Dieciséis formas consagradas permanecen incorruptas desde hace noventa años en la parroquia de San Millán, en Moraleja de Enmedio (diócesis de Getafe), donde se custodia uno de los milagros eucarísticos más conocidos de España. Para la comunidad parroquial, estas formas constituyen un permanente recordatorio de la presencia real de Cristo en la Eucaristía y continúan atrayendo a fieles y peregrinos que acuden a orar ante el Santísimo.
Con motivo del 90.º aniversario del prodigio, celebrado el pasado 16 de julio, el párroco Rafael de Tomás Ferrer ha reflexionado, en una entrevista concedida a los medios de la diócesis de Getafe, sobre el significado espiritual que este milagro sigue teniendo para la parroquia y para su propio ministerio sacerdotal. «En el fondo, la Eucaristía es la vida de un sacerdote y para mí ha supuesto esto: es mi vida. Es donde descanso, donde cojo fuerzas, donde soy consolado», afirma.
Un milagro nacido en los días de la persecución religiosa
La historia se remonta al 16 de julio de 1936, cuando fueron consagradas veinticuatro formas en la parroquia de San Millán. Apenas dos días después estalló la Guerra Civil española y comenzó una de las mayores persecuciones religiosas de la historia contemporánea de España. Para evitar que el Santísimo Sacramento fuera profanado, varios fieles ocultaron las formas consagradas, poniendo en riesgo incluso su propia vida.
Terminada la contienda, las formas fueron recuperadas y comenzó a comprobarse un hecho extraordinario: permanecían incorruptas y aptas para el consumo. Hoy son dieciséis las que continúan custodiándose en la parroquia, donde desde hace décadas constituyen un lugar permanente de adoración eucarística.
Para Rafael de Tomás, el verdadero milagro no consiste únicamente en la conservación de las formas, sino también en el testimonio de quienes las protegieron.
«Primero somos testigos de un milagro. Pero unido a este milagro hay otro: que la gente sencilla del pueblo hace noventa años estuviera dispuesta a poner en riesgo incluso la propia vida por defender la Eucaristía».
Por ello considera que los actuales vecinos de Moraleja de Enmedio son herederos de aquella fidelidad.
«Somos herederos de una fe heroica. En nuestra parroquia hay un regalo muy grande y estamos llamados a custodiar lo que custodiaron nuestros padres y nuestros abuelos».
La adoración eucarística, en el centro de la vida parroquial
Las formas incorruptas no constituyen únicamente un recuerdo histórico. Continúan marcando la vida cotidiana de la parroquia, donde la adoración eucarística ocupa un lugar central. Cada día hay momentos de oración ante el Santísimo y, de forma especial, los jueves permanece expuesto durante toda la jornada.
«La adoración eucarística ocupa un lugar muy importante, central y esencial en la vida de fe de la parroquia», explica el párroco.
A su juicio, el milagro conduce siempre a la misma realidad: la presencia real de Cristo en la Eucaristía.
«La Eucaristía es Dios. Jesús es la Eucaristía. No es que Jesús está en la Eucaristía, sino que Él es la Eucaristía».
Contemplar unas formas consagradas que permanecen intactas nueve décadas después ayuda, afirma, a muchos fieles a redescubrir esa verdad de fe. «Es muy sobrecogedor, porque no lo puedes explicar de cualquier manera si no es porque la presencia de Jesús es real».
Un lugar donde muchos redescubren la fe
El sacerdote asegura haber sido testigo durante estos años de numerosas conversiones y experiencias espirituales entre quienes visitan la parroquia.
Recuerda el caso de una persona que entró en la iglesia sin saber por qué y terminó confesándole: «He visto a la gente rezar y he pensado: yo quiero creer en este Dios en el que creen estas personas».
Otra mujer le dijo, tras permanecer un tiempo en oración ante el Santísimo: «Nunca me he sentido tan amada como hoy ante esta presencia de Jesús en la Eucaristía».
Para Rafael de Tomás, estos testimonios muestran que el milagro continúa dando frutos noventa años después. «Pasan cosas muy bonitas cuando la gente se acerca con fe al Señor».
Un legado de fe que continúa vivo
La memoria del milagro forma parte de la identidad de Moraleja de Enmedio y se ha transmitido de generación en generación.
«Es como si lo tuviesen metido en las venas. Forma parte de la vida de las familias, de su fe y de sus casas», afirma el párroco.
La parroquia conmemoró el pasado 16 de julio el 90.º aniversario de la consagración de las formas con una solemne eucaristía, recordando no solo el carácter extraordinario de su conservación, sino también el testimonio de quienes las protegieron durante la persecución religiosa de 1936. Nueve décadas después, las formas incorruptas de Moraleja de Enmedio continúan siendo un signo que remite a la presencia real de Cristo en la Eucaristía y un lugar de oración para numerosos fieles.