde habéis sacados esa lengua angelical?

    1. Lo que quiere Dios es que seamos buenos; todo el mundo quiere buenos zapatos, buenos hijos, buenos coches, etc. Pues Dios nos quiere buenos; buenos con nuestros padres, cónyuges, compañeros, con la sociedad en general, con nosotros mismos, etc.

      Es decir, que hagamos el bien, que lo practiquemos tanto que sea parte de nuestra naturaleza.

      Ahora bien, si uno yendo a misa diariamente es más malo que el calcañar ¿para qué le sirve? para eso que no vaya, como dice el papa; si encima va con «humo sobrenatural» en la cabeza y haciendo «apostolado», ya es una máquina de escándalo perpetuo.

  6. Berg oglio, cuando por esa piruetas de la Historia, se quedó a vivir en Santa Marta, engordó 25 Kg y comenzó a fingir una sonrisa, falsa, que nunca se le habia conocido en Buenos Aires.
    Y comenzó a mentir como un bellaco, jugando a Lutero, a Marx, a Fidel Castro, al rey de la Ecología y al Gran Homosexualista.
    Dice el refrán, «Un tonto engaña a cientos si le dan lugar y tiempo», pero, con mas tiempo los cientos se dan cuenta.
    Hoy solo le quedan los 25Kg de mas, la Triple Papada, pero ya ni es capaz de fingir la sonrisa falsa, muestra en público la cara de culo que siempre tuvo en privado.
    Es tan mal actor como mal sacerdote y pésimo Obispo de Roma.
    Mintió tanto y aunque es corto, se da cuenta que ya nadie le cree.

    Y nadie se atreve a decirle

    GAME OVER

    GOOD BY

  7. «Como andanada no está nada mal, la verdad.»

    Está fatal porque la crítica en la mayoría de los casos suele ser pecado venial, mientras que hacerse ateo es un pecado gravísimo contra Dios. Además de que lo que tienen que hacer los pecadores no es renegar de Dios, sino arrepentirse, confesar sus pecados y enmendarse.

  8. El papa jesuita siempre en vanguardia: es el primero que «va» a Misa todos los días, comulga para, el resto de la jornada, dedicarse a insultar y odiar a sus hermanos. Y aquí no vale la teoría del general Sosa acerca de la «reinterpretación» por falta de grabadoras. Pues resulta que en la era de Internet, tenemos perfectamente archivados todos y cada uno de los desbarres -intencionados, por supuesto- del papa jesuita…

  9. Los que odian, esto es, los que engañan, tienden trampas, buscan el mal del prójimo… esos que ni se asomen por la Iglesia. Cuando se arrepientan, que se confiesen, pero si comulgan en ese estado comen y beben su propia condenación. Hay católicos de mármol que participan periódicamente de los sacramentos en ese estado, y parece que se curvan en ese estado moral.

    El precepto de los domingos es un precepto eclesiástico, no dijo Dios: «Id los domingos a misa». En cambio el mandato del amor, esto es, hacer el bien a todos (y cuando no se pueda a menos no hacer el mal) es precepto divino y 100% vinculante. Si uno, acudiendo a misa y comulgando, sigue en el odio, que huya de la Iglesia, ya que corrompe y escandaliza a los demás.

    1. Cosmicon, que tiene unas rimas realmente tronantes y consonantes, como buena carcoma va a lo suyo: corroer, minar, zapar y destruir. Y como ya me he cansado de est@ sujet@ -o lo que sea- hoy le voy no a contestar, porque sería ponerme a su nivel, sino aprovechar para dar la doctrina católica, de la que no sé si sabrá algo, que puede que sí, pero lo que sabe siempre lo manifiesta al contrario de cómo es.
      Ciertamente, Jesús nunca dijo que fuésemos a Misa, porque «no había Misa»: pequeño detallito que al «carcoma» no es que se le escape -o quizá sí- sino que lo aprovecha para minar. La Santa Misa empieza con Jesús -ES Jesús- y la Iglesia empieza a vivirla tras la Ascensión del Señor, a partir de Pentecostés.
      Y la Iglesia, con el «poder de la llaves» recibido del mismo Cristo -otro detallito que también omite el «carcoma»-, la concretó como «obligatoria» para los domingos y festivos, que era cuando se decía y se convocaba al pueblo fiel. Más tarde, se extendió la Misa diaria, pero nunca como obligatoria.
      No sé si «el carcoma» odia, pero sí da toda la impresión de que «engaña, tiende trampas y busca el mal del prójimo», católico especialmente. Igual le convendría aplicarse las palabras de Francisco en lugar de lanzárselas a los demás, para cuidar así el no «ser de mármol» ni «se curve en ese estado moral».

  10. La oficina vaticana de comunicación del jesuita es igual de saducea que su jefe. Primero lanza a los cuatro vientos un comunicado oficial de celebración del 60º aniversario del asalto al poder en Cuba por la dinastía comunista Castro y de los logros del régimen inhumano y opresor. Y a las pocas horas lo borra sin dar explicación.

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