La Santa Sede reclamó ante las Naciones Unidas un cambio de enfoque en las políticas de vivienda, advirtiendo de que reducir un hogar a una mercancía o a un simple activo financiero supone olvidar su dimensión más esencial: la dignidad de la persona.
Durante una reunión de la Asamblea General de la ONU sobre la Nueva Agenda Urbana, monseñor Robert D. Murphy, encargado de negocios ad interim de la Misión Permanente de Observación de la Santa Sede, defendió que el acceso a una vivienda digna constituye un requisito indispensable para el desarrollo humano, la vida familiar y el bien común.
Mucho más que un techo
En una intervención centrada en la persona como eje del desarrollo urbano, Murphy recordó que una ciudad no puede medirse únicamente por la fortaleza de su economía o el crecimiento de sus infraestructuras, sino por su capacidad para garantizar que todos sus habitantes puedan vivir con dignidad y participar plenamente en la sociedad.
Por ello, calificó el sinhogarismo como «una grave afrenta a la dignidad humana». Quien carece de un hogar, explicó, no solo pierde un techo, sino también la seguridad, la estabilidad, la intimidad y el sentido de pertenencia necesarios para construir una vida personal, familiar y comunitaria.
El representante de la Santa Sede afirmó que la vivienda debe entenderse «no solo como una mercancía o un activo financiero, sino como un pilar de la sociedad al servicio del bien común». Desde esa perspectiva, animó a los Estados a impulsar políticas que faciliten el acceso a viviendas asequibles y afronten las causas profundas de la exclusión social, como la pobreza, el desempleo, las adicciones, la enfermedad mental, la ruptura familiar o los desplazamientos forzosos.
Un mensaje especialmente actual en España
Las palabras de Murphy llegan en un momento en que el acceso a la vivienda se ha convertido en una de las principales preocupaciones sociales en España. Los últimos datos de los principales portales inmobiliarios muestran que el precio medio de una vivienda supera ya los 250.000 euros, tras un incremento interanual del 16,2 %, mientras que el precio del alquiler ha aumentado un 6,8 % en el último año, alcanzando máximos históricos.
Este encarecimiento hace cada vez más difícil que muchas personas y familias puedan acceder a una vivienda digna en condiciones justas y estables.
Cuando un hogar se convierte en un bien cada vez más inaccesible, las consecuencias trascienden el ámbito económico y afectan a la estabilidad de las familias, al arraigo de las personas y a la cohesión del conjunto de la sociedad.
El desarrollo auténticamente humano
Durante su intervención, Murphy citó la encíclica Magnifica Humanitas de León XIV para recordar que «una sociedad justa requiere un Estado vigilante e instituciones civiles capaces de superar la lógica exclusiva de la eficiencia» y proteger a los más vulnerables. También evocó otra afirmación del Pontífice que resume el núcleo del mensaje de la Santa Sede: «el desarrollo es verdaderamente humano cuando pone a las personas en el centro».
Con esta intervención, la Santa Sede recordó ante la comunidad internacional que la respuesta a la crisis de la vivienda no puede limitarse a criterios financieros o urbanísticos. Para la doctrina social de la Iglesia, el acceso a un hogar digno constituye una condición necesaria para proteger la dignidad humana, fortalecer a las familias y promover una sociedad verdaderamente orientada al bien común.