(NBQ)- Más veneno desde el establishment eclesial contra los profesores despedidos del Instituto Giovanni Paolo II. Una página entera de Avvenire, firmada por el habitual Luciano Moia, los acusa de ataques al papa (y por lo tanto se han merecido la purga) sólo por haber interpretado la exhortación apostólica Amoris Laetitia a la luz del Magisterio anterior. Y reivindica el espíritu revolucionario y dogmático del documento papal que no admite discusiones. En contra de las propias palabras del papa Francisco contenidas en Amoris Laetitia.
Luciano Moia de Avvenire es un periodista que va viento en popa, un día será alguien e incluso podría llegar a disputarle el puesto a Andrea Tornielli. Ayer su periódico le ha puesto a disposición una página entera – la número 13 – para responder a una carta de Livio Melina, firmada con otros dos profesores del Instituto Giovanni Paolo II despedidos, denunciando un artículo anterior de Moia del 30 de julio en el que los acusaba de “unos desagradables ataques” al papa Francisco. Como el motivo oficial del despido era la supresión de algunas asignaturas en el nuevo plan de estudios, los firmantes de la carta hicieron una buena jugada diciendo que los “desagradables ataques” al papa no tienen nada que ver con los motivos adoptados por el canciller Vincenzo Paglia para su despido y por tanto son una calumnia. Pero Moia quiere llegar hasta el fondo y demostrar los “desagradables ataques” al papa Francesco.
Refiriéndose a los libros por ellos publicados después de Amoris laetitia, Moia reprende a Livio Melina & Co. por repetir que la Exhortación Apostólica del papa Francisco debe leerse a la luz de Familiaris consortio y de toda la tradición anterior. Esta acusación de Moia es absolutamente incomprensible. Él usa la palabra “cambio” a propósito de la fase sinodal y de Amoris laetitia – una “gigantesca operación”, como la llama -, pero si lo pensamos bien, en la tradición de la Iglesia no puede haber “cambios”. Efectivamente, Melina, en la carta, reivindica el criterio de la “renovación en la continuidad”. Si hay que remitirse al último documento pontificio para leer, por medio de su radiación, todos los anteriores, entonces se renuncia a la continuidad, y se terminará por leer también el Evangelio a la luz de Amoris laetitia. Es algo muy sencillo de entender y no se comprende cómo Moia no lo ha hecho.
Por otro lado, Amoris laetitia es un documento pastoral. Es perfectamente lógico defender, como hacen Melina y sus compañeros, que un documento pastoral se lea a la luz de documentos anteriores más doctrinales, como es el caso de Familiars consortio. Sobre esto sin duda está de acuerdo también el papa Francisco. Pero no Luciano Moia. A no ser que se le atribuya a Amoris laetitia un valor dogmático y no simplemente pastoral. Pero esto no es posible porque el propio Amoris laetitia lo excluye, puesto que no contiene ningún elemento propio de los pronunciamientos magisteriales vinculantes. Es más, en el párrafo 4 el papa Francisco dice que ha recogido algunas “consideraciones que puedan orientar la reflexión, el diálogo y la praxis pastoral”. Por favor, léase bien: la reflexión, el diálogo y la praxis pastoral. Entonces nos preguntamos: ¿por qué reflexionar, dialogar y preguntarse sobre la práctica pastoral deberían representar unos “desagradables ataques” al papa Francisco?
