De perseguir cristeros a morir al grito de ¡Viva Cristo Rey!: el padre Murr relata la conversión de un militar agonizante

De perseguir cristeros a morir al grito de ¡Viva Cristo Rey!: el padre Murr relata la conversión de un militar agonizante

El sacerdote estadounidense Charles Murr contó en una entrevista en el programa El Gato al Agua, de El Toro TV, un episodio vivido durante su ministerio. La conversación giraba en torno a la masonería, la situación de la Iglesia y su libro Asesinato en grado 33, cuando recordó la conversión de un militar mexicano perteneciente a la masonería pocas horas antes de morir.

Murr, que fue secretario del cardenal Edouard Gagnon durante la investigación sobre la infiltración de la masonería en algunos ámbitos del Vaticano en los años setenta, interrumpió el análisis histórico para relatar una vivencia personal que, según explicó, marcó profundamente su sacerdocio.

Una llamada urgente desde un hospital de Jalisco

El sacerdote recordó que apenas llevaba dos años ordenado cuando recibió una llamada de un médico de Tepatitlán, en el estado mexicano de Jalisco. El facultativo le pidió que acudiera inmediatamente a una clínica para atender espiritualmente a un militar retirado que agonizaba.

Antes de entrar en la habitación, el médico le explicó que aquel hombre había desarrollado toda su carrera en el Ejército mexicano y que había participado en la represión de la Cristiada. A causa de una grave gangrena, apenas le quedaban, según el pronóstico médico, un par de horas de vida.

Fuera de la habitación esperaban su esposa y sus hijos. Murr les pidió que rezaran el Rosario mientras él intentaba hablar con el enfermo.

«Permíteme ver cómo un hombre va al infierno»

Nada más verlo, el militar recibió al sacerdote con una larga sucesión de insultos y blasfemias.

Murr reconoció que la escena llegó a impresionarle profundamente. «Me temblaban las rodillas», recordó durante la entrevista. Confesó incluso que sintió la tentación de responder en el mismo tono, aunque inmediatamente comprendió que su misión era otra.

Tras un primer intento fallido de iniciar una conversación, volvió a dirigirse al enfermo, que respondió nuevamente con insultos. Entonces, mientras encomendaba la situación al Santísimo Sacramento que llevaba consigo, pronunció unas palabras que, según explicó, cambiaron por completo el rumbo del encuentro.

«Mire, mi general, yo ya terminé todo mi trabajo de hoy. Tengo toda la tarde libre. Como usted va a morir dentro de dos horas, permítame ver cómo un hombre va al infierno», le dijo antes de sentarse en una silla junto a la cama y permanecer en silencio.

La reconciliación con Dios

A partir de ese momento comenzó una conversación pausada entre ambos.

El sacerdote explicó que, poco a poco, el militar fue abriéndose y aceptó recibir los sacramentos. Murr pudo escuchar su confesión, administrarle la comunión y la confirmación y, tras hablar con la esposa del enfermo, descubrió que el matrimonio nunca había sido celebrado por la Iglesia.

«¿Quieren casarse?», preguntó a la pareja. Ante la respuesta afirmativa, celebró allí mismo el matrimonio canónico.

Antes de concluir, preguntó a la esposa si el militar había sido bautizado. Al responder ella que nunca habían llegado a saberlo con certeza, decidió administrarle también el bautismo bajo condición.

«Murió en estado de gracia», resumió el sacerdote al recordar el desenlace de aquella tarde.

El último «¡Viva Cristo Rey!»

Poco antes de la muerte del militar, Murr se inclinó sobre él y le susurró al oído el grito que se convirtió en símbolo de los mártires de la Cristiada.

«¡Viva Cristo Rey!»

Contra todo pronóstico, el moribundo respondió con un claro: «¡Viva!».

Para el sacerdote, aquella respuesta fue el último signo de una reconciliación que consideró fruto de la misericordia de Dios y de la oración perseverante de la familia, que permaneció durante todo el encuentro rezando el Rosario fuera de la habitación.

El relato fue compartido por Charles Murr como una muestra de que, incluso en los últimos instantes de la vida, la gracia puede transformar el corazón de una persona cuando encuentra apertura para actuar.

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