Omella pide en la fiesta de la Merced una Barcelona abierta «a los pobres, a los necesitados y a los que vienen de lejos»

Omella pide en la fiesta de la Merced una Barcelona abierta «a los pobres, a los necesitados y a los que vienen de lejos»

El cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona, ha presidido este jueves la Misa pontifical por la solemnidad de Nuestra Señora de la Merced, patrona de Barcelona, en la basílica de la Merced. En su homilía ha reflexionado sobre las distintas formas de «cautividad» presentes en la sociedad, las virtudes de la Virgen y la libertad cristiana, y ha concluido pidiendo que Barcelona y el resto de Cataluña sean lugares caracterizados por la fraternidad, la solidaridad y el respeto a los «valores humanos y trascendentes».

Al comienzo de su intervención, Omella ha recordado también la reciente visita del papa León XIV a Barcelona y la vinculación histórica de la ciudad con la Virgen de la Merced.

Las nuevas formas de «cautividad»

El arzobispo ha partido del origen de la Orden de la Merced, fundada en Barcelona por san Pedro Nolasco con la misión de rescatar a los cristianos cautivos. A partir de esa referencia histórica, ha afirmado que siguen existiendo distintas formas de cautividad.

«La Virgen de la Merced sigue siendo un don para Barcelona, porque nos recuerda que nadie ha nacido para vivir encadenado y que Dios siempre abre caminos de libertad», ha señalado.

Omella ha mencionado entre esas situaciones «la soledad no deseada», «el miedo ante el futuro», «la pobreza material y espiritual», «la pérdida de la esperanza», «las adicciones», «el egoísmo», «el resentimiento» y «el vacío interior». También se ha referido a quienes viven condicionados por «la obsesión por el éxito» y por el qué dirán.

A continuación, el cardenal ha centrado su reflexión en Jesucristo. «Cristo cautiva, pero nos cautiva porque nos hace libres», ha afirmado. Según Omella, Cristo «nos revela nuestra verdadera identidad de hijos de Dios» y «rompe las cadenas que nos impiden amar y vivir en plenitud».

Fe, silencio y compromiso

El arzobispo ha dedicado otra parte de la homilía a tres características de la Virgen: la fe, el silencio y el compromiso.

Sobre la primera, ha recordado la confianza de María en Dios y su respuesta libre a su voluntad. Respecto al silencio, ha afirmado que «no es un silencio ausente, sino atento» y ha añadido que «nos aporta serenidad y paz en un mundo lleno de ruidos que nos aturden».

Al abordar el compromiso cristiano, Omella ha señalado las dificultades que, a su juicio, existen actualmente para asumirlo.

«La verdad es que nos cuesta entender el compromiso de la fe. Vivimos en una sociedad cómoda; a veces solamente aceptamos lo que nos gusta, lo que nos produce placer y rechazamos todo lo que cuesta esfuerzo», ha afirmado.

El cardenal ha recordado también que, en la espiritualidad mariana, la Virgen conduce hacia Cristo, y ha citado las palabras de María en las bodas de Caná: «Haced lo que Él os diga».

Una Barcelona abierta «a los que vienen de lejos»

En la parte final de la homilía, Omella se ha referido directamente a Barcelona y a la influencia que atribuye a la devoción a la Virgen de la Merced en la historia de la ciudad.

«María ha ayudado a Barcelona a mirar más allá de sí misma, a abrirse a los pobres, a los necesitados y a los que vienen de lejos», ha señalado.

El arzobispo ha añadido que «la verdadera grandeza de una ciudad no se mide únicamente por sus edificios, por su prestigio o por su proyección internacional, sino por la capacidad de sus habitantes de reconocerse como hermanos».

Omella ha planteado después varias preguntas a los presentes sobre sus propias «cautividades»: «¿De qué soy cautivo? ¿Qué cadenas me impiden vivir? ¿Qué miedos, dependencias o egoísmos pesan sobre mi corazón?». Frente a ellas ha planteado otra cuestión: «¿Me dejo cautivar por Cristo?».

«Una tierra bella y habitable»

El cardenal ha concluido extendiendo su petición a Barcelona, Terrassa, Sant Feliu y el conjunto de Cataluña.

«Que las diócesis de Barcelona, Terrassa, Sant Feliu y de toda Cataluña sigan siendo una tierra bella y habitable, no solamente por sus monumentos históricos y sus prestaciones materiales, sino también por su sensibilidad humana, fraterna, solidaria y respetuosa con los valores humanos y trascendentes», ha afirmado.

«Que todo el mundo pueda decir: nos sentimos como en nuestra casa, porque aquí hay amor, mucho amor», ha concluido Omella.

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