Nueve estudiantes de Teología de la Universidad de Friburgo (Alemania), que el año pasado solicitaron ingresar en un seminario católico para reivindicar el acceso de las mujeres al sacerdocio, recibirán el próximo 16 de octubre el premio «Trompeta de Jericó», concedido por varias organizaciones reformistas de Austria y Alemania.
Las jóvenes presentaron en la primavera de 2025 una solicitud colectiva para ser admitidas en el Collegium Borromaeum, el seminario de la archidiócesis de Friburgo. Ellas mismas reconocieron entonces que sabían que su petición no prosperaría, pero explicaron que pretendían denunciar públicamente que las mujeres no pueden acceder al ministerio sacerdotal en la Iglesia católica.
El premio será otorgado por los movimientos Wir sind Kirche («Somos Iglesia»), Pfarrer-Initiative («Iniciativa de Párrocos»), Laieninitiative («Iniciativa de Laicos») y Priester ohne Amt («Sacerdotes sin Ministerio»), que desde hace años promueven cambios en la doctrina y la disciplina de la Iglesia, entre ellos la ordenación sacerdotal de mujeres.
Una campaña organizada para cuestionar la disciplina de la Iglesia
La iniciativa fue impulsada por la plataforma «Mein Gott diskriminiert nicht» («Mi Dios no discrimina»), que animó a las estudiantes a presentar sus solicitudes de ingreso en el seminario como una acción pública de protesta. Algunas de ellas incluso optaron por anonimizar parte de la documentación presentada para evitar posibles repercusiones académicas o profesionales.
Tras la entrega de las solicitudes, el obispo auxiliar de Friburgo y responsable de la formación sacerdotal, monseñor Christian Würtz, recibió a las estudiantes. Según la archidiócesis, el encuentro transcurrió en un clima de diálogo, aunque el prelado recordó que la cuestión del sacerdocio femenino está determinada por la doctrina vigente de la Iglesia.
El apoyo de los sectores reformistas
Además del grupo de estudiantes, el premio distinguirá también a la benedictina Philippa Rath, una de las principales impulsoras del acceso de las mujeres a los ministerios ordenados en Alemania. La religiosa ha participado activamente en el Camino Sinodal alemán y en el Comité Central de los Católicos Alemanes (ZdK), dos de los principales foros desde los que se promueven reformas en la Iglesia.
Los organizadores justifican la concesión del galardón por el compromiso de las premiadas con la «igualdad entre mujeres y hombres» dentro de la Iglesia católica.
Una cuestión sobre la que el Magisterio se ha pronunciado de forma definitiva
La reivindicación del sacerdocio femenino contrasta con la enseñanza constante del Magisterio. En la carta apostólica Ordinatio Sacerdotalis, publicada en 1994, san Juan Pablo II declaró que «la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres» y afirmó que esta doctrina debía ser mantenida de manera definitiva por todos los fieles.
Posteriormente, la entonces Congregación para la Doctrina de la Fe confirmó el carácter definitivo de esta enseñanza, precisando que pertenece al depósito de la fe. Desde entonces, ninguno de los pontífices —Benedicto XVI, Francisco o León XIV— ha modificado esta doctrina.
Alemania mantiene abierto un debate que Roma considera cerrado
La concesión de este premio refleja la persistencia de una parte del catolicismo alemán en reabrir cuestiones que la Santa Sede considera doctrinalmente resueltas. En los últimos años, el Camino Sinodal ha impulsado propuestas a favor de la ordenación de mujeres, la revisión del celibato sacerdotal y cambios en la moral sexual católica, iniciativas que han motivado repetidas advertencias de Roma sobre la necesidad de preservar la comunión eclesial y respetar los límites de la autoridad de las Iglesias particulares.
Todo ello coincide con una profunda crisis de vocaciones en Alemania. El número de seminaristas y de ordenaciones sacerdotales continúa disminuyendo y varias diócesis han cerrado o transformado sus seminarios en modelos de formación compartida con estudiantes laicos de Teología. En este contexto, la reivindicación del sacerdocio femenino continúa ocupando un lugar destacado en la agenda de los sectores reformistas, pese a que la doctrina de la Iglesia sobre esta cuestión permanece inalterada.