León XIV participó este sábado en la fiesta de la Virgen del Lago en Castel Gandolfo, Italia, donde presidió la Misa y posteriormente acompañó en una embarcación la procesión con la imagen de la Virgen por las aguas del lago Albano. Durante la homilía, el Papa llamó a responder al mal sin recurrir al odio y la violencia y afirmó que «solo la vía del amor es la vía de la vida».
El Pontífice se trasladó por la tarde desde el Vaticano hasta la iglesia de María Santísima del Lago, una pequeña iglesia perteneciente a la parroquia pontificia de Santo Tomás de Villanueva y consagrada por san Pablo VI. La Misa comenzó a las 18:00 horas.
Tras la celebración, la imagen de la Virgen del Lago fue llevada hasta una embarcación para realizar la tradicional procesión por el lago Albano. León XIV se sumó al recorrido por las aguas.
«Solo el amor salva»
Durante la homilía, León XIV recordó que la fiesta había sido celebrada anteriormente por algunos de sus predecesores y mencionó particularmente a san Pablo VI, que promovió la construcción de la iglesia dedicada a la Virgen y posteriormente la consagró, y a san Juan Pablo II.
A partir del Evangelio en el que Cristo anuncia a sus discípulos su Pasión, muerte y Resurrección, el Papa centró su reflexión en el sacrificio y en el amor cristiano.
«Jesús revela así que solo el amor salva», afirmó. El Pontífice se refirió tanto a «la constancia fiel de la caridad de cada día» como a sus expresiones más extremas, «hasta el martirio», y recordó que todavía hoy hay cristianos que lo sufren «en diversas partes del mundo».
León XIV se detuvo también en la dificultad de aceptar una respuesta basada en el perdón ante las ofensas. «Poner la otra mejilla —dicen— es de perdedores; dar ante el rechazo es de ingenuos; perdonar sin límites, de débiles», señaló.
«Incluso para Pedro fue difícil aceptar este modo nuevo y diferente de razonar. Pero Jesús permanece categórico: solo la vía del amor es la vía de la vida», añadió.
«El odio y la violencia no traen nada bueno»
El Papa trasladó esta reflexión a los conflictos personales y a la situación internacional y advirtió sobre las consecuencias de responder a las injusticias mediante la violencia.
«El odio y la violencia no traen nada bueno, sino solamente destrucción y muerte, siempre, incluso cuando son respuesta a injusticias sufridas», afirmó.
León XIV señaló que esta realidad puede observarse «desde lo pequeño de nuestra vida doméstica hasta el gran escenario del mundo» y llamó a no permitir que las heridas y las ofensas terminen «corrompiéndonos el corazón».
«Tenemos tanta necesidad de vida, de esperanza, de serenidad, de paz, en nosotros mismos, en nuestras ciudades, entre los pueblos y las naciones», agregó.
La procesión por el lago Albano
En la parte final de la homilía, el Pontífice vinculó la procesión que iba a celebrarse a continuación con los pasajes evangélicos de Jesús y sus discípulos en el lago de Tiberíades.
León XIV recordó la imagen de los discípulos atemorizados ante la tempestad y explicó que Cristo los exhortó «a tener fe, a rezar, para encontrar la paz y, junto a Él, continuar navegando hacia la meta deseada».
Tras la Eucaristía, el Papa acompañó la imagen de la Virgen en la procesión por el lago Albano. El Pontífice presentó este gesto como una renovación de «nuestra confianza en Dios y nuestra devoción filial a su Santísima Madre».
León XIV concluyó su homilía invitando a permanecer unidos a Cristo y a la Virgen «no solo en el lago, sino en todas las noches del mundo», para ser reflejo de la presencia de Dios y de «su amor que invita a amar».