Cupich, McElroy, Tobin, Cobo, Hollerich, Fernández: León XIV elige a los suyos para el encuentro sobre Amoris laetitia

Cupich, McElroy, Tobin, Cobo, Hollerich, Fernández: León XIV elige a los suyos para el encuentro sobre Amoris laetitia

La lista de invitados personales del Papa al encuentro del 7 al 14 de octubre, publicada este viernes por la Sala de Prensa junto al programa de los trabajos, reúne a los nombres más señalados del ala progresista de la Iglesia y deja fuera a todos los críticos de la exhortación de Francisco.

Dentro de cuatro días, cardenales y obispos de todo el mundo se sentarán con León XIV en el Vaticano para hablar de la familia a la luz de Amoris laetitia. La convocatoria oficial habla de «discernimiento sinodal» y «escucha recíproca», pero la nómina de invitados que el Papa ha añadido de su puño y letra a los participantes de oficio dice algo más preciso. Cupich, McElroy, Tobin, Cobo, Hollerich, Fernández, Tagle, David: todos los nombres que marcaron la agenda del pontificado anterior en la cuestión matrimonial están. Ninguno de los que la discutieron ha sido llamado.

Un encuentro «que no es un sínodo»

León XIV anunció la cita el pasado 19 de marzo, fiesta de San José y décimo aniversario de la exhortación, mediante un mensaje en el que convocaba a los presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo y a los cabezas de las Iglesias orientales católicas para «proceder, en la escucha recíproca, a un discernimiento sinodal sobre los pasos a dar para anunciar el Evangelio a las familias hoy». El formato recuerda al de la cumbre sobre abusos de febrero de 2019, con la que Francisco reunió en Roma a los jefes de los episcopados de los cinco continentes.

La Sala de Prensa publicó el 6 de julio el itinerario temático elaborado por la Secretaría General del Sínodo y el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida. Cinco bloques ordenan los trabajos: la realidad de las familias hoy, los jóvenes y la vocación matrimonial, los primeros años de matrimonio, la familia como sujeto evangelizador y el acompañamiento de quienes han vivido «el sufrimiento, el abandono, la separación y el divorcio». Este último epígrafe, el único que toca el nervio del capítulo octavo de la exhortación, es el que ha despertado la expectación de unos y la inquietud de otros.

Según el programa presentado este viernes en la Sala de Prensa, los trabajos se celebrarán a puerta cerrada en el Aula Pablo VI, con unos 190 participantes: los presidentes de las 115 conferencias episcopales, los cabezas de las Iglesias orientales, once matrimonios de los cinco continentes y una treintena de expertos y moderadores. El Papa estará presente solo en la apertura del día 7 y en la clausura del 14. Los participantes de oficio son, por tanto, los presidentes de conferencias episcopales, con la pluralidad que ello implica: episcopados africanos, polaco, húngaro o centroeuropeo que en su día recibieron Amoris laetitia con prudencia o con reservas públicas. A esa asamblea el Papa ha sumado veintidós invitados personales, y es en esa nómina, escogida nombre a nombre desde Santa Marta, donde se adivina el rumbo que Roma quiere dar al encuentro.

Diez años de una herida abierta

Amoris laetitia, firmada por Francisco el 19 de marzo de 2016 tras los dos sínodos sobre la familia de 2014 y 2015, es el documento pontificio más discutido del último medio siglo. La polémica se concentra en un puñado de párrafos y, sobre todo, en una nota a pie de página, la 351, que abre la puerta a la comunión sacramental de los divorciados vueltos a casar civilmente en «ciertos casos», tras un proceso de discernimiento en el fuero interno.

La recepción fue inmediatamente contradictoria. Los obispos de la región de Buenos Aires redactaron en septiembre de 2016 unos criterios que admitían esa comunión, y Francisco los avaló por carta diciendo que «no hay otras interpretaciones». Episcopados como el polaco o diócesis como Filadelfia, con Chaput al frente, mantuvieron la disciplina de Familiaris consortio: acceso a la comunión solo para quienes se comprometan a vivir como hermanos. Alemania, Malta y buena parte de la Iglesia centroeuropea abrazaron la lectura más abierta.

En septiembre de 2016 cuatro cardenales, Burke, Brandmüller, Caffarra y Meisner, presentaron al Papa cinco dubia sobre la compatibilidad de la exhortación con el magisterio anterior. Nunca recibieron respuesta. Dos de ellos murieron esperándola. En 2023 un segundo grupo, encabezado de nuevo por Burke y con Sarah, Zen, Sandoval y Brandmüller, repitió la operación en vísperas del Sínodo sobre la sinodalidad y obtuvo una contestación del propio Francisco y del recién nombrado prefecto de Doctrina de la Fe, el cardenal Víctor Manuel Fernández, tenido por redactor del polémico capítulo octavo. Semanas después, el 18 de diciembre de 2023, el mismo Fernández firmó Fiducia supplicans, la declaración que permite bendecir a parejas en situación irregular y a parejas del mismo sexo, y que África entera rechazó en bloque.

