Carta a Jordi Bertomeu sobre los riesgos de operar como una cloaca

Carta a Jordi Bertomeu sobre los riesgos de operar como una cloaca

Señor Bertomeu:

Le escribo no como militante de ningún movimiento eclesial, ni como adversario político, ni como parte interesada en las cuitas internas del Sodalicio de Vida Cristiana —institución que, se lo confieso, me resulta por completo indiferente y a la que no conozco—. Le escribo como abogado con quince años de ejercicio en derecho civil y privado que, desde hace un tiempo, se ha asomado al derecho canónico para ayudar a víctimas atrapadas en procesos que solo puedo calificar de absurdos. Procesos sin documentación que los sostenga. Procesos en los que la actuación de la autoridad es, lisa y llanamente, camorrista.

Vengo de un mundo —el del derecho profano, el de los tribunales civiles, incluso en tribunales de justicia deportiva— en el que he visto de todo. Y le aseguro que pocas figuras me han impresionado tanto como la suya.

La concentración de todos los poderes en una sola mano

El método jurídico de las intervenciones canónicas que usted dirige no lo firmaría Kim Jong Ung por pudor. Usted investiga. Usted instruye. Usted juzga. Y para apuntalar sus extraordinarios «procesos» pide artículos laudatorios en Religión Digital a unos y otros. Recorre de principio a fin una línea completa de actuaciones que teóricamente deberían ser procesos judiciales, con garantías, procesos, transparencia.

Un método que ningún tribunal admitiría

Lo que más me ha sorprendido, sin embargo, es el método. Lo describo con la prudencia de quien habla de indicios, pero de indicios abrumadores y que apuntan todos en la misma dirección:

  • La aparición, oportunísima, de expedientes secretos de los sacerdotes que se atreven a cuestionarle, expuestos a través de medios y periodistas afines apenas un par de semanas después.
  • La amenaza de excomunión a laicos que osaron demandarle por vulnerar la confidencialidad de una reunión.
  • El condicionamiento de una supuesta colaboración con el FBI a cambio de dinero.
  • La petición de dinero a laicos para no ser excomulgados tras haberle denunciado por una cuestión técnica de confidencialidad.
  • La prohibición de misas en capillas de cementerios, empleada como instrumento de presión.

Todo ello aderezado con una batalla mediática permanente a la que se presta Religión Digital, la tribuna que da voz y cobertura amable a este método antijurídico y absurdo, el contrapunto mediático en el que se apoya para fijar su versión y desgastar a quien le cuestiona. Esto es el funcionamiento de una cloaca.

La instrumentalización de las víctimas: lo más grave

Pero si hay algo que me parece sencillamente horripilante, señor Bertomeu, es esto: usted utiliza a las víctimas para que salgan en su defensa.

Es una instrumentalización bochornosa. Las víctimas son víctimas. Tienen sus procesos, tienen su dolor, y lo único que merecen es ser reparadas mediante mecanismos transparentes y eficaces. No son escudos. No son columnistas al servicio de su prestigio. Pedirles —explícita o implícitamente— artículos en su defensa carece de toda ética: convierte la reparación en una transacción y no es adecuado para nadie.

La liquidación negligente

Hablemos también de su gestión patrimonial, porque aquí mi oficio me obliga a ser franco. Usted tenía a su alcance la herramienta más evidente para recuperar los bienes alzados por las sociedades vinculadas al Sodalicio: el levantamiento del velo mercantil. La acción de identidad. La derivación de responsabilidad a los administradores. Pues bien, no consta un solo procedimiento en esa dirección.

Mientras usted libra su guerra mediática —que es, en el fondo, una cuestión de ego desmedido—, los verdaderos titulares de esos bienes duermen tranquilos. El Sodalicio, como masa patrimonial recuperable, está perdido. Y lo está por negligencia. He conocido bastantes fontaneros, pero ninguno tan negligente como usted.

Una advertencia, y un mensaje

En mis años de ejercicio como abogado he litigado contra perfiles lamentables. Me he tenido que querellar contra gestores del nivel ético de Luis Rubiales. Y le digo con conocimiento de causa que el nivel ético, profesional y jurídico con el que usted gestiona los casos canónicos está por debajo. Eso, créame, es decir mucho.

A los jerarcas, a los cardenales y a los funcionarios eclesiásticos que trabajan con usted, me permito trasladarles una serena recomenciación: cuidado no les arrastre este kamikaze. Algunos al más alto nivel ya se distancian formalmente y por escrito de sus atrocidades. Quien opera con esa absoluta y descomunal falta de respeto al Derecho no tiene recorrido a largo plazo y pone en riesgo la credibilidad entera de la estructura del derecho canónico de la Iglesia. Pregunten por el éxito del método a Leire Díaz.

A las víctimas, en cambio, ánimo y respeto. Que obtengan toda la justicia y toda la reparación posibles. Y que sea justicia de verdad —transparente, garantista, digna—, no la caricatura que se les ofrece a cambio de su silencio o de su aplauso.

Atentamente,

Javier Tebas Llanas
Abogado — ICAM nº 109.877

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