León XIV anima a los jóvenes a descubrir el matrimonio como una vocación a la santidad

León XIV anima a los jóvenes a descubrir el matrimonio como una vocación a la santidad

El papa León XIV ha animado a los jóvenes católicos a reconocer el matrimonio como una vocación a la santidad, junto al sacerdocio y la vida consagrada. Durante una audiencia celebrada este sábado 24 de octubre en el Aula Pablo VI del Vaticano, el Pontífice recordó que la vida matrimonial forma parte del plan de Dios y pidió a los movimientos eclesiales que acompañen a las familias en su misión evangelizadora.

«Además del sacerdocio y la vida consagrada, es bueno promover el matrimonio como una llamada de Dios, una vocación a la santidad que debe acogerse con alegría», afirmó el Papa ante los participantes en la Jesus Youth International Conference 2026, encuentro internacional del movimiento Jesus Youth, nacido en la India en el ámbito de la Renovación Carismática.

León XIV destacó también la importancia de que los jóvenes den testimonio de su fe, especialmente en los países donde los cristianos son minoría. Asimismo, pidió a los obispos y sacerdotes que acompañen con una mirada paternal las distintas realidades del movimiento, superando las dificultades que puedan surgir por las diferencias rituales y procurando siempre el bien espiritual de los jóvenes.

A continuación, ofrecemos la traducción íntegra al español del discurso pronunciado por León XIV.

 

A los participantes en la Conferencia Internacional Jesus Youth 2026

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

¡La paz esté con vosotros!

Queridos hermanos y hermanas, buenos días y bienvenidos a todos.

Saludo con alegría a todos vosotros, delegados de los grupos de Jesus Youth presentes en muchas partes del mundo, y saludo igualmente a los obispos, sacerdotes y hombres y mujeres consagrados que os acompañan. Este es un encuentro especial, porque es la primera vez que el movimiento Jesus Youth, con todos sus responsables y delegados, se reúne con el Sucesor de Pedro.

Os habéis reunido durante estos días para reflexionar y discernir cómo continuar mejor vuestro camino, cuarenta años después del nacimiento de vuestro movimiento. Sé que durante los últimos tres años habéis llevado a cabo un amplio proceso de consulta de estilo sinodal. Ahora deseáis que los frutos de esta reflexión se transformen en un nuevo impulso, en una acogida más generosa de los dones que el Espíritu Santo os ha concedido.

Vuestro movimiento nació en el estado de Kerala, en la India, como parte de la Renovación Carismática, por iniciativa espontánea de los propios jóvenes, inspirados por un encuentro personal con el Señor Jesús. En efecto, el punto de partida de toda auténtica renovación en la Iglesia es el descubrimiento personal del amor de Jesús. Así, los miembros de diversos grupos de oración sintieron la necesidad de unirse para encauzar su entusiasmo y sus iniciativas hacia algo que pudiera sostener y orientar el nuevo impulso espiritual y misionero que habían experimentado.

Desde hace diez años, queridos amigos, estáis reconocidos por la Santa Sede como asociación internacional de fieles. Ha comenzado, por tanto, para vosotros un tiempo de madurez eclesial, un tiempo en el que estáis llamados a asumir nuevos desafíos y a dar nuevos frutos. No perdáis vuestro celo apostólico, sino cultivadlo y llevadlo a nuevos países. Una vez más, todo esto solo es posible manteniendo la mirada fija en Jesucristo. Muchos jóvenes de vuestro movimiento han hecho precisamente esto y, de este modo, se han convertido en testigos alegres y valientes de la fe. Algunos lo han hecho de una manera particularmente hermosa y conmovedora, como Ajna George, quien fue sostenida durante la gran prueba de su enfermedad por su amor a Jesús presente en la Eucaristía.

Aunque muchos de vosotros vivís en lugares donde los cristianos son minoría, no tengáis miedo de dar testimonio de vuestra amistad con Jesús. Los corazones de los jóvenes anhelan descubrir el amor de Cristo. De manera particular, os animo a trabajar con las familias para apoyar la vocación a la vida matrimonial. Los jóvenes necesitan saber que sus vidas son grandes y hermosas porque forman parte del plan más grande de Dios. Además del sacerdocio y la vida consagrada, es bueno promover el matrimonio como una llamada de Dios, una vocación a la santidad que debe acogerse con alegría, con la certeza de que Dios sostiene con su gracia a todos aquellos a quienes llama. Esto es precisamente lo que habéis experimentado en Jesus Youth a lo largo de estos años: jóvenes cristianos que se casan, se convierten en padres y descubren su vocación a ser familias misioneras, trabajando junto con los ministros ordenados para difundir el Evangelio.

Queridos hermanos y hermanas, os exhorto a continuar vuestro camino viviendo fielmente la vida de oración y de servicio a los pobres que caracteriza a Jesus Youth. Procurad preservar vuestra unidad, especialmente en medio de la gran diversidad de procedencias sociales, culturas y lenguas que caracteriza a vuestro movimiento. A este respecto, pido también a los sacerdotes y obispos que adopten una perspectiva paternal y de amplias miras, superando las dificultades que puedan surgir de las diferencias rituales, para buscar ante todo el mayor bien espiritual de los jóvenes. Espero que el movimiento Jesus Youth se distinga siempre por su frescura juvenil y su entusiasmo por la fe y que, de este modo, permita a muchos más encontrarse con el Señor y crecer en la vida espiritual.

Encomendando vuestros esfuerzos a la intercesión de la Virgen María y de san Francisco de Asís, os imparto de corazón a todos mi bendición apostólica.

Gracias.

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