Con la elección de León XIV, buena parte del episcopado esperaba que el nuevo pontificado pusiera orden en esta diversidad de prácticas. Hay quien lee la convocatoria de octubre como la ocasión de hacerlo. Hay quien teme que sirva para consolidar, con el sello de la «sinodalidad», lo que hasta ahora era una interpretación entre varias.

Los invitados del Papa

La lista oficial de participantes recoge bajo el epígrafe «Invitati» a veintidós prelados que no participan por razón de su cargo sino por designación pontificia. La lectura del bloque norteamericano y europeo no deja lugar a dudas.

Por Estados Unidos acuden tres cardenales y un obispo. Blase Cupich, arzobispo de Chicago, fue el gran impulsor de Amoris laetitia en el episcopado norteamericano y el primero en afirmar que la conciencia de los divorciados vueltos a casar podía llevarles a la comunión. Robert McElroy, hoy en Washington, defendió desde San Diego la misma tesis y la extendió a las parejas homosexuales en un célebre artículo de 2023 en el que pedía una «inclusión radical». Joseph Tobin, arzobispo de Newark, es el tercer vértice del mismo triángulo, acogedor de peregrinaciones de católicos homosexuales en su catedral. Daniel Flores, obispo de Brownsville y hombre fuerte del Sínodo sobre la sinodalidad en Estados Unidos, completa la delegación.

Por Europa, el cardenal Jean-Claude Hollerich, jesuita y relator general del Sínodo sobre la sinodalidad, ha pedido abiertamente revisar la doctrina sobre la homosexualidad. Y por España, el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid y vicepresidente de la Conferencia Episcopal, que se sentará junto a monseñor Argüello, presente de oficio como presidente. Que el Papa quiera a Cobo en la sala al margen de su cargo, cuando España ya tiene voz asegurada, es de por sí una indicación de a quién escucha Roma en el episcopado español.

De la Curia asisten el cardenal Fernández, prefecto de Doctrina de la Fe y autor material del texto que se celebra, y el cardenal Luis Antonio Tagle, pro-prefecto de Evangelización, que en 2016 pidió una aplicación de la exhortación «caso por caso». Desde Filipinas llega el cardenal Pablo Virgilio David, obispo de Kalookan, y desde Canadá el cardenal Gérald Lacroix, de Quebec, junto al obispo Joseph Dabrowski.

El resto de la nómina reúne perfiles menos marcados: Giuseppe Baturi, secretario general de la Conferencia Episcopal Italiana; el cardenal Ignace Bessi Dogbo, de Abiyán; el cardenal Protase Rugambwa, de Tabora; los obispos Jean Bondu (Francia), Jaime Calderón (Zacatecas), Robert Llanos (Antigua y Barbuda), Peter Machado (Vasai), Pierantonio Tremolada (Brescia) y Bruno Elizeu Versari (Brasil). Ninguno de ellos ha destacado nunca por discutir la exhortación.

Los que no están, y los dos obispos de Pekín

Tan elocuente como la lista es su reverso. Ni un solo firmante de los dubia de 2016 o de 2023 ha sido llamado: ni Burke, ni Brandmüller, ni Sarah, ni Zen. Tampoco el cardenal Gerhard Müller, prefecto de Doctrina de la Fe cuando se publicó la exhortación y crítico persistente de su aplicación, ni Charles Chaput, cuyas directrices de Filadelfia fueron el contrapeso más articulado a las de Buenos Aires. Ningún europeo del perfil de Péter Erdő, relator general de los sínodos de la familia y defensor de la disciplina tradicional, figura entre los invitados personales. Si la pluralidad existe en el aula, la aportarán los presidentes de conferencias por derecho propio, nunca por voluntad de quien ha confeccionado la lista.

El otro dato que salta a la vista es la presencia de dos obispos de la República Popular China: Giuseppe Huang Bingzhang, obispo de Shantou, ordenado sin mandato pontificio en 2011, excomulgado y reconciliado en 2018 al calor del acuerdo provisional con Pekín, y Matteo Zhen Xuebin, obispo de Pekín, elegido conforme a los mecanismos de ese mismo acuerdo. Su aportación pastoral a un debate sobre la familia resulta difícil de imaginar en un país que durante cuatro décadas impuso el hijo único y donde la Iglesia opera bajo la vigilancia de la Asociación Patriótica. Su invitación habla menos de Amoris laetitia que de la continuidad de la política china del pontificado anterior, renovada por León XIV sin alteraciones visibles.

La lista como mensaje

En Roma, las convocatorias se leen antes que los discursos. Francisco gobernó durante doce años a golpe de nombramientos y de invitaciones, y quien conocía la nómina de un sínodo conocía ya su documento final. León XIV, que ha cultivado desde mayo de 2025 una imagen de pontífice sereno, institucional y poco amigo de las guerras internas, acaba de firmar con esta lista su primera toma de posición inequívoca en la cuestión más divisiva heredada de su predecesor. Para fijar posición sobre la nota 351 le ha bastado con decidir quién se sienta a la mesa.

El encuentro se presenta como un ejercicio de escucha. La pregunta que queda abierta es a quién se ha invitado a hablar.

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