El superior general de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, Davide Pagliarani, ha dirigido una carta a los fieles en la que agradece el apoyo recibido tras las consagraciones episcopales celebradas el pasado 1 de julio en Écône y rechaza las sanciones decretadas por la Santa Sede.
En el texto, fechado el 19 de julio en Menzingen, Pagliarani afirma que esperaba hasta el último momento «un gesto de benevolencia, o al menos de simple comprensión» por parte de Roma. Sin embargo, sostiene que las consagraciones fueron condenadas y que las sanciones impuestas «no tienen precedentes».
El superior de la FSSPX considera que las medidas afectan no solo a los obispos implicados, sino también a los miembros de la Fraternidad y a los fieles vinculados a ella. Califica la condena de «perfectamente injusta» y asegura que quienes participaron en las consagraciones buscaban «defender la verdadera fe y trabajar por la salvación de las almas».
Agradecimiento a los fieles presentes en Écône
Pagliarani dedica una parte importante de la carta a agradecer la presencia y la oración de los fieles durante la ceremonia.
Recuerda que numerosos asistentes procedentes de distintos países participaron en las consagraciones y destaca la actitud de quienes permanecieron en el lugar durante la tormenta que se desató durante la celebración.
Según relata, entre los presentes había ancianas arrodilladas, jóvenes madres con niños en brazos y fieles que continuaron rezando por los nuevos obispos, por la Iglesia y por el Papa.
El superior general interpreta aquella escena como una muestra de la centralidad que la Misa ocupa en la vida de los fieles vinculados a la Fraternidad.
Las sanciones y la defensa de la Tradición
En su carta, Pagliarani sostiene que las consagraciones fueron realizadas en favor de los fieles y con el objetivo de asegurar la continuidad de la enseñanza doctrinal y de la administración de los sacramentos dentro de la FSSPX.
También afirma que las sanciones buscan alcanzar a los propios fieles y vincula la condena recibida con la posición de la Fraternidad respecto de la Tradición.
«Es la Tradición misma, que amamos por encima de todo, la que es excomulgada en todos aquellos que la encarnan», escribe.
Pagliarani añade que, a su juicio, una condena de este tipo no puede tener validez ante Dios, porque supondría condenar aquello que considera esencial para la vida de la Iglesia.
Llamamiento a mantener la fe
El superior general concluye la carta con un llamamiento a los fieles para que mantengan la fe «íntegra y viva» en medio de la actual crisis.
Recurre a la imagen de la vela recibida en el bautismo para pedirles que conserven esa fe incluso en circunstancias adversas.
También encomienda a los fieles a la Virgen María y pide oraciones por los nuevos obispos para que permanezcan fieles a su misión.
«La Fraternidad jamás os abandonará», afirma Pagliarani al final del mensaje.