Dos adolescentes de 14 años dieron la alerta. El detenido, de 35 años y nacido en la antigua Yugoslavia, está bajo custodia policial por apología del terrorismo a menos de tres semanas de la visita de León XIV a la vecina Metz.
La iglesia de Saint-Rémi, en pleno centro de Forbach (Mosela, noreste de Francia), vivió el pasado martes 8 de septiembre un episodio que ha reavivado la inquietud por la seguridad de los sacerdotes franceses. Hacia la una de la tarde, un hombre de 35 años se presentó ante el templo gritando repetidamente «Allahu Akbar», entró en él y preguntó por el sacerdote, según el comunicado difundido al día siguiente por el fiscal de la República de Sarreguemines, Olivier Glady. El párroco no se encontraba en ese momento en la iglesia.
La alerta la dieron los padres de dos adolescentes de 14 años, alumnas de un instituto cercano, que habían oído los gritos del individuo mientras «buscaba manifiestamente al sacerdote». La policía de Forbach acudió con rapidez y hacia las dos menos cuarto localizó al hombre, que se había refugiado en un rincón del interior de la iglesia. Fue detenido sin resistencia.
Un cuchillo, tres tarjetas SIM y hachís
En el momento de la detención el sospechoso llevaba «un cuchillo de tipo Opinel, que sin embargo en ningún momento fue exhibido», ha precisado el fiscal, además de tres tarjetas SIM y «una pequeña cantidad de resina de cannabis». Fue puesto bajo custodia policial en la comisaría de Forbach por apología del terrorismo, tenencia de arma de categoría D y consumo de estupefacientes.
Nacido en 1991 en la antigua Yugoslavia, el detenido vive en casa de su madre en la localidad vecina de Stiring-Wendel, donde se practicó un registro en el que se incautaron un teléfono sin tarjeta SIM y una tableta, que analiza un servicio especializado de la comisaría de Metz. Según la fiscalía, el hombre «es desconocido para los servicios de inteligencia territorial y no es objeto de una ficha S», aunque «su historial judicial contiene dos menciones sin relación con infracciones de terrorismo o atentados contra los intereses del Estado». La investigación continúa para «determinar el entorno religioso del sospechoso así como su perfil psiquiátrico», y la detención fue prorrogada.
El párroco: «No me he sentido amenazado»
El archipreste de Forbach, el padre Laurent Pidolle, ha querido tranquilizar a su comunidad. «No ha habido ni agresión, ni violencia, ni daños en la iglesia», declaró a la agencia AFP. El sacerdote, que asistió a la detención y asegura que se desarrolló «con calma», no conocía al sospechoso y no lo reconoció en las fotografías que le mostraron los investigadores. «No me he sentido amenazado y el hombre se dejó detener tranquilamente», ha añadido al diario Le Républicain Lorrain, aunque ha elogiado el reflejo de las jóvenes que avisaron a la policía.
El alcalde de Forbach, Alexandre Cassaro, ha condenado «con la mayor firmeza este acto cobarde y odioso, que habría podido tener consecuencias dramáticas». En un comunicado ha subrayado «el valor y la lucidez» de las adolescentes y la «reactividad» de la policía, y ha expresado su apoyo al archipreste, a los sacerdotes de la parroquia y a toda la comunidad católica local con una frase rotunda: «Atacar a un sacerdote o a una iglesia es atacar a la República».
A tres semanas de la visita del Papa a Metz
El suceso se produce a menos de tres semanas de la visita de León XIV a Francia. El Papa estará el 28 de septiembre en Metz, capital del departamento de Mosela y a poco más de sesenta kilómetros de Forbach, lo que añade presión al dispositivo de seguridad que preparan las autoridades francesas.
Aunque en esta ocasión no hubo heridos, el episodio ha traído a la memoria de muchos católicos franceses el asesinato del padre Jacques Hamel, degollado el 26 de julio de 2016 mientras celebraba misa en Saint-Étienne-du-Rouvray por dos jóvenes que se reclamaban del Estado Islámico. Como recordaba el portal Tribune Chrétienne al informar del caso de Forbach, la fragilidad de los sacerdotes ante este tipo de ataques «no es teórica». Diez años después de Saint-Étienne-du-Rouvray, un hombre que grita «Allahu Akbar» y pregunta por el cura en una iglesia de provincias sigue bastando para que una parroquia entera contenga la respiración.