La segunda acusación de Moia a Melina & Co es la de defender que cuando un texto magisterial es poco claro hay que interpretarlo a la luz de otros documentos más claros. Este criterio me parece de sentido común y no sé cómo puede negarlo Moia. Sin embargo no acepta que se defina el texto de Amoris laetitia poco claro. Insistir en su ambigüedad es, según él, un “desagradable ataque” al papa Francisco. Pero ¿Moia ha leído con atención Amoris laetitia? ¿Me podría explicar Moia el significado teológico – no el homilético, pastoral, exhortativo, parenético, psicológico … sino teológico – de la afirmación según la cual la Eucaristía no es un premio para los perfectos sino un remedio para los débiles?, ¿que el “pecado es una imperfección”?, ¿qué es una “fría moral de escritorio”?, ¿qué significado tienen las numerosas preguntas sin respuesta del texto de Amoris laetitia?, ¿y las frases contradictorias separadas por un “pero” adversativo?, ¿o cuándo ha considerado la Iglesia a los divorciados vueltos a casar como “excomulgados”, como lamenta el texto de la Exhortación? El texto de Amoris laetitia es muy ambiguo, y lo es adrede, porque se ajusta a una nueva pastoral y no a las definiciones doctrinales. ¿Por qué sería un escándalo decirlo?
Como dijo el cardenal Caffarra, si el papa Francisco hubiese querido la admisión de los divorciados vueltos a casar en la Eucaristía lo habría escrito en Amoris laetita. En cambio no lo ha escrito, así que la admisión no es clara, aunque se alude a ello y por eso el texto es ambiguo. Hablar con alusiones es siempre ambiguo. ¿Por qué valorar así Amoris laetitia sería un ataque al papa? Si ha habido una “gran operación” sinodal, ¿por qué no la ha cerrado el papa con una clara afirmación al respecto? ¿Y por qué habría nacido el “conflicto de las interpretaciones” si Amoris laetitia, como sostiene Moia, fuera realmente tan diáfana? ¿Por qué en Alemania se da la comunión a los divorciados vueltos a casar y en Polonia no? Los profesores del GP2 incriminados por Moia por los “ataques” al papa han tomado Amoris laetitia por lo que es y han realizado su tarea de teólogos según el criterio del ahondamiento en la continuidad. Las obras que han escrito y que Moia utiliza ahora como pruebas de acusación los honran. ¿O tendrían que haber dicho, como hace Moia, que Amoris laetitia es automáticamente Evangelio? El positivismo no es ni una filosofía ni una teología cristianas.
Sin embargo, la cosa más ridícula del artículo de Avvenire firmado por Luciano Moia es otra. Para demostrar que el texto de Amoris laetitia no es para nada ambiguo, Moia aporta las pruebas de las notas a pie de página núm. 336 y 351, que en cambio, junto a la “increíble” nota 329, son la demostración más evidente de su ambigüedad. En la nota 329 se pone en duda – subrepticiamente, sin negarlo formalmente – la obligación de vivir como hermano y hermana para los divorciados vueltos a casar que no tuvieran la posibilidad de volver con el legítimo cónyuge, contenido al final del párrafo 84 de Familiaris consortio, con cita de la Gaudium et spes instrumentalmente descontextualizada: si esto es claridad… Recuerdo que nada más salir la Exhortación un periodista escribió: “no se cambia la doctrina con una nota a pie de página”, ¿y ahora Moia aporta esa nota como prueba de claridad doctrinal?
En la 351 se confirma con dos frases de incierto significado teológico – el confesionario no es una sala de torturas y la Eucaristía no es un premio sino una ayuda – lo dicho en el texto, a saber, que “en medio de una situación objetiva de pecado … se pueda vivir en gracia de Dios”: afirmación revolucionaria que habría necesitado otras consideraciones para defenderla más que una simple nota a pie de página y puede que también más que una simple Exhortación apostólica postsinodal.
Amoris laetitia no se debe leer a la luz del magisterio anterior; Amoris laetitia es un dogma; Amoris laetitia dice claramente que los divorciados vueltos a casar pueden acceder a la Eucaristía, Amoris laetitia es magisterio infalible y no admite la reflexión de los teólogos; Amoris laetitia es un texto absolutamente claro: ¿estaría dispuesto Moia a subscribir estas afirmaciones como indudables y a condenar por “ataques” al papa a quienes no las aceptan?
Publicado por Stefano Fontana en la Nuova Bussola Quotidiana.
Traducido por Verbum Caro para InfoVaticana.