Una investigación del Lepanto Institute documenta, con los registros de la Comisión Electoral Federal, las aportaciones de monseñor Robert Boxie III a ActBlue y a la candidata demócrata Amanda Edwards, defensora del aborto y de la ideología de género. El mismo prelado que acaba de acusar de racismo a la Iglesia.
Monseñor Robert Boxie III, recién nombrado obispo auxiliar de Washington por León XIV, ha financiado con su propio dinero a políticos abortistas y a la mayor plataforma recaudatoria del Partido Demócrata. Así lo revela una investigación del Lepanto Institute, el organismo estadounidense dirigido por Michael Hichborn que lleva años auditando el destino del dinero católico en Estados Unidos, a partir de los registros públicos de la Comisión Electoral Federal.
Lo que dicen los registros electorales
Según los datos de la Comisión Electoral Federal, Boxie hizo dos aportaciones a ActBlue, la plataforma que canaliza donaciones exclusivamente a candidatos demócratas: cien dólares en 2019 y cincuenta en 2020. Y el 24 de septiembre de 2025, siendo ya un sacerdote con largo recorrido en la archidiócesis, donó 250 dólares a la campaña de Amanda Edwards, candidata demócrata al Congreso por Houston. En la ficha de la donación, el hoy obispo se identificó como sacerdote católico de la Archidiócesis de Washington.
El perfil de la beneficiaria no admite equívocos. Edwards cuenta con el respaldo de Emily’s List, organización cuya única razón de ser es llevar al poder a mujeres favorables al aborto. Su programa electoral promete codificar a nivel federal las protecciones de la sentencia Roe contra Wade, blindar las decisiones «reproductivas» bajo la normativa sanitaria y combatir las leyes provida de estados como Texas. Tras la sentencia Dobbs, animó a sus seguidoras a acudir a Planned Parenthood. Agradeció públicamente el aval del Caucus Político LGTBQ+ de Houston, celebró el Día de la Visibilidad Trans y, en un debate de enero de este año, presumió de haber estado «en primera línea» contra la discriminación de las personas trans aunque ello le costara la campaña.
Compañeros de promoción y de bufete
La investigación va más allá de una simple coincidencia. Boxie y Edwards se graduaron el mismo año, 2007, en la Facultad de Derecho de Harvard. Ambos trabajaron después como asociados en el bufete Vinson & Elkins, él entre 2008 y 2010 y ella entre 2008 y 2012. Y, según recoge Lepanto, siguen siendo amigos en Facebook. Difícilmente puede el obispo alegar que desconocía a quién estaba financiando ni cuáles eran sus posiciones sobre el aborto, la homosexualidad y la familia.
El obispo que ve racismo en la Iglesia
Las donaciones adquieren un relieve especial a la luz de la entrevista que Boxie concedió el pasado 10 de septiembre al programa Vatican Access, de Robert Duncan. La cuenta del programa la promocionó con una pregunta y una respuesta lapidarias: ¿por qué hay tan pocos obispos negros en Estados Unidos? La respuesta corta, según el propio obispo, era el racismo. En la misma conversación, el prelado lamentaba que los católicos no hablen con franqueza de política ni de las políticas gubernamentales contrarias a la fe.
Boxie afirmaba además ser el segundo obispo afroamericano de todo el país, y Lepanto desmonta esa afirmación con una simple cuenta histórica. Boxie es el vigésimo noveno obispo afroamericano nombrado en Estados Unidos; el primero, James Augustine Healy, fue consagrado obispo de Portland (Maine) en 1875. Hoy viven catorce, cinco de ellos en activo. Como mucho, apunta Hichborn, el nuevo auxiliar de Washington sería el segundo obispo afroamericano nacido en Estados Unidos actualmente en ejercicio, pero no fue eso lo que dijo.
El prelado defendió también los programas de diversidad, equidad e inclusión como parte de la tradición católica y llegó a afirmar que Dios ha creado «toda raza, toda cultura, toda lengua, toda etnia, todo credo». Lepanto califica la frase de gravísima, pues atribuye a Dios la autoría de los errores religiosos.
La conclusión de Hichborn es tan dura como fundada: mientras Boxie da lecciones a la Iglesia sobre racismo y reprocha a los católicos blancos su silencio ante «el elefante en la habitación» de la política, él mismo ignora la enseñanza de la Iglesia sobre el aborto, la homosexualidad y la familia, y entrega sus treinta monedas a la campaña de Amanda Edwards.
Queda ahora por saber si la Archidiócesis de Washington y la Nunciatura tienen algo que decir sobre el historial de donaciones de un hombre al que León XIV acaba de imponer el anillo episcopal.