León XIV pide a las religiosas de Estados Unidos que sean «expertas en sinodalidad»

León XIV pide a las religiosas de Estados Unidos que sean «expertas en sinodalidad»

El Papa León XIV ha afirmado que quienes viven la vida religiosa están llamados a convertirse en «expertos en sinodalidad» y ha valorado la utilización de un método sinodal de diálogo y discernimiento durante la asamblea anual de la Leadership Conference of Women Religious (LCWR), que se celebra en Orlando, Estados Unidos, del 11 al 14 de agosto.

En un videomensaje enviado con motivo del 70 aniversario de la organización, el Pontífice ha presentado la sinodalidad como una dimensión de la comunión eclesial y ha pedido a los consagrados que contribuyan a ella desde sus propios carismas y ministerios. Junto a este planteamiento, León XIV ha exhortado a las congregaciones a conservar los carismas recibidos de sus fundadores y ha calificado de «importancia fundamental» el trabajo por las vocaciones religiosas, recordando expresamente la llamada de Cristo a seguirlo mediante los votos de pobreza, castidad y obediencia.

A continuación, ofrecemos el videomensaje íntegro del Papa León XIV:

Queridos amigos en Cristo:

Saludo cordialmente a los miembros de la Leadership Conference of Women Religious en los Estados Unidos de América, que celebra el 70 aniversario de su fundación durante la Asamblea anual de 2026. Asimismo, ofrezco mis mejores deseos y oraciones a las religiosas y religiosos de diversas congregaciones de toda América que participan en el evento de este año.

Aunque procedéis de comunidades con historias y apostolados diferentes, es importante recordar la necesidad de promover la unidad dentro de vuestros institutos y entre ellos, así como en la Iglesia en general. Todos los cristianos están llamados a ser constructores de la comunión de Cristo, que toma forma en una Iglesia sinodal en la que cada uno coopera en la misma misión según su propio carisma y ministerio (cf. Consistorio extraordinario: Discurso de apertura, 26 de junio de 2026).

De manera especial, los miembros de la vida religiosa están llamados a convertirse en expertos en sinodalidad por las oportunidades de practicarla que ofrece la vida comunitaria, así como por el modo mismo en que están organizadas vuestras congregaciones (cf. Encuentro con los participantes en el Jubileo de la Vida Consagrada, 10 de octubre de 2025).

En este sentido, me ha complacido saber que los procedimientos de la Asamblea incluirán un método sinodal de escucha, intercambio y discernimiento, con apertura y disposición para comprender lo que los demás están diciendo. Por tanto, espero que, mediante este formato de diálogo fraterno y receptivo, podáis discernir lo que el Espíritu Santo está diciendo (cf. Ap 2,7) sobre el presente y el futuro de la vida consagrada en las naciones en las que servís.

De manera particular, a través de los numerosos carismas concedidos por el Espíritu Santo a lo largo de la historia, las mujeres y los hombres consagrados han contribuido a hacer visibles en nuestro mundo la misión y el misterio de la Iglesia (cf. san Juan Pablo II, Exhortación apostólica postsinodal Vita consecrata, n. 1).

A este respecto, expreso mi gratitud por las duraderas contribuciones de vuestros institutos en los ámbitos de la evangelización, la educación y la atención a los pobres y marginados, por mencionar solo algunos.

Mientras reflexionáis sobre vuestro tema, «Muchos carismas, un solo Espíritu, una sola llamada», ruego para que tengáis especialmente presentes los carismas específicos que Dios confió a los fundadores y fundadoras de vuestras respectivas comunidades.

La Iglesia os necesita a vosotros y toda la diversidad y riqueza de las formas de consagración y ministerio que representáis, porque con vuestra vitalidad y vuestro testimonio de una vida centrada en Jesús podéis contribuir a despertar al mundo (cf. Encuentro con los participantes en el Jubileo de la Vida Consagrada, 10 de octubre de 2025).

Así, juntos, podréis afrontar la globalización de la indiferencia y de la impotencia con el remedio del amor y de la misericordia de Cristo.

Para promover el auténtico florecimiento de la vida consagrada, el trabajo para fomentar las vocaciones religiosas reviste una importancia fundamental. Como muchos de nosotros hemos experimentado personalmente, la llamada de Cristo a seguirlo con un corazón indiviso mediante los votos de pobreza, castidad y obediencia trae alegría, paz y plenitud.

Hoy, a pesar del creciente fenómeno de la secularización en el mundo, existe también una creciente hambre de Dios. De hecho, como observé recientemente durante mi viaje apostólico a España, «numerosos jóvenes y adultos están redescubriendo la fe cristiana, quizá después de un período de su vida en el que se habían alejado un poco de Dios» (Vigilia de oración, 9 de junio de 2026).

Por tanto, en vuestras relaciones con los jóvenes, tratad de encontrar maneras de darles a conocer vuestro modo de vida y ayudadlos a escuchar la voz del Señor, que nos habla en lo profundo de nuestro corazón.

Animadlos a tener valor para responder a Jesús, a quien nadie puede superar en generosidad, para que también ellos puedan compartir la alegría que nace de seguir su llamada.

Con estos sentimientos, os deseo un encuentro fructífero y os aseguro mi cercanía espiritual. Encomiendo los trabajos de la Asamblea a la protección maternal de María, Madre de la Iglesia, para que interceda por todos vosotros y por las comunidades que representáis.

Y que Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, os bendiga. Amén.

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