Monseñor Ricardo Seirutti, nombrado por Francisco en 2015, padre sinodal en el Sínodo de los Jóvenes de 2018 y vicario general del cardenal Ángel Rossi, pierde el oficio y queda inhabilitado durante cinco años para recibir nuevos cargos y para confesar. El Arzobispado cordobés no precisa en qué consistieron las conductas denunciadas.
El Arzobispado de Córdoba (Argentina) hizo público el viernes 2 de octubre un escueto comunicado en el que informa de que monseñor Ricardo Orlando Seirutti, hasta ahora obispo auxiliar y vicario general de la archidiócesis, ha sido privado de ambos oficios como resultado de un proceso judicial canónico ordenado por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe y sustanciado en el Tribunal Interdiocesano de Buenos Aires.
Según la nota, firmada por la Oficina de Comunicación de la Arquidiócesis, la causa se abrió a raíz de las denuncias de «dos personas adultas» que alegaron contra el prelado «conductas impropias de su ministerio episcopal». La acusación llevó al Dicasterio romano a ordenar el proceso, concluido «en las últimas semanas» con un dictamen que impone dos penas: la privación del oficio de obispo auxiliar y de los demás oficios que ocupaba, y la prohibición, durante cinco años, de recibir nombramientos formales o nuevos oficios y de administrar el sacramento de la penitencia.
Conserva la misa y los demás sacramentos
El comunicado subraya que monseñor Seirutti «conserva la facultad de celebrar la misa y administrar otros sacramentos», con la única excepción de la confesión. El texto cita expresamente el canon 976 del Código de Derecho Canónico, que establece que cualquier sacerdote, aunque carezca de facultad para confesar, absuelve válida y lícitamente a un penitente en peligro de muerte. La mención deja claro, por tanto, que la prohibición de confesar no alcanza a ese supuesto extremo.
La nota concluye con una fórmula ya habitual en este tipo de comunicados: «Ofrecemos nuestra cercanía y perdón a las personas afectadas, a la vez que renovamos el compromiso de continuar trabajando para que todas las acciones de nuestra Iglesia particular sean acordes con el Evangelio».
Lo que el comunicado calla
El texto del Arzobispado es parco en detalles y deja sin respuesta las preguntas esenciales. No precisa la naturaleza de las «conductas impropias», no indica cuándo se presentaron las denuncias ni cuándo se abrió el proceso, no aclara si los denunciantes eran personas vulnerables ni si guardaban alguna relación de dependencia con el obispo, y tampoco menciona si existe denuncia alguna ante la justicia civil argentina.
Sí se desprenden del comunicado algunos datos relevantes. En primer lugar, los denunciantes son mayores de edad, lo que descarta un caso de abuso de menores. En segundo lugar, la intervención directa del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, que ordenó un proceso judicial y no un mero procedimiento administrativo, apunta a hechos de cierta gravedad. Y en tercer lugar, las penas impuestas son relativamente contenidas: Seirutti no ha sido reducido al estado laical ni se le ha retirado el carácter episcopal, sino que ha sido apartado del gobierno de la archidiócesis y del confesionario durante un lustro.
Al cierre de esta información, la Sala de Prensa de la Santa Sede no había publicado comunicación alguna sobre el caso, de modo que la única fuente oficial sigue siendo la nota del Arzobispado cordobés, recogida por medios argentinos como Cadena 3.
Un obispo de perfil discreto, nombrado por Francisco
Ricardo Orlando Seirutti nació en Buenos Aires el 31 de julio de 1956 y se trasladó de niño con su familia a Alta Gracia, en la provincia de Córdoba. Antes de entrar en el seminario estudió Ciencias Químicas, Teatro y Profesorado de Inglés en la Universidad Nacional de Córdoba y trabajó durante un tiempo en una fábrica, experiencia en la que, según su biografía oficial, descubrió su vocación. Ingresó en el Seminario Mayor Nuestra Señora de Loreto en 1981 y fue ordenado sacerdote el 6 de octubre de 1988 en Alta Gracia.
Su trayectoria sacerdotal estuvo marcada por la pastoral juvenil y vocacional: fue formador del Seminario Menor de Jesús María, profesor de Filosofía y Ciencias Sagradas en el Seminario Mayor, asesor de la Pastoral Juvenil y miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la archidiócesis, capellán de las Hermanas Concepcionistas y del Hospital Privado de Córdoba. Desde 2007 era párroco de San Juan Evangelista, en la capital cordobesa, y vicario episcopal para los Movimientos y Asociaciones Laicales.
El papa Francisco lo nombró obispo titular de Bela y auxiliar de Córdoba el 7 de noviembre de 2015, según informó entonces la Conferencia Episcopal Argentina. Recibió la ordenación episcopal el 18 de diciembre de ese año en la catedral cordobesa de manos del entonces arzobispo Carlos Ñáñez, con el auxiliar Pedro Torres y el obispo de Oberá, Damián Bitar, compañero suyo de seminario, como coconsagrantes.
Tras la llegada a Córdoba del jesuita Ángel Sixto Rossi, arzobispo desde diciembre de 2021 y creado cardenal por Francisco en 2023, Seirutti pasó a ocupar la vicaría general, el puesto de mayor confianza del arzobispo en el gobierno diocesano. En 2023 el Papa nombró otros dos auxiliares para la archidiócesis, Horacio Álvarez y el salesiano Alejandro Musolino, que ahora quedan como únicos auxiliares del cardenal Rossi. En el seno de la Conferencia Episcopal Argentina, Seirutti formaba parte de la Comisión Episcopal para el Apostolado Laico y Pastoral Familiar y de la Comisión de Pastoral Universitaria.
Padre sinodal en el Sínodo de los Jóvenes de 2018
Su única proyección en la Iglesia universal llegó en octubre de 2018, cuando participó en Roma como padre sinodal en la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, dedicada a «los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional», en representación del episcopado argentino. En una entrevista con Vatican News durante aquella asamblea, Seirutti defendió que los jóvenes «quieren caminar con la Iglesia» porque «son una respuesta para otros jóvenes», insistió en el acompañamiento como necesidad central de la pastoral juvenil y lamentó la escasez de acompañantes preparados, fueran sacerdotes, religiosos o laicos. Un discurso de tono bergogliano, en la línea de la «Iglesia en salida», pero sin salirse del guion oficial de aquel Sínodo.
El caso Seirutti se suma a la lista de obispos sancionados por Roma en los últimos años mediante procesos penales canónicos, una vía que la Santa Sede había reservado tradicionalmente a casos de abuso de menores y que, bajo la normativa de Vos estis lux mundi, se ha extendido a las conductas con adultos. Queda por ver si la justicia argentina interviene y si la Santa Sede ofrece, como viene reclamándose en casos semejantes, mayor transparencia sobre los hechos probados.